Conocer el camino y recorrer el camino

En la Biblia, uno de los discípulos de Jesús le preguntó, “Señor, enséñanos a orar.”

Sabemos que debemos orar, pero tenemos que ser enseñados como orar.

Y como dijo el profesor místico Morféo en Matrix,

“Hay una diferencia entre conocer el camino y andar el camino.”

Por extensión, hay una diferencia entre conocer la oración y saber como orar.

Como niño, yo sabía que tenía que orar, pero no sabía como orar. No sabía sobre los misterios de la oración, el corazón de la oración.

Cuando fui adolescente — un adolescente viviendo en Florida, un adolescente musulmán, un adolescente iraní — no sabía mucho sobre el Islam. Sabía que teníamos fe en Un Dios de todo el cosmos. Sabía que rezamos varias veces al día — o que mi madre lo hacía, y el resto de nosotros se suponía que lo hiciéramos. Yo sabía que no tomábamos licor o comíamos carne de cerdo.

Pero no sabía sobre el corazón de la oración.

Años más tarde, descubrí que yo en realidad sabía mucho más, que había embebido mucho más de lo que sabía. Me di cuenta que la fe de mis ancestros estaba toda tan alrededor mío que no me daba cuenta. La fe de mi padre, la devoción de mi madre, la ternura de mis abuelos era como el aire que me sustentaba, a pesar de ser invisible.

Fue mi madre quien me enseñó como orar.

Fue mi madre, Pouran, quien me enseñó los primeros diez capítulos del Corán. Años más tarde, estudié formalmente el árabe del Corán en la Universidad, y aprendí a pronunciar las cosas como lo hacen los estudiosos. Cuando estoy en público, tengo que demostrar mi pericia, sí, tengo que hablar ese árabe académico con la clásica pronunciación Fusha. Pero en casa, cuando estoy susurrando mis oraciones íntimas al Divino Amado, yo oro como lo hace mi madre, con esa pronunciación Persa.

“Besmellaahe rahmaan-e Rahim
Alhamdo lellahe rabbel aalamin. …
va lazaaleen.”

Pero es sobre más, mucho más que la pronunciación de las palabras. El corazón de la oración es acerca de orar en el corazón.

Cualquiera puede pararse y arrodillarse con sus miembros. Cualquiera puede memorizar unas pocas palabras para pronunciarlas con su boca. La oración verdadera esta en el corazón, del corazón, donde el Divino Amado debe ser tanto buscado como encontrado.

La fe es algo más que simplemente las creencias que tenemos. La fe es también acerca de los rituales, la disciplina, la comunidad y la transformación. La fe es también acerca de ver a mi madre apartarse de las actividades familiares para estar con Dios. La fe es también acerca de verla estar con su Amado varias veces al día.

Y la fe es también sobre el corazón de la oración. Los misterios internos de la oración.

Aquí están varias cosas que aprendí acerca del corazón de la oración. El gran Rumi nos dice:

 Alguien preguntó: “¿Qué es más grande que la oración?”
Rumi dijo: “El alma de la oración es más grande que la oración.”

— Rumi, Fihi ma fihi

Este corazón de la oración,
esta alma de la oración,
esta oración del corazón
es lo que es más grande que la oración misma.

Este corazón de la oración es compartido en todas las tradiciones, aunque tome diferentes formas. Rumi continúa diciendo:

“Mientras la oración de cada religión es una muy diferente, aún así, la fe no cambia de religión a religión.” 

Entonces ¿cómo las oraciones de los musulmanes muestran este corazón de la oración?

La oraciones en el Islam no son una serie de peticiones, no es la ventanilla externa de comida rápida “Quisiera algo de esto, y algo de aquello al lado.”

Es, en cambio, una adoración. Es acerca de estar con el Amado y testimoniar. Cuando amas a alguien, quieres estar con ellos. Este es el corazón de la oración.

