Escuchar su voz y seguir sus pasos

Cuarto Domingo de Pascua del Ciclo C
Juan 10, 27-30 

«Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen; yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrancará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más que todos y nadie puede arrancar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos uno».

MEDITACIÓN:

La escena es tensa y conflictiva. Jesús ha estado paseando dentro del recinto del templo; de pronto, un grupo de judíos lo rodea acosándolo con aire amenazador. Jesús no se intimida, sino que les reprocha abiertamente su falta de fe: «Ustedes no creen porque no son ovejas mías». El evangelista dice que, al terminar de hablar, los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

Para probar que no son ovejas suyas, Jesús se atreve a explicarles qué significa ser de los suyos; sólo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: «Mis ovejas escuchan mi voz… me siguen». Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.

Lo primero es despertar la capacidad de escuchar a Jesús. Desarrollar con más ahínco en nuestras comunidades esa sensibilidad, que está viva en muchos cristianos sencillos, que saben captar la palabra que viene de Jesús en toda su frescura y sintonizar con la buena noticia de Dios. Juan XXIII dijo en una ocasión que «la Iglesia es como una vieja fuente de pueblo de cuyo grifo ha de correr siempre agua fresca». En esta Iglesia vieja de veinte siglos hemos de hacer correr el agua fresca de Jesús.

Si no queremos que nuestra fe se vaya diluyendo progresivamente en formas decadentes de religiosidad superficial, en medio de una sociedad que invade nuestras conciencias con mensajes, consignas, imágenes, comunicados y reclamos de todo género, tenemos que aprender a poner en el centro de nuestras comunidades la palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro único Señor.

Pero no basta escuchar su voz, es necesario seguir a Jesús. Ha llegado el momento de decidirnos entre contentarnos con una «religión acomodaticia» que tranquiliza las conciencias pero ahoga nuestra alegría, o aprender a vivir la fe cristiana como una aventura apasionante que lleva a seguir a Jesús.

La aventura consiste en creer lo que él creyó, dar importancia a todo lo que él se la dio, defender la causa del ser humano como él la defendió, acercarnos a los indefensos y desvalidos como él lo hizo, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como él confió y enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con la que él se enfrentó.

Si quienes viven perdidos, solos o desorientados, pueden encontrar en la comunidad cristiana un lugar donde se aprende a vivir juntos de manera más digna, solidaria y liberada siguiendo a Jesús, la Iglesia estará ofreciendo a la sociedad uno de sus mejores servicios.

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Jose A. Pagola
José Antonio Pagola es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1962), Licenciado en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma (1965), y tiene un Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica de Jerusalén (1966). Es autor de más de 30 libros, entre los cuales se encuentra el polémico título «Jesús, aproximación histórica» que se ha convertido en uno de los bestsellers más traducidos actualmente sobre el Jesús Histórico.