Lectio Divina

DOMINGO XXVII DURANTE EL AÑO – CICLO “B”

Primera lectura (Gn 2,4b.7a.18-24):

            La creación del hombre se realiza en dos tiempos. Primero se dice que “Formó al hombre polvo de la tierra”. En un segundo momento Dios le insufla un aliento (nesama) de vida para que sea un ser viviente. No se distingue entre cuerpo y alma sino más bien entre cuerpo y vida.

            La creación de la mujer va precedida de una auto-deliberación divina como en Gn 1,26. La iniciativa del Creador surge a partir de la soledad originariadel hombre que es juzgada como no buena. La conveniencia de estar acompañado en contraste con los peligros de la soledad es tema común en la reflexión de los sabios (cf. Ecl 4,9-10; Pr 31,10-31). La expresión ‘ayuda’ (ezer) generalmente se refiere a la asistencia divina; aunque a veces aparece también como ayuda militar (Is 30,5; Ez 12,14; Os 13,9). Pero aquí se señala que es ‘adecuada o correspondiente a él’ y se trata por tanto de mutua complementación y apoyo.

            En el relato, después de haber hablado del hombre como persona humana (tal el sentido genérico de adam), se añade ahora una especificación particular por cuanto aparecen por primera vez la diferenciación sexual, como persona humana- varón (is) y persona humana-mujer (issah). Entonces, esta persona humana alcanza su auténtica plenitud en el momento en que acepta la alteridad, el otro, que es su ayuda adecuada, su compañero de vida.

            La expresión ‘huesos…carne…’ indica relación estrecha por parentesco (Gn 29,14; Jue 9,2); o por alianza  (2 Sam 5,1; 19,13-14). Aquí la expresión coloca a la mujer a nivel de igualdad de naturaleza con el hombre y por encima de los animales que no pudieron llenar la soledad originaria del varón.

            Los verbos del versículo 24 (abandonar y pegarse) aparecen referidos al pueblo de Israel que no debe abandonar o dejar al pobre, al levita o a la alianza (Dt 12,19; 14,27; 29,24) y debe pegarse o unirse a Dios (Dt 10,20; 11,22; 13,5). Este uso en el contexto de la alianza de Israel con el Señor sugiere que en AT se ve al matrimonio como una especie de alianza. También se sugiere que el ideal de matrimonio que responde a la intención del Creador es el monogámico e indisoluble (cf. Mt 19,5-6).

En síntesis, este relato comienza planteando el tema de la soledad originaria del hombre pues le falta la ayuda adecuada. Esta no se encuentra en los animales sino en la mujer, quien comparte la misma naturaleza que el hombre. Se resalta el fuerte lazo del matrimonio –una sola carne-, mayor aún que el que liga a un hombre con sus padres, que es tan importante en la cultura oriental.

Evangelio (Mc 10,2-16):

             El evangelio de hoy contiene dos partes o subsecciones: 10,2-12 y 10,13-16 cuya autonomía literaria es evidente. La misma liturgia lo reconoce y propone como opción que se lea sólo la primera parte (10,2-12), lo cual es aconsejable en este caso. A su vez, en la primera subsección podemos distinguir entre 10,2-9 que trae el debate de Jesús con los fariseos ante el pueblo y 10,10-12 que refiere el diálogo de Jesús con sus discípulos en privado.

            El relato comienza presentándonos a Jesús enseñando a la gente en la región de Judea, al otro lado del Jordán (10,1), y se le acercan unos fariseos quienes le dirigen una pregunta: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer (repudiarla, despedirá = ἀπολῦσαι)?”. El texto precisa que la intención de los fariseos es “ponerlo a prueba, tentarlo” a Jesús, utilizando el mismo verbo πειράζω que señala la acción del diablo en el desierto (cf. Mt 4,1.3; Lc 4,2)”.

            ¿Por qué la pregunta es “capciosa”? Al parecer, en tiempos de Jesús la cuestión debatida no era tanto el tema de la licitud del divorcio – que era comúnmente aceptado -, sino más bien las motivaciones o causales del mismo. Conocemos las opiniones de dos notables rabinos de aquella época: Hillel y Shammai. El primero era más amplio pues justificaba por cualquier motivo, por nimio que fuese, que el hombre repudiase a su mujer. En cambio, Shammai era más rígido en su interpretación de la Torá y sólo justificaba el divorcio por una causa grave. Es posible que los fariseos estuviesen divididos entre estas dos opiniones de escuela y le preguntaran a Jesús para que tome partido por una de ellas. Por el contrario. B. Malina[1], basándose en el gran protagonismo de las familias en el casamiento de sus hijos en aquella época y cultura, piensa que “en consecuencia, el divorcio llevaba consigo la disolución de los vínculos de las dos familias extensas. Representaba un desafío a la familia de la primera esposa y acabaría seguramente en perpetuos enfrentamientos”. Por esto piensa que el tema del divorcio era fuente de conflictos en aquel tiempo y por eso la pregunta de los fariseos a Jesús sobre la licitud del mismo

            Jesús, según el estilo argumentativo de aquella época, responde preguntado a su vez: “¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?”. Notemos que mientras los fariseos preguntan acerca de la licitud o permisión; Jesús pregunta por lo “mandado” (evnte,llw) por Moisés al respecto.

