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En fecha: 22/01/2018 22:16:03 2018 / +0000 GMT
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Autor: America the Jesuit Review

¿Alguna vez te han sacado el aire espiritual?




Cuando éramos niños, lo llamábamos “te sacamos el aire.” Esto sucedía cuando saltabas de un columpio desde el punto más alto de su arco y aterrizabas, con todo tu cuerpo, sobre la tierra. O te caías del techo de un cobertizo mientras jugabas Fuerte Apache. O colisionabas contra otra persona mientras jugabas fútbol o baloncesto o béisbol. Los niños colisionaban mucho en ese entonces – y no porque ellos estuvieran mirando a los teléfonos inteligentes!

A parte del dolor del impacto, había un repentino miedo a no ser capaces de respirar. La primera ves es la peor. Tu no sabes lo que está mal: no lo puedes arreglar tú mismo, y no hay padres a la vista. La mayoría de nosotros aprendemos de un niño mayor a tomar pequeños y cortos respiros.

No estoy seguro si nuestros cuerpos crecen a partir de la enfermedad de la infancia o si simplemente dejamos de hacer la clase de cosas locas que los niños hacen.

Los adultos, sin embargo, tienen una experiencia espiritual que es muy parecida a que te saquen el aire. Sucede así: en un día determinado, tú estás ocupado con las cosas que típicamente te ocupan tus días. Tu eres la mujer trabajadora de los Proverbios, dominando el equivalente del siglo XXI de la rueca y el huso, a saber, el teléfono inteligente y el vehículo. Tú sabes lo que el Señor – o la vida misma – te han pedido, y tu estás ocupada con tus responsabilidades.

Entonces, sin previo aviso, de repente no puedes explicarte el por qué tú vives tu vida de la manera que lo haces. Ni siquiera puedes entender lo que estás haciendo ese día debido a que te han sacado el aire espiritual. Esto no es el resultado de alguna calamidad terrible como un diagnóstico o un divorcio. Es más parecido a una crisis de la mediana edad, pero una situada dentro de un sólo día.

Atrapado en el momento, tú comienzas a preguntarte, ¿Tal vez he cometido un terrible error o giré equivocadamente, en algún lugar atrás? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Con estas personas? Es un sentimiento horrible, especialmente cuando ¨estas personas¨ son tu cónyuge e hijos. Tú brevemente entretienes la idea de salir corriendo, tomar el camino abierto, pero el terror de lo desconocido es incluso peor que el miedo sofocante del momento. Además, ¿cómo huyes de ti mismo?

Te mantienes haciendo lo que sea que se supone debes hacer, lo que los demás esperan de ti. Doblas la ropa, devuelves tus llamadas, recoges a los niños. Estás muy agradecido que otros no pueden ver tu jadeo espiritual. Simplemente presionarás porque has aprendido que, al igual que cuando te sacan el aire, esto, también, pasará. Tu sólo esperas que pase mucho tiempo antes de vuelva a pasar.

No estoy seguro de lo que aquellos sin fe, sin un mundo de sentido, hacen en tal coyuntura. Quizás ellos compran si tienen dinero. La vida estadounidense se basa en la idea de que la compra correcta puede cambiar todo. Algunas personas recurren a soluciones químicas, que están virtualmente disponibles en todos los rangos de precios, Los opioides son desarrollados para aliviar el dolor físico, Claramente, las personas recurren a ellos para enfrentar enfermedades espirituales.

Aquellos de nosotros que , no somos inmunes a que nos saquen el aire espiritual. La Escritura lo llama “el diablo del mediodía,” esta crisis de la mediana edad en la mitad del día. Soy propenso a la aflicción en lugares concurridos, como los aeropuertos. Muchas personas pasan a nuestro lado, malhumorados y en ropas desaliñadas. ¿Cómo puede Dios amar a todas estas personas? Y si Dios no puede amarlos, entonces ¿cómo puede Dios amarme? Entonces, ¿cómo puede Dios ser Dios? Entonces, ¿cómo puede haber un Dios? ¡Y ahí se va el aire!

A pesar de lo horrible que es en este momento, el sacarnos el aire espiritual es parte de la vida. Es un recordatorio de que el aire dentro de nosotros, el que nos anima, no es verdaderamente nuestro. Si fuera, no pudiera ser tan fácilmente sacado. Nosotros llamamos al Dios cuyo eclipse experimentamos, en tales momentos el Espíritu Santo. Spiritus es Latín para respirar, lo que separa a los vivos de los muertos. Damos por sentado este aliento hasta que se nos retira. Luego andamos a tientas aterrorizados.

Los creyentes recurren a la oración, incluso si es poco entusiasta. Y, cuando estas jadeando, ¿qué más se puede esperar? Y – ya sabes que – es suficiente. Pequeños respiros, pequeñas tareas, y el momento pasará. Y nosotros seremos más ricos por esto. ¿Por qué? Porque vemos por un breve y terrible momento la insignificancia de la vida es saber que los significados que les imponemos a nuestras vidas no son más fuertes que lo que nosotros somos. ¡Pueden tambalearse sin siquiera un empujón!

Cuando el Espíritu es sacado de ti, tú entiendes que nunca fue realmente tuyo. Es cuando rezamos, lo cual es una forma de resolver para seguir adelante, para buscar un significado más allá de ti mismo, más allá de tu propia vida. Una Iglesia más antigua habría llamado esto “hacer un acto de fe.” Es lo que debemos hacer para respirar el Espíritu.

Todos somos Peter Pan y Wendy cuando se trata de la vida espiritual. Miramos hacia abajo, nos asustamos y empezamos a jadear. Comenzamos a caer del cielo. Necesitamos mirar hacia delante, confiar y respirar profundamente del Espíritu. Luego podemos volar de nuevo.

Lecturas: Proverbios 31:10-13, 19-20-30-31 1 Tesalonicenses 5:1-6 Mateo 25:14-30

El Reverendo Terrance W. Klein es un sacerdote de la Diócesis de Dodge City y autor de Vanity Faith.

* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

 

 


Post date: 2018-01-06 01:55:32
Post date GMT: 2018-01-06 01:55:32
Post modified date: 2018-01-05 02:00:04
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