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Fecha impresión: 19/09/2018 14:42:24 2018 / +0000 GMT

Autor: America the Jesuit Review

El Papa Francisco le dice a un niño que su padre ateo puede estar en el cielo




Cuando el Monseñor se acercó y sostuvo con ternura la cara del pequeño niño, lo perdí. Y sólo empeoró. Cuando el Papa Francisco llamó al renuente Emanuel para susurrarle su pregunta acerca de a dónde fue su amado padre después de la muerte. Yo estaba llorando tan obviamente que los otros clientes en la cola en Starbucks levantaron la vista de sus teléfonos. Murmuré una disculpa general por la exhibición pública pero seguí viendo el resto de las notables imágenes del Papa Francisco siendo pastor; un buen pastor sosteniendo el corderito más pequeño cerca de su corazón. Emanuel quería saber: ¿Estaba su padre en el cielo aunque él fuera un incrédulo?


¿Por qué yo estaba llorando? ¿Por qué este corto clip de un anciano siendo amable con un pequeño niño me tocó a mi y a muchas otras personas tan profundamente? Creo que fue porque el Papa Francisco nos mostró como arriesgarnos simplemente a abrazar al mundo herido. Sin explicaciones, sólo amor. Esto es amor en acción y nos habla como no lo pueden hacer las palabras. El Papa Francisco corta la distancia entre el Papa y el niño, entre el creyente y el incrédulo y llega al corazón del asunto —humano a humano.


El Papa Francisco nos mostró cómo arriesgarnos simplemente a abrazar al mundo herido. Sin explicaciones, sólo amor.


El Papa Francisco se niega a ser otra cosa que presente a un corazón herido. Cuando el Papa Francisco dice que “Dios es quien dice quién va al cielo,” él se resiste a colocarse por encima de Dios o a hacer un ídolo de nuestras reglas humanas y una comprensión limitada de Dios. Él elige actuar según lo que sabe de Dios en lugar de limitar a Dios mediante conjeturas acerca de la vida después de la vida. Si, sigue siendo cierto  — según nuestra mejor conjetura y cuidadosamente pensada tradición, basada en las Escrituras y consagrada en el Catecismo de la Iglesia Católica — que “aquellos que mueren en la Gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven por siempre con Cristo” (No. 1023). Y esto parece colocar al padre de Emanuel, un incrédulo, fuera de la posibilidad de ir al cielo.


Pero “Dios es quien dice quién va al cielo,” no el Catecismo. No el Papa, no usted o yo, sino Dios.


El Papa Francisco se niega a ser otra cosa que presente a un corazón herido.


Asegurarle a Emanuel que un amoroso Dios aceptaría a su padre en el cielo dice más acerca de Dios que acerca del cielo. La realidad es que nosotros no sabemos mucho sobre el cielo. Pero nosotros si sabemos bastante sobre Dios. Y espero que podamos estar de acuerdo que Dios es amor. No sólo porque lo encontramos claramente afirmado en las Escrituras sino porque así es cómo experimentamos a Dios en nuestras vidas. Y casi toda la especulación sobre la vida después de la vida está determinada por lo que pensamos sobre Dios. Puedes probarlo por ti mismo. Si te molesta la posibilidad de que Dios se niegue a recibir bebés no bautizados en el cielo, entonces debe preguntarse: ¿En qué clase de Dios están pensando? ¿Pueden imaginarse  a Dios revisando el Catecismo o incluso las Escrituras para ver quién puede o no entrar en el cielo? O Dios levantando sus manos diciendo: “¡Me gustan los bebés! Pero mis manos están atadas, lo dice aquí “ningún no bautizado en el cielo.”


Es muy difícil para el Amor ser desamor.


¿Estamos dispuesto a dejar a Dios ser Dios? Y si creemos que Dios es amor, entonces podemos seguir adelante y creer que Dios hará lo correcto. Es muy difícil para el amor ser desamor. ¿Sabemos si nuestros seres queridos están en el cielo? Recuerda que nosotros los llamamos nuestros seres queridos no sólo porque los amamos sino porque Dios los amó primero y continuará amándolos. Entonces podemos continuar confiando en el amor de Dios.


 Algunas veces contrastamos la verdad técnica de la enseñanza de la Iglesia con su aplicación pastoral. Como si el pueblo de Dios no pudiera manejar la verdad, pero es mejor alimentarlo con puntos débiles del amor de Dios. No creo que esto sea lo que el Papa Francisco estaba haciendo con el joven Emanuel. Él no sólo estaba siendo amable, sino que evitaba decirle a un pequeño niño la dura verdad de que su padre no estaba en el cielo. No funciona de esa manera.


Una respuesta pastoral es la enseñanza de la Iglesia articulada frente a la humanidad vulnerable. Es la enseñanza destilada a sus ingredientes básicos de amor e invitación — la invitación permanente de seguir a Cristo en una relación radical con el mundo. Y esto nos conmueve.  Vemos a nuestro líder amando de una manera de que queremos amar, ser vulnerables y confiar en la forma que queremos confiar. Y si el Papa puede resistirse a ser el Dios omnisciente, ¿no podemos intentarlo?



Jack Bentz, S.J., vive en San José y trabaja con la Conferencia Jesuita.                            

* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.
Fecha del artículo: 2018-07-02 03:04:30
Fecha del artículo GMT: 2018-07-02 03:04:30

Fecha modificación: 2018-07-02 03:14:37
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