            La respuesta de los fariseos es correcta pues efectivamente Moisés permite al marido  redactar un acto de divorcio y repudiar a su mujer. La referencia es sin duda a Dt 24,1-4 donde en la versión griega del AT encontramos el término “acta de divorcio” (bibli,on avpostasi,ou igual que en Mc 10,4): “Si un hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la entregará y la despedirá de su casa. Una vez que esté fuera de su casa, si la mujer se desposa con otro y este último también la rechaza, escribe un acta de divorcio y la despide, o bien muere; su primer marido no podrá volver a tomarla por esposa, puesto que ella ha sido mancillada”.

            A continuación Jesús interpreta este “mandamiento” de Moisés como algo dado de modo relativo y ocasional en vista a la “dureza de corazón” (sklhrokardi,a) del pueblo. Como bien dice J. Gnilka[2]: “La sklhrokardi,a – término veterotestamentario – indica en la Biblia griega el corazón humano insensibilizado a las instrucciones divinas como consecuencia de su continua desobediencia”.

            Para Jesús se trata, por tanto, de una concesión provisoria dada la condición de la conciencia endurecida de Israel, pero la idea primera de Dios sobre el matrimonio no es esta. Por eso Jesús se remonta a Gn 1,27 y 2,24 para fundamentar la indisolubilidad del matrimonio y para condenar como adulterio que un hombre se separe de su mujer y se case con otra.

            Importa mucho notar aquí que en el tiempo y en la cultura en que fue escrita la Biblia las cosas que tenían más valor eran las más antiguas, incluso en el orden legal. Por eso Jesús remite al origen mismo de la creación, al principio (ἀρχή), cuyo relato se encuentra en primer libro de la Biblia y, por tanto, es anterior y superior a la intervención de Moisés en Dt 24.

            Ahora bien, en la interpretación de Jesús los textos citados del Génesis expresan el proyecto de Dios sobre el matrimonio entendiéndolo como la unión de un varón con una mujer de carácter monogámico e indisoluble. Por tanto, en la misma “naturaleza” del hombre creado como varón y mujer, y llamados al matrimonio desde el origen, se encuentra inscripta esta “ley” establecida por Dios y anterior y superior a la concesión hecha por Moisés.

            Al parecer, estas afirmaciones de Jesús encerraban una novedad en relación al pensamiento y a la praxis habitual en el judaísmo, al punto que los mismos discípulos vuelven sobre el tema cuando están “en casa” con Jesús. Aquí Él les dice claramente que quien repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y lo mismo la mujer que se separa y se casa con otro. La referencia bíblica es aquí el sexto mandamiento: “No cometerás adulterio” (Ex 20,13; Dt 5,17), con la novedad que Jesús lo aplica a quienes rompen el primer matrimonio y contraen una nueva unión. Este juicio valorativo de Jesús presupone lo que afirmó antes sobre la insolubilidad del matrimonio (no separe el hombre lo que Dios ha unido), y sólo desde aquí se considera entonces la nueva relación del hombre o la mujer ya casados es adulterio.

            La segunda subsección (Mc 10,13-16) presenta a Jesús abrazando y bendiciendo a unos niños, a quienes propone como modelos de la actitud requerida para recibir el Reino de Dios y poder así entrar en él. Es una enseñanza dirigida especialmente a sus discípulos a quienes pide una actitud de apertura y docilidad ante la novedad del Reino de Dios hecho presente en y por Jesús.

ALGUNAS REFLEXIONES:

            Sin lugar a dudas la cuestión del matrimonio indisoluble y del divorcio es uno de los temas donde más se nota el contraste entre el evangelio y el pensamiento de la sociedad y de la cultura actual. Ahora bien, según vimos, era también una cuestión difícil en tiempos de Jesús y la postura que él mismo asume contradice tanto la palabra de Moisés como la interpretación común de la misma. Además, el hecho de que el tema haya vuelto a salir cuando estaban “en casa” Jesús y sus discípulos refleja claramente que estos últimos tampoco habían quedado muy convencidos por las palabras de Jesús.

            Antes de llegar al tema propiamente doctrinal – licitud o ilicitud del divorcio – hay un problema previo que es la forma de razonar o argumentar sobre este tema. En general, y casi de modo espontáneo, se piensa primero en los casos particulares, en las rupturas de matrimonios por diversas causas, para justificar luego desde aquí la ley general del divorcio.

            Por esto es muy importante seguir por la misma pedagogía de Jesús, quien no entra en la discusión a partir de los casos particulares sino que se remonta al principio, al matrimonio según Dios, resaltando la belleza y bondad del mismo cuando se vive como entrega para toda la vida.

