El desgarrador proceso de ser amigos de nosotros mismos

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Cuando se trata de abordar la cuestión del impacto de la tecnología sobre la soledad, parece que las personas están divididas.

Existen los llamados tecno-utópicos y otros pensadores que creen que la tecnología está haciendo del mundo un mejor lugar, y específicamente, que permite conexión a través de las fronteras y límites de varios tipos. Y desde luego, hay poder en la organización a través de las redes sociales, hacer amigos deliberadamente, y sin darse cuenta, a través de plataformas en línea.

Yo tiendo a ser de esta escuela de pensamiento. Cuando regresé de mi primer viaje a India – cuando tenía 18 años, y sin embargo, ni siquiera había estado en California – yo diría, “No siento ninguna distancia psicológica cuando pienso en la India.” Sentí que podía hacer un corto viaje y no experimentar un torpe e inquieto periodo de climatización antes de sentirme cómodo. Podía ir y nuevamente sentirme en casa allá. Ahora me pregunto acerca de extender esa sensación de no distancia psicológica a través de un dispositivo, sin viajar a ningún lugar.

Sin embargo, al mismo tiempo, no puedo evitar notar el grado de adicción que todos parecemos tener de nuestros dispositivos. (Confesiones verdaderas: Yo también lo estoy, como le dirán cualquiera de mis amigos.) Un estudiante mío que sufre de insomnio me ha dicho que ella confía en el desplazamiento cuando está despierta en las noches como una forma de calmarse para dormirse. “Me siento sola y con miedo,” explica ella de su insomnio. “Estando con mi teléfono me hace sentir como si alguien está a mi alrededor.”

Para bien o para mal, no hay forma de evitar el hecho de que la tecnología engendra aislamiento, por lo menos de cierta manera. El ochenta y dos por ciento de los usuarios de teléfonos inteligentes estadounidenses (una mayoría de la población de nuestro país) reportó en una encuesta reciente de Pew que la presencia de los teléfonos deterioró sus más recientes conversaciones en. Estas cifras son desgarradoras, más no sorprendentes.

Lo que es peor, ya esté o no relacionado con la tecnología, es el hecho de que la soledad parece ser una especie de epidemia en nuestro país. Un informe reciente publicado en la Revista Sociológica Americana (American Sociological Review en inglés) encontró que uno de cada cuatro estadounidenses sienten que ellos no tienen con quien hablar. Independientemente de por qué el 25 por ciento de los estadounidenses están luchando para encontrar la comunidad, es claro que el problemas es generalizado: Todos estamos en la búsqueda de pertenencia, y la naturaleza atomizada de la sociedad no nos lo hace más fácil para nosotros.

Yo realmente creo que una respuesta a está búsqueda universal de sentido y conexión es la bondad amorosa – la práctica de cultivar el amor, la compasión, la alegría y la ecuanimidad para nosotros mismos y para todos los seres.

Por supuesto, cuando yo enseño meditación de bondad amorosa a estudiantes alrededor del mundo, yo a menudo trato de calificar el término de manera que no termine sonando como “sacarina,” o incluso “cursi.” A pesar de que la combinación de las palabras “amorosa” y “bondad” pueden sugerir sentimentalismo, la práctica no se trata de una obligación de alguna trivialidad de la bondad: y de hecho, ni siquiera es acerca de tomar acciones específicas para hacer amigos.

Mas bien, la bondad amorosa es un conocimiento profundo de que la vida de cada individuo está inextricablemente entrelazada. Todos queremos ser felices, en otras palabras. Teniendo en mente este simple adagio como una hecho universal, indiscutible establece una base sencilla sobre la que realmente podemos conectarnos con otros. Cuando vemos las vulnerabilidades de los demás como algo común, la idea de amistad como algo fabricado se escapa. La conexión se vuelve algo mucho más grande, mucho menos concreto, y mucho más potente.

Me acerco a la palabra y a la idea de la “compasión” de manera similar, asegurándome de que los estudiantes se fijen en que no sólo estoy hablando de pena o culpabilidad – “sentirme mal” por los demás en tiempos de sufrimiento. Por encima de todo, la compasión tiene que ver con prestar atención – y haciéndolo en una forma que esté impregnada con bondad amorosa, el reconocimiento de que cada una de nuestras vidas tiene que ver con la del otro.

Y sin embargo, así como yo he hecho un hábito de tratar de subrayar el rigor y el poder de estos términos, todavía me resulta fascinante que estamos condicionados a ser más desdeñosos de los conceptos como la compasión o la bondad amorosa que lo que estamos de ideas como la disciplina o la fortaleza. Quizás seamos reacios a considerar culturalmente la compasión, la bondad, e incluso el amor más generalmente como algo que podemos ¨entrenar¨, ya que ello podría sentirse mecanicista o artificial. Pero tengo la impresión de que todos compartimos un sentido de temor en torno a abrirnos de esta manera, en torno a volvernos vulnerables a la idea de que todos estamos buscando las mismas cosas, y podemos verlo en los demás simplemente a través de la existencia.

