Catequesis en tiempos de crisis

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Fisionomía, voces múltiples e imaginación

  1. Nueva fisionomía del cristianismo

El filósofo francés Michel de Certeau escribe: “la actualidad da a la vida religiosa una nueva fisionomía”[1]. Ahora bien, si buscamos la palabra fisionomía en el diccionario, nos encontramos con dos definiciones que no dejan de ser interesantes: “aspecto particular del rostro de una persona” y por otra parte “aspecto exterior de las cosas”. La fisionomía tiene relación con la figura, con lo que representa, con lo que me manifiesta una cosa, una persona o un acontecimiento en un determinado tiempo y espacio. La fisionomía tiene también un rostro. El rostro es como la marca característica de una persona.

El mismo De Certau, en otro texto, comenta que hoy aconteció “un cisma entre las formas de la conciencia moderna y el lenguaje sociocultural de la fe”[2]. El cisma se interpreta como una ruptura. Y este puede ser un diagnóstico bastante certero para describir nuestra época, esa que los Obispos latinoamericana reunidos el 2007 en Aparecida llaman definen como “opaca y compleja” (DA 36) y también como “fragmentada” (DA 36). Ser cristianos en esta cultura moderna o posmoderna no constituye una tarea fácil. En medio de la sociedad y de la cultura o más bien de las culturas actuales, se elevan muchas voces, entre ellas la de la Iglesia.

Ahora bien, la catequesis actualmente también pasa por un momento de reconfiguración en vistas a ciertos malentendidos que de ella se han hecho. A juicio de Julio Ramos[3] algunos de ellos son:

  1. La imposición que los padres hacen de que sus hijos e hijas estén en la iniciación cristiana, evitando así que la catequesis sea realmente una “opción”. Al ser opción ésta debe constituirse en clave de oferta y de aceptación libre o rechazo de dicho ofrecimiento.
  1. En segundo lugar, la consideración de que hemos entendido la catequesis de una manera “restrictiva”: preparación al sacramento, desconexión con los otros sacramentos de iniciación o de sanación, por ejemplo la confesión, o también los de servicio (matrimonio – vocación religiosa, consagrada), o también un aprendizaje más del “libro”. Ramos argumenta que “hemos olvidado una catequesis integral que sea iniciación a la vida global cristiana en el sentido eclesial[4].
  1. En tercer lugar un tema no menor, a saber, la poca preparación de los catequistas. Hay un tema de “buena voluntad” sobre una preparación “mínima” en cuanto a la doctrina cristiana. Esto implica el desafío de las capacitaciones y de la formación permanente.

  1. En la nueva fisionomía escuchamos las nuevas voces

De Certau comenta que al cristianismo de hoy le falta la vivencia concreta de un “vocabulario del diálogo y de la apertura”[5]. Esto es lo que ha denunciado el Papa Francisco cuando contrapone una Iglesia encerrada “en la sacristía” a una Iglesia que es hospital de campaña, una Iglesia en salida, una Iglesia mártir – testigo – de la irrupción del Reino de Dios en la vida de la comunidad humana.

Si la Iglesia, y si la catequesis, quieren adaptarse a la “nueva fisionomía”, es necesario que articule un discurso y una práctica basada en el diálogo, en la apertura pero también en la escucha. El teólogo alemán Juan Bautista Metz comenta que si la Iglesia quiere ser verdaderamente policéntrica, o en otras palabras, si el cristianismo quiere ser verdaderamente católico, debe comprender cómo los ojos y los oídos son órganos de la gracia. Para que nuestros sentidos, tanto físicos como metafóricos sean verdaderamente espacios de la gracia de Dios, deben sufrir un momento de ampliación, es decir, deben saber ver y escuchar las otras voces, deben y debemos valorar la diferencia como espacio de Dios y como característica esencial de la cultura actual.

Por ello comenta de Certeau: “Ya no es escuchado (el relato actual, las voces), pero es el síntoma de una enfermedad más grave, a saber, que nosotros mismos no escuchamos más las voces múltiples (y para nosotros desconocidas) de nuestras calles y de nuestros campos”[6]. La catequesis en estos tiempos de cambio tiene dos opciones: o encerrarse en sí misma y no dialogar con las nuevas formas de cultura repitiendo una doctrina llena en contenidos pero vacía en resonancias e impactos para la vida del niño, del joven, de la familia, de los adultos. O por otra parte reconocerse como encarnada y presente en una determinada situación histórica y cultural, escucharla, discernir lo bueno y lo malo, reconocer la presencia de Dios en medio de ella. En otras palabras, ha de saber hacer síntesis entre fe, vida y cultura.