            Ahora bien, al hacer esta presentación positiva del valor del matrimonio indisoluble, de un amor comprometido y fecundo para toda la vida, debemos tener en cuenta que la “dureza de corazón” nos afecta también a los hombres de hoy, como les afectó también a los apóstoles pues así los llama Jesús por no haber creído en el anuncio de su resurrección (cf. Mc 16,14). Esto implica que hace falta la acción sanante de la gracia de Cristo sobre nuestro corazón y nuestra mente para poder comprender, aceptar y vivir el evangelio del amor. Y esta acción de la Gracia debe ser acompañada por una pastoral matrimonial que incluya tanto el testimonio de vida de los esposos cristianos como las diversas formas de catequesis y acompañamiento de los novios que se preparan para casarse como de las familias cristianas.

Pidamos al Señor que nos ayude a captar la belleza y el valor de un amor exclusivo, fecundo y para toda la vida. Que en tiempos de “amor líquido”, en referencia a la fragilidad de los vínculos, el Señor nos conceda la gracia de apostar todo por un amor sólido y verdadero.

El Papa Francisco, haciéndose eco de las palabras de Jesús, les decía a los novios que le preguntaron si es posible amarse para siempre: “Muchas personas hoy tienen miedo de hacer opciones definitivas. Pero es un miedo general, propio de nuestra cultura. Hacer opciones para toda la vida, parece imposible. Hoy todo cambia rápidamente, nada dura largamente. Y esta mentalidad lleva a muchos que se preparan para el matrimonio a decir: «estamos juntos mientras dure el amor», ¿y luego? Muchos saludos y nos vemos. Y así termina el matrimonio. ¿Pero qué entendemos por «amor»? ¿Sólo un sentimiento, un estado psicofísico? Si es sólo esto no se puede construir sobre ello algo sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que crece, y podemos incluso decir, a modo de ejemplo, que se construye como una casa. Y la casa se construye juntos, no solos. Construir significa aquí favorecer y ayudar el crecimiento. Queridos novios, ustedes se están  preparando para crecer juntos, construir esta casa, vivir juntos para siempre. No quieran fundarla en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino en la roca del amor auténtico, el amor que viene de Dios. Como el amor de Dios es estable y para siempre, así también el amor que construye la familia queremos que sea estable y para siempre. … queridos novios, el «para siempre» no es sólo una cuestión de duración. Un matrimonio no se realiza sólo si dura, sino que es importante su calidad. Estar juntos y saberse amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos” (14 de febrero de 2014).

            En conclusión, es clara la afirmación de la indisolubilidad del matrimonio por parte de Jesús, más aun teniendo en cuenta que se repite en los otros evangelios (Mt 5,31-32; 19,9; Lc 16,18). Pero de la realidad actual surge una pregunta que los fariseos no hicieron a Jesús y que no deja de ser importante. Se trata de una cuestión pastoral: ¿qué hacemos con los casos concretos y particulares?; ¿qué pasa con las personas que se han divorciado y han formado una nueva unión, incluso con hijos fruto de esta nueva unión? El Magisterio de la Iglesia, con actitud de escucha y fidelidad al espíritu del Evangelio, ha dado indicaciones al respecto. Las más recientes han sido las del Papa Francisco en su exhortación apostólica “la Alegría del amor” quien nos invita a “acompañar, discernir e integrar la fragilidad”.

A modo de síntesis valgan las palabras del Papa Francisco en su catequesis del 22 de abril de 2015: “La desvalorización social de la alianza estable y generativa del hombre y la mujer es ciertamente una pérdida para todos. ¡Tenemos que volver a dar el honor debido al matrimonio y a la familia! La Biblia dice algo hermoso: el hombre encuentra a la mujer, se encuentran, y el hombre debe dejar algo para encontrarla plenamente. Por ello el hombre dejará a su padre y a su madre para ir con ella. ¡Es hermoso! Esto significa comenzar un nuevo camino. El hombre es todo para la mujer y la mujer es toda para el hombre”.

PARA LA ORACIÓN (RESONANCIAS DEL EVANGELIO EN UNA ORANTE):

Haznos fieles a tu Amor

Espero en tu Palabra, busco una respuesta

Se inclina mi corazón al sol, en el día

Y en la noche, a las estrellas.

Mi alma de niño quedó llena de preguntas

Aquel día en que las sombras y los ruidos

La llenaron de temores y de dudas.

Engañoso el tiempo me sorprendió

Mostró mi imagen de hombre maduro,

Confundido, tanteando el rumbo…

Casi perdido te busqué

Corrí hacia la luz, a la realidad de tu Cruz

Donde quedó para siempre el Amor tuyo.

Entendí sin que me hables:

La Fidelidad divina selló tu Sangre

UNO fuimos los dos cuando calmaste mi hambre.

Matrimonio de Amor en Dios y para siempre

Nada más parecido a la ternura del Padre

Arca de alianza y nido abierto al creador…

En ese Sacramento estás vivo, Señor

Llenas de vida y de calor el hogar

De fecundidad el donarse.

Haznos fieles a tu Amor como los niños, Señor

Entregados uno a otro en la oración

Y bajo la protección de tu Madre. Amén.

[1] Cf. Los evangelios y la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las Ciencias Sociales (Verbo Divino; Estella 1996) 186.

[2] El evangelio según san Marcos Vol. II (Sígueme; Salamanca 1993) 83.

 

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