Bárbara Fredrickson, Ph.D. es una psicóloga y una investigadora destacada de las emociones positivas en la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill. En su trabajo, Frederickson encontró que momentos a los que ella llamaba “micro-conexión” (reírse, abrazando a alguien, sonriendo al perro de un desconocido en la calle) en realidad fortalece al funcionamiento de nuestro nervio vago, el más largo nervio craneal que se extiende a través del abdomen, y nos ayuda a manejar con mayor habilidad las respuestas al estrés de “pelear o huir”, y protege a nuestro cuerpo contra la inflamación inducida por el estrés. La amistad, la conexión, la bondad amorosa, la compasión – y sus variantes – son tan rigurosas como pueden ser. Ellas afectan la calidad de nuestras vidas, pero también nuestra salud.

Pero esto no quiere decir que el abrirnos a la bondad amorosa es fácil, por beneficiosa que pueda ser para nosotros, ya sea por nuestra cuenta o en las relaciones con otros.

El aprendizaje de la práctica de la bondad amorosa y aplicarla en nuestras relaciones puede en realidad ser dolorosa en el momento, en el sentido que nos hace florecer sentimientos inesperados que no estábamos tratando de evocar. Cada vez que trato de hacer frente a la dificultad de abrirnos nosotros mismos a una forma tan vulnerable de pensamiento sobre el mundo – de que todos los seres quieren ser felices, así como nosotros queremos – pienso en mi estudiante, Sean, quien recientemente me dijo en retrospectiva que las dos semanas que el paso leyendo mi libro Bondad Amorosa fueron ¨desgarradoras.” No quiso decir sentimentalmente.

“No me había ocupado antes de los aspectos desagradables de mí mismo y nunca realmente me puse en los corazones de los demás,” me dijo Sean.

“No había perdonado antes de este libro, yo estuve caminando por años con este miedo de realmente conectarme con todos los aspectos de mí mismo y cerrar amistades y relaciones.”

Este proceso de realización fue, como era de esperarse, no muy agradable para Sean, incluso cuando se sintió crecer y abrirse a sentimientos más ricos y profundos de conexión en su vida.

En la misma conversación de correo electrónico Sean me contó una historia surrealista acerca de cuando conoció a su compañero, a quien conoció primero como vecino en el edificio de apartamentos donde vivió mientras pasaba tiempo en Beijing hace muchos años. Sean y su actual compañero no se conocieron realmente mientras vivió en el extranjero, ellos terminaron reconectándose nuevamente seis años más tarde en el Centro de Meditación Roca Espiritual (Spirit Rock Meditation Center en inglés), después que Sean se había convertido en un monje Budista. Hoy en día, Sean y su compañero han estado juntos por más de dos años, y él describe su conexión como “primordial,” una que posee una “sincronía misteriosa.”

Cuando leí y re leí su correo para tratar de entender su relación a través de lo que Sean dijo primero sobre la bondad amorosa, se me hizo evidente que la aceptación es los que hace a su relación tan rica. “Juntos, nos sentimos vistos y nos sentimos aceptados,” escribió. “La bondad amorosa es lo que …abrió mi corazón al amor real para existir.”

Él describió encantadoramente su práctica de meditación de bondad amorosa como “una almohadilla S.O.S. para el corazón” – refiriéndose a aquellas esponjas de lana de acero jabonosas que limpian la mugre de las ollas y sartenes sucios. La práctica, de acuerdo con Sean, es “abrasiva” y “se siente áspera” (como una almohadilla S.O.S.!) pero que le permitió someterse a un proceso de “purificación.”

“Pasar por estas prácticas, estuve limpiando mi corazón,” escribió. “Yo sabía lo que había quedado atrapado allí y sabía que estaba abajo en las esquinas y cubierto de costras una vez que lo expusiera y enjuagara. Con cierta exposición y compasión, me sentí aliviado … Y me sentí más limpio.”

Para mí, la historia de Sean es una acerca de hacerse amigo de él mismo, además de ser un romance salvaje acerca de la coincidencia y el redescubrimiento. El fue capaz de abrir su corazón a su compañero no porque él había sido purificado en alguna forma absoluta aprendiendo la práctica de bondad amorosa, sino porque la práctica lo capacitó a reconocer sus temores, vivir con ellos, y perseguir una conexión independientemente.

Incluso desde la experiencia personal, yo diría que hay un meta nivel de temor en todos nosotros que se siente en el proceso de “volvernos reales” con nosotros mismos acerca de lo que la conexión realmente se parece en nuestras vidas. ¿Estamos listos para la vulnerabilidad? ¿Nos sentimos dispuestos a ver nuestros defectos surgir mientras nos volvemos vulnerables frente a otros, y la experiencia de que ellos hagan lo mismo? ¿Estamos dispuestos a abrirnos a la idea de que otros puedan ver nuestra vulnerabilidad, así como nosotros vemos la de ellos? Hacernos estas preguntas – y estando dispuestos a responderlas con inevitable incertidumbre – es parte del proceso de hacernos amigos de nosotros mismos.

Autor: Sharon Salzberg

* Artículo reproducido con el debido permiso de O Being with Krista Tippett. O Being with Krista Tippett no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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