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Fecha impresión: 22/10/2018 23:58:41 2018 / +0000 GMT

Autor: O Being with Krista Tippett

El Gran Amor está esperando




En algún momento, si tenemos suerte, un viento inesperado soplará sobre nuestro castillo de naipes y nos liberará de los encierros falsamente seguros en los que nos hemos colocado nosotros mismos.


Cuando operamos nuestras vidas a partir de estas delicadas estructuras, las cuales a menudo creemos están construidas con ladrillos, nos quedamos atrapados pensando que ese diseño, esos caminos, ese plano de planta es la composición completa del mundo. Sin embargo, esta estructura — diligentemente construida mientras ejecutamos nuestras estrategias de supervivencia — es la cosa misma que se convierte en la barrera que nos aleja de lo que realmente nos gustaría.


Podemos encontrarnos sintiéndonos amurallados en un espacio estrecho, uno con un ojo y un oído para los ¨qué pasa si¨, las preocupaciones, y las heridas basadas en el miedo — todas las cosas que nos gustaría, de una manera u otra, evitar. Todo eso puede alimentar una postura de rigidez, disociaciones, y defensa mientras tratamos de mantener el castillo de naipes como vueltas de la vida en nuestra orilla y sopla más allá de la ventana. A menudo, comienza a sentirse un espacio sin amor cuando golpeamos en los filos del confinamiento.


Trabajamos arduamente, elegimos el trabajo sobre la vida, asumimos responsabilidades que pueden o no ser nuestras para asumir, sufrimos de un peso psíquico y emocional — cosas como la culpa, la preocupación, el miedo, la ansiedad. Atascado en las luchas, dirigiendo dramas, y quizás, preguntándose si eso es todo lo que hay. ¿Lo es?


Mientras nos enterramos nosotros mismos en “ocupados,” nos dedicamos a las montañas de propósito y nos esforzamos — abierta o sutilmente — por marcadores externos de éxito fiscales, materiales, sociales, sostenemos nuestra mano de barajas cerca del chaleco, rehusándonos a echar un vistazo a nuestra propia mano repartida. Incluso cuando estamos inmersos en un trabajo que nos atrae y nos proporciona sentido y propósito — después de años de profundo enfoque en ese único objeto y misión — eso se convierte en un naipe en el castillo que construimos.


En definitiva, esto nos mantiene al margen. Nuestros caminos se convierten en nuestro propio territorio familiar, manteniendo afuera lo que no nos gusta, en lo que no creemos, lo que hemos desheredado, lo que nos asusta. En nuestra lucha, nos sentimos solos, aislados del sentido expansivo de conexión con la magia silenciosa, profunda, e íntima del mundo que nos rodea. Nos olvidamos que no somos Atlas sosteniendo al mundo: el mundo nos apoya a nosotros.


Como señala David Whyte en su poema “Todo te está esperando”


“Tu gran error es actuar el drama
como si estuvieras sólo. Como si la vida
fuera un crimen progresivo y astuto
sin testigos, de las pequeñas ocultas
transgresiones. Sentirse abandonado es negar
la intimidad de su entorno. Seguramente,
incluso tú, a veces, has sentido la gran variedad;
la presencia hinchada, y el coro, desplazando
tu voz solitaria. Debes tener en cuenta
la forma en que la jabonera te lo permite,
o el pestillo de la ventana que te otorga libertad.”


En un buen día, si tengo suerte, puedo sacudirme las botellas mentales autoimpuestas y mirar al mundo frente a mí, y ver con algún sentido de renovada claridad como todos esos pensamientos estuvieron afectando las experiencias en mi vida de las relaciones, para trabajar, hasta mis elecciones, y como estaba viviendo mi vida. Cuando comienzo a sentirme estresado, frustrado, estancado, fundido, o altamente reactivo, esta es usualmente mi señal de que no estoy pensando lo suficientemente grande.