Muchos saben que los musulmanes oran a diferentes momentos del día: antes del amanecer, al mediodía, justo después de anochecer, y tarde en la noche. Aquellos que aspiran a la santidad, por supuesto, oran sin cesar. Esto no significa que ellos están en la Mezquita o sobre la alfombra de oración sin cesar. No, ellos caminan, se inclinan, trabajan, hacen el amor, sonríen, prestan servicio, todo se sumerge en el corazón de la oración.

Pero ¿cómo esta misma forma de oración nos lleva al corazón de la oración?.

Cada una de las oraciones musulmanas consta de unos pocos ciclos. Cada ciclo consta de una serie de ponerse de pie, inclinaciones (manos sobre las rodillas), y postración poniendo su cabeza en el suelo.

Aquí está el misterio detrás de las oraciones. En las oraciones, vamos desde estar de pie hasta la postración. Tenemos que aprender ambos, dominar ambos, vivir ambos, respirar ambos.

El ponerse de pie representa nuestra calidad de ponernos de pie en majestad, representando a toda la creación. En la posición de pie, pronunciamos el primer capítulo del Corán que comienza con:

 Nosotros Comenzamos en el Nombre de Dios
Misericordia Eterna, Infinita Compasión.

 Alabado sea Dios
Amoroso Señor de todos los mundos.

 Eterna Misericordia
Infinita Compasión.

Fuerza Eterna de todo ser vivo
Cuyo Poder Majestuoso nos abraza en el día del gran Regreso.

Incluso si somos una sola persona orando, nosotros oramos en la voz “Nosotros”

  “Nosotros comenzamos en el Nombre de Dios
Misericordia Eterna, Infinita Compasión.”

Esto es debido a que cuando estamos en oración,  nunca estamos solos.

Oramos con los árboles,
oramos con cada nube,
cada río,
cada montaña.
Incluso no oramos como musulmanes,
sino en nombre de toda la humanidad.

Estando de pie, nuestro cuerpo forma el número 1, un recordatorio de la Unidad de Dios. También forma, en árabe, la letra alef (el equivalente de la “A,” la primera letra del alfabeto),con lo que comienza tanto Alá como la palabra insan (“ser humano”). Por lo que nosotros como seres humanos tenemos nuestro origen en Dios, y nuestro regreso es a Dios.

Qué bello ser esta majestuosidad!
Qué luminoso ser humano!

Qué bello, como somos hechos a imagen de Dios, con 70.000 años de miradas divinas para todos y cada uno de nosotros.

Y, sin embargo, esta estación luminosa no es un lugar de donde podemos operar exclusivamente. Si lo hiciéramos, seguramente nos volveríamos seres arrogantes. También tenemos que aprender la humildad. También tenemos que recordar que sin la Divinidad, no somos nada.

Somos ninguna cosa, por cada cosa y cada uno tiene su origen en Dios.

Por lo que nos inclinamos.

La misma cabeza que mantenemos erguida con orgullo, la bajamos.

Así que nos postramos, llevando la cabeza que usaría la corona de la majestuosidad y la ponemos en la misma tierra de la que venimos.

Pero no podemos ser simplemente tierra. No somos solamente la humildad y la nada. También hay alegría y majestuosidad y honor que viene de llevar la corona enjoyada del cosmos: el espíritu Divino.

Es por esto que todos y cada uno de los niños son importantes, porque cada uno de nosotros somos un receptáculo vivo, que camina, que respira el aliento Divino.

Así que nos ponemos de pie, nos inclinamos.
Somos majestuosos, y somos nada.
Somos espíritu, y somos polvo.
Somos los representantes del Señor del Cosmos, y somos nada.
Oramos, por lo tanto somos.
Busquemos el corazón de la oración.
Sí, Señor, enséñanos cómo orar.
Enséñanos el corazón de la oración.
Enséñanos la oración del corazón.

 

Autor: Omid Safi
* Artículo reproducido con el debido permiso de O Being with Krista Tippett. O Being with Krista Tippett no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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