  1. Escuchando las nuevas voces, imaginamos una nueva forma de hacer catequesis

Anteriormente citábamos a De Certeau cuando hablaba de las múltiples voces presentes en la cultura. Estas voces deben permitir que la catequesis haga una renovada síntesis entre fe, vida y cultura, que ponga en diálogo la novedad siempre vigente del Evangelio, de la Tradición de la Iglesia y de la enseñanza magisterial con las nuevas preocupaciones de los jóvenes, de los niños, de los adultos. De esta manera se logra también la confección, casi como un artesano, de una teología que recupera dicha polifonía social, cultural, simbólica o religiosa. Dichas voces múltiples dicen y narran la experiencia que ellos han hecho de Dios.

Y en esto acontece un peligro constante en varios catequistas, a saber, la consideración de que los que llegan a la parroquia pidiendo ser admitidos en la catequesis llegan sin ninguna experiencia de Dios. Eso es completamente falso y remite a una mala interpretación de lo que es el ser humano. Los catequistas hemos de acoger las experiencias de fe previas y permitir que ellas vayan madurando, pero no por la fuerza sino que por medio de la entrega de herramientas que permitan que el catequizando pueda libremente hacer sus propias síntesis religiosas.

Es a partir de estas herramientas y de estas brújulas que vamos imaginando-con-otros una nueva forma de hacer catequesis, una que se vaya acomodando a los nuevos tiempos y que responda a los nuevos desafíos eclesiales, políticos, culturales, sociales, educativos, erótico-sexuales, ecológicos. La catequesis no está al margen de los procesos históricos, sino que está en medio de ellos.

¿Qué significa imaginar-con-otros una nueva forma de hacer catequesis? La imaginación supone en primer lugar la capacidad de ser como niños y niñas los cuales van creando y recreando juegos o situaciones de intercambio con otros en vistas a la imaginación de nuevas posibilidades. De esto se desprende la segunda característica: la posibilidad marca un camino aún no trazado, no finalizado, sino que en vías de ser y concretarse. La posibilidad, el deseo, los anhelos, sintetizados en la virtud teologal de la esperanza, remite justamente a pensar nuevas posibilidades de pedagogía pastoral y de encuentro entre nuestros catequizandos y la persona de Jesús de Nazaret.

Siguiendo al psicólogo Paul Harris, acontece en el proceso imaginativo – de las posibilidades – la fusión de las capacidades de lenguaje e imaginación en vistas a un nuevo diálogo:

“esta fusión de lenguaje e imaginación debió permitirnos un nuevo tipo de diálogo; el intercambio y la acumulación de pensamientos acerca de un cúmulo de situaciones que no fueron presenciadas en la realidad pero que son al fin y al cabo imaginables: el pasado y el futuro distante, lo mágico e imposible”[7].

La imaginación-con-otros-y-otras de una nueva forma de hacer catequesis acorde a los nuevos desafíos de la nueva fisionomía de la vida religiosa, debe acentuarse en términos de diálogo como sostiene Harris. El diálogo supone el intercambio, el reconocer nuestras debilidades, fortalezas, capacidades y flaquezas. Así seguiremos pensando e imaginando el futuro próximo y distante. Sólo así podremos imaginar una nueva catequesis, esa que proponga la renovada síntesis de fe, vida y cultura.

[1] De Certeau, La debilidad de creer, Katz, Buenos Aires, 2006, 27

[2] De Certaeu, op.cit., p.219

[3] Ramos, Teología Pastoral, BAC, Madrid, 2001, p. 255

[4] Ibíd. Las kursivas son mías.

[5] De Certeau, El extranjero o la unión en la diferencia, Ágape, Buenos Aires, 2015, p.220

[6] De Certeau, op.cit, p.220

[7] Harris, El funcionamiento de la imaginación, FCE, México, 2000, p.209

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Juan Pablo Espinosa Arce
Juan Pablo Espinosa Arce. Chileno. Licenciado en Educación y Profesor de Religión y Filosofía por la Universidad Católica del Maule. Licenciado (Magíster) en Teología Fundamental por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ayudante de Cátedra «Teología Latinoamericana» de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Tutor Académico en Teología de la Congregación de la Santa Cruz en Santiago de Chile. Docente de Ética y Filosofía en el Instituto Profesional Santo Tomás de Rancagua, Chile. Ha desarrollado trabajos investigativos en el área de la Teología Fundamental, de la Teología Política y Latinoamericana y de Educación Religiosa. jpespinosa@uc.cl