Esa realización es como la claridad de la mañana, antes de que todo lo demás empiece a agitarse y el zumbido del día comience. Me golpea un poco y me permite sentir una perspectiva mayor. Desde ese lugar, puedo sentir una conexión más profunda con la totalidad de las cosas, aunque ninguno de estos problemas que pensé que tenía pudieran haber sido resueltos.


Cuando estoy emancipado de mi mundo mental de historias, escenas, sentimientos que no sé que hacer con ellos, y otras teorías sobre el significado y la fabricación de mitos acerca de lo que está sucediendo en el pasado o futuro, puedo rastrear como cada pequeño pensamiento que seguí para llevarme ahí, era un cierre al mundo. En algún lado de esas gesticulaciones mentales, me pierdo. En algún lugar a lo largo del camino, mis sentidos de amor y pertenencia son amenazados, lo que probablemente me haga sentir una falta de seguridad, y me cierro como una flor en la noche.


“Un ser humano es una máquina de contar cuentos,” escribió Paul Broks. “El Yo es una historia.” Está en esta propensión humana a la creación de mitos que a menudo nos quedamos atrapados, precariamente posando los naipes uno encima del otro.


Desde ese lugar, estoy cerrando mucho de los que es real y verdadero, especialmente teniendo en cuenta que muchas de mis nociones y racionalizaciones preconcebidas no lo son. Como señala Helen Fisher:


“No se si alguna vez has visto el sitio del Telescopio Hubble en internet, pero cuando ves lo que hay ahí afuera, es tan sorprendente. La realidad es tan sorprendente.”


Cuando salgo del castillo de naipes que he construido para mí mismo, siento amor. Un Gran amor.


“Suelta el peso de tu soledad y facilita la conversación,” escribe David Whyte en “Todo te está esperando.”


El camino claro a tal amor requiere excavación. Nosotros debemos, como Rumi señala, remover todos los bloques que hemos colocado en nuestro camino para mantenernos alejados de él. De alguna manera, en algún lugar, en todo nuestro cableado neurológico evolutivo, nuestros cables se han cruzado de manera tal que tememos ser amados más que estar a salvo, pequeños, seguros, ocupados y alejándonos de los grandes brazos abiertos de la vida. Creemos que lo tenemos todo resuelto. Si bien nuestros dones para la auto-conservación y la supervivencia son fuertes, todo lo que hemos descubierto, realmente, es como darle sentido al mundo en el cual nos empujaron, y nos encontramos. Grandes habilidades, sin duda. Pero si nosotros confiamos en ellos únicamente, nos protegemos de otra forma de estar con el mundo.


Intentamos ser lo más ingeniosos posible para hacer una vida, para darle sentido a la vida y a nosotros mismos en ella. Nos ocupamos a nosotros mismos en los bien gastados caminos, pasillos y estructuras que se sienten parte de lo que somos. Calculamos las cosas, sentimos las cosas y las racionalizamos fuera, componemos la historia que entrelaza todos nuestros diversos fragmentos en algún sentido del completo sentido del Yo mismo, aunque el mapa del mundo es plano. Todo el tiempo, hay mucho sucediendo fuera de nuestros conocidos mapas de supervivencia e identidad.


Quizás la forma más grande de auto-negación es alejarse de la gracia que está siempre ahí para nosotros, ahora aquí en el presente, y ha estado con nosotros a lo largo de todo el arco de nuestra historia. Sin una historia que perpetuar o laberintos mentales en los cuales perderse, detienes el perpetuar la historia, la ilusión, que estás sólo manteniéndolo todo junto tú mismo. Y, entonces, puedes sentir la vida apresurarse y unirte en una conversación. Cuando te abres al mundo, el gran amor te está esperando.


Para el Gran Amor en todas sus formas.


Autor: Ali Schultz
* Artículo reproducido con el debido permiso de O'Being by Krista Tippett. O'Being by Krista Tippett no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

Fecha del artículo: 2017-12-27 03:31:29
Fecha del artículo GMT: 2017-12-27 03:31:29

Fecha modificación: 2017-12-27 03:31:29
Fecha modificación GMT: 2017-12-27 03:31:29

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