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En fecha: 24/06/2017 1:40:39 2017 / +0000 GMT
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Autor: WCCM

¿Cuál es el significado de la Oración?




En el sentido comúnmente entendido hoy, la oración es difícil de darle sentido. Puede ser tolerada cuando estamos en un estado de desesperación. Nadie se burlará de alguien que está enfrentando una terrible crisis si ellos oran por ayuda. La creencia creíble colapsa. Pero una especie de quiebra de la esperanza nos permite creer en lo que sea. En la desesperación, tenemos que creer en algo, aunque sea increíble. Diagnosticado con una enfermedad terminal, frente al sombrío panorama de la vida sin su ser querido, decepcionado del amor o fallar en la vida, caído de la gracia y a favor con el mundo.

Sin embargo, en circunstancias normales, la oración en la cultura moderna es generalmente sentida como siendo divertida o auto engañosa sin gusto, supersticiosa, superficial o un escape vergonzosamente barato de la realidad. Mejor sentarse dándole la cara a la dura realidad en la pared blanca como un monje zen impasible, esperando nada o por el final de una interminable serie de finalidades, que el fijar en la pared fotos de falsas esperanzas sobre la que proyectamos débiles fantasías sacadas de memorias filtradas de la niñez de personas que vienen a nuestro rescate. En la vida real, no hay escape. En realidad, hay poco altruismo dirigido a nosotros incluso en la infancia y menos aún después. In extremis (En extremo), la oración puede ser excusable, porque es comprensible a la luz de la fragilidad humana, lo difícil que es para hacer frente a la realidad con honestidad y sin falsa consolación. Pero, como modo habitual de escape de las molestias o soledad de la existencia, no es más que una fantasía que disminuye la dignidad humana.

Hay otra actitud a la oración. De acuerdo con el monje del siglo VII Isaac el Sirio, una persona ora mucho cuando no tiene otra ayuda. Mientras más ora, ¨su corazón se vuelve más humilde¨ porque no puedes gritar de un estado de indefensión sin reconocer su impotencia. Esta es la sabiduría de la humildad como se ve en el primero de los doce pasos de la recuperación. Vemos el comienzo de un enfoque diferente a la oración en extremo. No es que la persona que reza está esperando una intervención divina sobrenatural. Pero el acto mismo de la oración – y aquí la oración podría significar no más que una expresión verbal o mental de los problemas, sentimientos y necesidades – el acto mismo de la oración nos cambia. Nos lleva a un auto conocimiento experimental y a una auto aceptación que en realidad nos transforma. Aquí, entonces, la humildad y el auto conocimiento son lo mismo. Estar en este estado es ganar la felicidad asociada con la pobreza del espíritu: dependiendo de ninguno de nuestros propios recursos porque nosotros vemos que sin lugar a dudas no tenemos ninguno en quien confiar, excepto la capacidad bendita de reconocer este pobre hecho.

Esto es lo opuesto a la pasividad y la desesperación. Es un largo camino de la fantasía de ganarse la lotería de la atención especial de Dios. Pero necesita ser trabajada y perseverada.

Isaac el monje dice que hasta que no hallamos encontrado esta humildad es imposible no estar disperso. Nuestra imaginación está trabajando en una solución de una fantasía tras otra. La humildad recoge el corazón, el dice. Nos hace puntiagudos, atentos, quietos.

En este estado la misma cosa que no se espera o se fantasea sucede. Una sensación de compasión divina nos toca sorpresivamente en la misma pobreza de nuestras esperanzas. Si tratamos de poseer esto, manipularlo para obtener lo que queríamos antes de parar lo que queríamos, entonces Dios estará asustado y estaríamos de nuevo en extremo. Pero, deja ir la ansiedad generada por la fantasía y lo que Isaac llama la ‘fortaleza de la confianza' regresa.

La oración luego toma un significado muy diferente. Como de hecho lo hace Dios.

Esta es la razón por la que los monjes del desierto solían decir ‘orar por el don de la oración'. No es que la oración cumpla nuestros deseos, sino que esa oración es el cumplimiento de nuestras necesidades más profundas que se elevan del lugar de la pobreza en la que usualmente nosotros preferimos evitar entrar. Esta es la oración pura. La oración que los grandes maestros quieren decir cuando exaltan las frutas y un feliz estado de oración.

Ahora, curiosamente, este estado de oración, donde las palabras y las intercesiones, peticiones y deseos, son completamente abandonados porque no son ya necesarios, se pueden introducir a través de las palabras y gritos desde el corazón. Siempre que vengan del corazón. Cuando es decir, ellos vengan de la necesidad pura o desesperación desnuda en sí misma, no de un estado intermedio de fantasía y realización de deseos adictiva. Entonces no necesitamos permanecer mucho tiempo con las palabras. O reducimos las palabras a su mínima expresión. No necesitamos imaginación porque la experiencia actual es más real y presente. Entonces, tan pronto ellos se enfrentan a la pobreza del espíritu, los sentimientos de dolor y ansiedad mismos comienzan a cambiar. Permanecer en este lugar, simple, poco exigente, en silencio, y de oración en sí mismo– la participación directa en la presencia de Dios – es la recompensa.

¿Meditación? Basta con poner esto en práctica diariamente. Es la manera de hacer éste bendito realismo un estado permanente. La oración entonces es comprendida no como un escape de la realidad. No una lotería de realización de deseos. Pero no menos como una manera de vida que transforma, mejora y trae nuestra humanidad al más alto grado de bienestar. Nada que reírse sobre esto que se convierte en la risa del espíritu.

“...Cuando el siente que Dios está ahí y que viene en su ayuda, inmediatamente su corazón se llena con fe y el entonces entiende que la oración es la fuente de nuestra ayuda, la fuente de salvación, el tesoro de nuestra confianza, el puerto que se ha liberado de la tormenta, la luz de aquellos que están en la oscuridad, el apoyo de los débiles, el refugio en tiempos de pruebas, ayudar en el punto crítico de la enfermedad, el escudo que ahorra en combate, la flecha enviada contra el enemigo. En una palabra, una multitud de bien entra en él a través de la oración. Así que a partir de entonces, él encuentra su deleite en la oración de fe. Su corazón se ilumina con la confianza. ((Ver, Isaac el Sirio, Discursos Espirituales, 1ra serie, no. 21)

Autor: OSB Laurence Freeman

* Artículo reproducido con el debido permiso de WCCM. WCCM no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

 

 


Post date: 2017-06-08 03:02:06
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Post modified date: 2017-06-08 13:50:51
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