Cuando los problemas L.G.B.T son problemas pro-vida

Los católicos lesbianas, homosexuales, bisexuales y transgénero a menudo se sienten ignorados, marginados, excluidos, insultados e incluso perseguidos por su propia iglesia. Desde que se publicó mi libro Construyendo un Puentehace un año, he escuchado historias de católicos LGBT que han sido tratados como basura por sacerdotes y otros trabajadores pastorales en su Iglesia.

Hace unos meses, por ejemplo, una mujer que trabajaba en un hospicio en una gran ciudad del oeste de los Estados Unidos me preguntó si conocía algún “sacerdote compasivo” en su arquidiócesis. Explicó que el párroco local asignado para proporcionar cuidado pastoral al hospicio se rehusaba a ungir a un moribundo, porque era homosexual.

Una mujer lesbiana, que no tenía ningún tipo de relación romántica o sexual, dijo que su pastor en una ciudad pequeña del Medio Oeste le dijo que “su tipo” no era bienvenido en la parroquia y que si bien “no le deseaba ningún daño, “Ella debería buscar otra parroquia”.

Los católicos LGBT a menudo se sienten ignorados, marginados, excluidos, insultados e incluso perseguidos por su propia Iglesia.

Lo más conmovedor es que un hombre autista de unos 30 años me llamó para decirme que un asociado pastoral en su parroquia le dijo que ya no podía recibir la Comunión. El hombre no era sexualmente activo ni estaba involucrado en ninguna relación; él simplemente había “salido del closet” con su familia y amigos, y sólo recientemente. El asociado pastoral, llamándolo “un escándalo”, dijo que el hombre podría recibir la Comunión “en privado” en la rectoría si se mantenía alejado del resto de los feligreses.

La iglesia necesita escuchar las experiencias de los católicos LGBT a fin de tratarlos mejor con “respeto, sensibilidad y compasión”, como lo pide el Catecismo de la Iglesia Católica . Antes de que podamos ministrar a estos católicos, tenemos que escuchar.

Cuando escuchamos, escucharemos no sólo sus experiencias sino también sus llamados de ayuda y oración, especialmente en tiempos y lugares de persecución. Y cuando nuestros hermanos LGBT son perseguidos de alguna manera, los líderes de la iglesia son llamados a apoyarlos.

Los católicos a menudo se sorprenden al saber que en muchas partes del mundo hoy en día, las personas LGBT pueden experimentar terribles incidentes de prejuicio, violencia y asesinato.

Antes de que la iglesia pueda ministrar a los católicos LGBT, tenemos que escuchar.

En algunos países, una persona puede ser encarcelada o incluso ejecutada por ser homosexual o por tener relaciones homosexuales. De hecho, al escribir estas líneas, participar en relaciones homosexuales es un crimen en más de 70 países y el mero hecho de ser homosexual o bisexual se castiga con la muerte en 13 países.

En otras palabras, estas son cuestiones de vida o muerte. Los problemas LGBT en muchas partes de nuestro mundo son, por lo tanto, “problemas pro-vida”.

En estos países, la Iglesia institucional tiene el deber moral absoluto de defender públicamente a sus hermanos y hermanas perseguidos y en peligro. Tristemente, esto no sucede a menudo, y de hecho, algunos líderes de la Iglesia han apoyado estas leyes discriminatorias. Pero incrustado en la enseñanza católica está un llamado a estar al lado de nuestros hermanos, hermanas y familiares LGBT. El Catecismo , en su discusión sobre la homosexualidad, dice que “toda señal de discriminación injusta” debe ser evitada ( N ° 2358). Más fundamentalmente, ayudar, defender y cuidar de aquel que está siendo sometido a cualquier tipo de violencia física es sin duda parte de la compasión. Es parte de ser un discípulo de Jesucristo.

En algunos países, una persona puede ser encarcelada o incluso ejecutada por ser homosexual o por tener relaciones homosexuales.

Más cerca de casa, ¿qué significaría para la Iglesia de los Estados Unidos decir, cuando sea necesario, “es un error tratar así a la comunidad LGBT”? Los líderes católicos regularmente publican declaraciones – como deberían – defendiendo a los no nacidos, a los refugiados y migrantes, a los pobres, a los desamparados, a los ancianos. Esta es una forma de pararse al lado de la gente: expresando su apoyo, incluso recibir presión por ellos.

