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En fecha: 22/09/2019 16:20:53 2019 / +0000 GMT
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Autor: Jose A. Pagola

Prender fuego




Domingo XX Tiempo Ordinario. Ciclo Litúrgico C.

Lucas 12, 40-53

«Vine a traer fuego a la tierra, y ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, y, ¡qué angustia siento hasta que esto se haya cumplido! ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división. En adelante en una familia de cinco habrá división: tres contra dos, dos contra tres. Se opondrán padre a hijo e hijo a padre, madre a hija e hija a madre, suegra a nuera y nuera a suegra».

MEDITACIÓN

Son bastantes los cristianos que, profundamente arraigados en una situación social cómoda, tienen la tendencia a considerar el cristianismo como una religión que, invariablemente, debe preocuparse de mantener la ley y el orden establecido.

Por eso, resulta tan extraño escuchar en boca de Jesús dichos que invitan no al inmovilismo y conservadurismo, sino a la transformación profunda y radical de la sociedad: «Vine a traer fuego a la tierra, y ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo!». Y añade: «¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división».

No nos resulta fácil ver a Jesús como alguien que trae un fuego destinado a destruir tanta impureza, mentira, violencia e injusticia, como un Espíritu capaz de transformar el mundo, de manera radical, aun a costa de enfrentar y dividir a las personas.

El creyente en Jesús no es una persona fatalista que se resigna ante la situación, buscando, por encima de todo, tranquilidad y falsa paz. No es un inmovilista que justifica el actual orden de cosas, sin trabajar con ánimo creador y solidario por un mundo mejor. Tampoco es un rebelde que, movido por el resentimiento, echa abajo todo para asumir él mismo el lugar de aquellos a los que ha derribado.

El que ha entendido a Jesús vive y actúa movido por la pasión y aspiración de colaborar en un cambio total. El verdadero cristiano lleva la «revolución» en su corazón; una revolución que no es «golpe de Estado», cambio cualquiera de gobierno, insurrección o relevo político, sino la búsqueda de una sociedad más justa.

El orden que, con frecuencia, defendemos, es todavía un desorden. Porque no hemos logrado dar de comer a todos los pobres, ni garantizar sus derechos a toda persona, ni siquiera eliminar las guerras o destruir las armas nucleares.

Necesitamos una revolución más profunda que las revoluciones económicas; una revolución que transforme las conciencias de los hombres y de los pueblos. Herbert Marcuse escribía que necesitamos un mundo «en el que la competencia, la lucha de los individuos unos contra otros, el engaño, la crueldad y la masacre ya no tengan razón de ser».

Quien sigue a Jesús, vive buscando ardientemente que el fuego encendido por Jesús arda cada vez más en este mundo. Pero, antes que nada, se exige a sí mismo una transformación radical. «Sólo se pide a los cristianos que sean auténticos. Esta es verdaderamente la revolución» (E. Mounier).

 

 


Post date: 2016-08-12 05:00:25
Post date GMT: 2016-08-12 05:00:25
Post modified date: 2016-08-11 21:13:32
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