El amor de madre

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El amor de madre, late en el corazón del pueblo

La experiencia humana de sentir la vida que late en nosotros, nos vincula íntimamente a la mujer que nos dio a luz en este mundo. Con ella se crean lazos profundos de amor, a veces indescriptibles pues hemos sido formados en su vientre, con su sangre y de su carne. Desde esta experiencia humana, nos podemos acercar a la comprensión teológica de la experiencia de amor y fe hacia la Madre de Dios de nuestros pueblos latinoamericanos. Y es en la religiosidad popular que fue llamada por el Papa Benedicto XVI “el precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina” (DI 1), donde se encuentra esta fuerza vital que late en el corazón del pueblo.

La piedad popular mariana exalta la figura de la Virgen, tradición que se transmitió desde los orígenes de la evangelización a través de las diversas advocaciones. El pueblo la identifica como “la única Virgen María,” la “Madre de Dios,” distinguiendo sus nombres en las diversas advocaciones (Cfr. María del Pilar Silveira, Mariología popular Latinoamericana, 2013). El sentido de ser Madre y reconocerse en sus hijos/hijas, es la manera de confirmar su maternidad y la fe mariana la transmiten en su mayoría las mujeres, que son las comunicadoras en la familia. Se identifican con María por ser mujer-madre, que vive la fe en Dios en todo momento, en la alegría y el dolor.

Según el teólogo Lucio Gera, “en el corazón mismo de la religión del pueblo, encontramos como elemento clave, la devoción a la Santísima Virgen, (…) nuestros pueblos la han convertido en el criterio popular de la verdadera fe. (…). Incluso nuestro pueblo ve desde esta óptica la pertenencia o no a la Iglesia”. Es decir que la relación con la Virgen es el criterio de discernimiento para definirse como católico y miembro de la familia eclesial, aunque la gente no comparta en su totalidad la doctrina eclesial. Entonces el amor hacia la Madre de Dios es como el “cordón umbilical” que une a los fieles a la Iglesia y esto muestra que la tarea de la jerarquía eclesial junto a los teólogos y teólogas es fortalecer y ayudar a crecer esa relación. Para ello se requiere un profundo conocimiento de la fe mariana popular, pues el análisis de su simbología, es complejo. La actitud creyente del pueblo es plurivalente y no puede ser considerada de manera unidimensional. Un factor no puede ser sobrepuesto al otro. Sería irrelevante una reflexión de fe segregada del comportamiento del pueblo.

El pueblo sencillo expresa su fe a través de las expresiones corporales de la fe como gestos, postrarse, abrir las manos, caminar de rodillas, orar, bailar, prender velas, llevar flores, vestirse con ropas similares a la imagen de María y del Nazareno, celebrar con comidas y bebidas típicas. De alguna manera los devotos sienten en el cuerpo lo que viven en su intimidad y el leguaje corporal es el mejor lenguaje del amor. Manifiestan de manera natural y espontánea la unidad de lo que sienten, piensan y actúan. El dolor que reflejan sus rostros luego de varias horas de caminar descalzos cargando niños, es una manera de expresar lo que entienden por el sacrificio, el ofrecimiento, la cruz, a la Madre que “sabe de dolores.”A esta forma de expresión que integra lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico y las necesidades de las personas en la experiencia de encuentro con Jesús y María se le llama espiritualidad popular (Cfr. DA 263).

En Venezuela hay una “matriz” mariana que forma parte de la cultura popular. La Virgen es venerada por el pueblo, quizás porque ve en su pobreza, sencillez y sufrimiento reflejada su vida cotidiana como en un espejo. Ella por ser Madre comprende sus sufrimientos y su vida, es parte de sus luchas, así lo muestra la investigación realizada sobre mariología popular basada en estudios sobre los Cuadernos de Intenciones donde las personas “le cuentan todo” abren con confianza su vida sin tapujos buscando una solución a sus situaciones.

De esta investigación se puede observar que la mariología popular muestra una imagen plástica, de una Iglesia mariana peregrina, en movimiento, que forma una familia en un clima de fiesta, de hermandad, de júbilo. Una Iglesia al “aire libre” en contacto con la naturaleza, un “cuerpo en movimiento,” tanto simbólico como en la realidad pues es la imagen que se puede dibujar desde arriba al ver una multitud de personas juntas, caminando, entrando y saliendo del santuario, con diversas expresiones de dolor, júbilo, cansancio y alegría por llegar a la meta y estar junto a la Madre.

La liturgia popular es simbólica con diversas expresiones de fe. Las personas son convocadas por el amor y la piedad mariana y la misma fe les envía a anunciar a los hogares. Cada celebración es una Pascua, las personas van de una manera y regresan diferentes, se da un cambio en su interioridad, fruto del contacto con María resucitada. Aquí se muestra una mariología liberadora, encarnada en la alegría y el dolor; la muerte y la vida. La Iglesia en la jerarquía ha tomado la voz de los sin voz, con una actitud profética, denunciando las injusticias. Los participantes lo hacen en su interior con el clamor que llevan a la Madre, “ella sabe, y conoce” las injusticias y el dolor que padecen en silencio esas masas que acuden y piden “milagros” (Cfr. Clodovis Boff, Mariología social).

Si bien esta fe se transmite en la cultura creando un sustrato católico, se evidencia la necesidad de “dar la Biblia al pueblo” para que su figura y la de Jesús sea conocida y amada sin desviaciones. Ese es el desafío actual de la fe mariana que late en el corazón del pueblo y que abre a la esperanza de recrear el rostro de nuestra Iglesia tan antigua y tan nueva.

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María del Pilar Silveira
Doctora en Teología por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Maestría en Ciencias Religiosas por la Pontificia Universidad Gregoriana y Licenciatura en Teología por la Pontificia Facultad de Teología del Uruguay “Mons. Mariano Soler”. Es profesora en la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello e integra el equipo de la Cátedra Libre “Mons. Romero” en la Universidad Central de Venezuela.