Sin instalarse ni mirar atrás

345

XIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C.
Lucas 9, 51-62

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de que se lo llevaran al cielo, emprendió decidido el viaje hacia Jerusalén y envió por delante unos mensajeros. Ellos fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle alojamiento, pero éstos no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Juan y Santiago, sus discípulos, dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos que caiga un rayo del cielo y acabe con ellos?». Él se volvió y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo. Mientras iban de camino, uno le dijo: «Te seguiré adonde vayas». Jesús le contestó: «Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Le contestó: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le dijo: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios». Otro l dijo: «Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia». Jesús dijo: «El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios».

 

MEDITACIÓN

Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana, lo esencial, nada hay más importante o decisivo. Precisamente por eso, Lucas describe tres pequeñas escenas para que las comunidades que lean su evangelio, tomen conciencia de que, a los ojos de Jesús, nada puede haber más urgente e inaplazable.

Jesús emplea imágenes duras y escandalosas, se ve que quiere sacudir las conciencias. No busca más seguidores, sino seguidores comprometidos, que le acompañen sin reservas, renunciando a falsas seguridades y asumiendo las rupturas necesarias. Sus palabras plantean en el fondo una sola cuestión: ¿qué relación queremos establecer con él quienes nos decimos seguidores suyos?

Primera escena. Uno de los que le acompañan se siente tan atraído por Jesús que, antes de que lo llame, él mismo toma la iniciativa: «Te seguiré adonde vayas». Jesús le hace tomar conciencia de lo que está diciendo: «Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos», pero él «no tiene dónde recostar la cabeza».

Seguir a Jesús es toda una aventura; él no ofrece a los suyos seguridad o bienestar, no ayuda a ganar dinero o a adquirir poder. Seguir a Jesús es «vivir de camino», sin instalarnos en el bienestar y sin buscar un falso refugio en la religión. Una Iglesia menos poderosa y más vulnerable no es una desgracia, es lo mejor que nos puede suceder para purificar nuestra fe y confiar más en Jesús.

Segunda escena. Otro está dispuesto a seguirle, pero le pide cumplir primero con la obligación sagrada de «ir a enterrar a mi padre». A ningún judío puede extrañarle, pues se trata de una de las obligaciones religiosas más importantes. La respuesta de Jesús es desconcertante: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios».

Abrir caminos al reino de Dios trabajando por una vida más humana es siempre la tarea más urgente; nada debe retrasar nuestra decisión, nadie nos ha de retener o frenar. Los «muertos», que no viven al servicio del reino de la vida, ya se dedicarán a otras obligaciones religiosas menos apremiantes que el reino de Dios y su justicia.

Tercera escena. A un tercero que quiere despedir a su familia antes de seguirlo, Jesús le dice: «El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios»: no es posible seguir a Jesús mirando hacia atrás; no es posible abrir caminos al reino de Dios quedándonos en el pasado. Trabajar en el proyecto del Padre pide dedicación total, confianza en el futuro de Dios y audacia para caminar tras los pasos de Jesús.

Descargar como:  PDF |   Microsoft Word |   Texto Plano   –     Imprimir Artículo

Compartir
Artículo anteriorVenezuela: un retablo en tres escenas
Artículo siguienteMigraciones, humanismo y civilización
Jose A. Pagola
José Antonio Pagola es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1962), Licenciado en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma (1965), y tiene un Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica de Jerusalén (1966). Es autor de más de 30 libros, entre los cuales se encuentra el polémico título «Jesús, aproximación histórica» que se ha convertido en uno de los bestsellers más traducidos actualmente sobre el Jesús Histórico.