Aprendiendo de San Ignacio

El 31 de julio de 1556, San Ignacio de Loyola, el Fundador de la Orden de los Jesuitas, murió en la residencia de los Jesuitas en Roma, después de décadas de servir a los Jesuitas, la Iglesia Católica y todo el pueblo de Dios. Fue en varios momentos de su vida un soldado, un místico, un mendigo, un peregrino, un estudiante, un sacerdote, un recaudador de fondos, un director espiritual y un administrador.

Como era para casi todos los santos, la vida a veces era difícil. Y confusa. Cuando era joven, pensó que iba a ser un gran soldado, pero una bala de cañón le rompió la pierna y terminó su carrera militar.

Más tarde, pensó que debería vivir como un asceta, pero descubrió que le perjudicaba la salud y tuvo que comenzar a comer mejor. Pensó que se mudaría a Tierra Santa, pero fue rechazado.

En cada coyuntura, Ignacio tenía que discernir qué hacer cuando parecía que su camino estaba bloqueado.

Como resultado, a veces se le llama el “Santo Patrón del Plan B.” Ignacio nos muestra que el camino hacia la santidad a veces puede ser confuso y tortuoso. Así que no te preocupes demasiado por cambiar de opinión o tu camino. Ignacio y muchos otros lo hicieron antes que tú – y llegaron a su destino de todos modos.

El reverendo James Martin, SJ, es un sacerdote jesuita, autor y editor general de América.
* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.
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