Pero, ¿dónde están las declaraciones específicamente en apoyo de las personas LGBT? Cuando le pregunto esto, algunas personas dicen: “No se puede comparar lo que los refugiados enfrentan con lo que las personas LGBT enfrentan”. Como alguien que trabajó con refugiados en África Oriental durante dos años, yo sé que, a menudo, ese el caso. Pero también es importante no ignorar las tasas desproporcionadamente altas de suicidio entre los jóvenes LGBT y el hecho de que las personas LGBT son víctimas de proporcionalmente más crímenes de odio que cualquier otro grupo minoritario en este país.

Aquí hay algunas estadísticas de The Trevor Project(EL Proyecto Trevor) , una organización que ayuda a prevenir suicidios de adolescentes LGBT, que nos recuerdan una vez más que estos son a menudo asuntos de vida o muerte. Son asuntos de protección, defensa y respeto de las vidas de las personas LGBT.

¿Qué significaría para la Iglesia decir, cuando sea necesario, “es malo tratar así a la comunidad LGBT”?

  • Los jóvenes lesbianas, homosexuales y bisexuales tienen casi cinco veces más probabilidades de haber intentado suicidarse en comparación con los jóvenes heterosexuales.
  • Los jóvenes lesbianas, homosexuales y bisexuales que provienen de familias “altamente rechazantes” tienen 8,4veces más probabilidades de haber intentado suicidarse que sus pares LGBT que han reportado un nivel bajo o nulo de rechazo familiar.
  • En un estudio nacional, el 40 por ciento de los adultos transgénero informaron haber hecho un intento de suicidio y el 92 por ciento de estos individuos informaron haber intentado suicidarse antes de los 25 años.

La intimidación de los estudiantes LGBT en las escuelas es otro mal que debería ser directamente opuesto, especialmente dada la larga historia de la Iglesia Católica y su amplia experiencia en el manejo de escuelas primarias, intermedias y secundarias.

Hace dos años, a raíz del asesinato de 49 personas en Pulse, un club nocturno de Orlando que atendía a una multitud homosexual, muchos se desalentaron de que más obispos no señalaran de inmediato su apoyo a la comunidad LGBT. Unos pocos lo hicieron. Pero imagínese si los ataques hubieran sido, Dios no lo quiera, a una iglesia Metodista. Muchos obispos habrían dicho: “Estamos al lado de nuestros hermanos y hermanas metodistas”.

¿Por qué más líderes católicos no expresaron pesar o mostraron compasión hacia nuestros hermanos y hermanas LGBT en Orlando?

¿Por qué más líderes católicos no expresaron pesar o mostraron compasión hacia nuestros hermanos y hermanas LGBT en Orlando? Para mí, parecía una falla de compasión, una falla de experimentar con y una falta de sufrir con.

Orlando nos invita a reflexionar sobre las implicaciones de estas fallas. Como James F. Keenan, SJ, un profesor de teología moral en el Boston College, señaló a nuestra clase en la escuela de posgrado, la mayoría de las veces, Jesús no criticaba a las personas que eran débiles pero que lo intentaban. Más bien, Jesús criticó a las personas que eran fuertes pero que no se molestaban. Por ejemplo, el hombre rico que no se molesta en ayudar al pobre hombre en su puerta (Lc 16: 19-31), el líder religioso que no se molesta en considerar que alguien necesita sanación en un sábado (Lc 13: 10-16) y el fariseo que no se molesta en darle la bienvenida a Jesús (Lc 7: 36-45).

Para Jesús, el pecado era, como dijo el Padre Keenan, “una falta en no molestares en amar”. En Orlando, muchos en la Iglesia simplemente fallaron en no molestarse en amar.

¿Con qué frecuencia todos nosotros fallamos en no molestarnos de esta manera?

¿Con qué frecuencia fallamos en no ver la importancia de las vidas de las personas LGBT?

¿Con qué frecuencia pecamos de esta manera?

James Martin, S.J., es editor en general de America. Este ensayo está adaptado de su libro Construyendo un Puente: Cómo la Iglesia Católica y la Comunidad LGBT entran en una relación de Respeto, Compasión y Sensibilidad, que acaba de ser publicado en una versión revisada y ampliada.
* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.
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