Encontrar el camino de regreso

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En Los Dichos del Desierto  hay la siguiente historia: “Sucedió que uno de los hermanos en Scete cometió un grave pecado. Los Ancianos se reunieron y le pidieron al Abba Moisés que participara. Él, sin embargo, se negó a ir. Los Ancianos le enviaron un mensaje en los siguientes términos: ‘Venga, lo estamos esperando’. Por lo que entonces él se levantó y comenzó el viaje, cargando una vieja cesta con un hueco en ella. Él la llenó con arena y la arrastró detrás de él. Los Ancianos fueron a su encuentro y le preguntaron ‘Padre, ¿qué significa esto?’ El anciano respondió ‘Son mis pecados corriendo detrás de mí y yo no los noto. Así es como yo voy a juzgar los pecados de otro’. Al oír esto, ellos no le dijeron nada al hermano y lo perdonaron”.

Si el ego en modo de ‘supervivencia’ proteccionista nos hace actuar fuera de nuestra heridas y nos causa el cometer acciones negativas, egocéntricas, entonces como en la historia del desierto estas podrían ser llamadas ‘pecados’. Sin embargo, en el silencio de la meditación estamos abiertos a la guía divina y nos proporcionaran información sobre las necesidades de supervivencia no satisfechas que han causado las heridas en nuestro ser y están influenciando nuestra actitud en la vida y causando nuestro comportamiento negativo. Con la ayuda del Cristo dentro nosotros podemos entonces modificar el comportamiento del ego y eventualmente incluso trascenderlo. Como dice Laurence Freeman en Jesús el Maestro Interior:  “Jesús tenía un ego. Así que no es que el ego en sí mismo es pecado. Es la egolatría, la fijación en el ego que nos conduce al olvido y la traición de nuestro verdadero Ser. El pecado ocurre cuando el ego es confundido por el verdadero Ser.”

Aparte de la guía espiritual nosotros podemos avanzar nuestro conocimiento de por qué actuamos de la manera que lo hacemos debido a la atención plena de nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones, como lo hemos visto. Esto a su vez gradualmente silenciará el crítico interno, que ama juzgarnos y reprendernos peor que cualquier otra persona lo haría. Por no juzgarnos a nosotros mismos, sino más bien por estar conscientes de nuestra propia propensión a dejar que nuestra energía negativa, nuestras heridas, nos gobiernen, nosotros llegamos al conocimiento de uno mismo y aprendemos a aceptarnos a nosotros mismos como somos. Esto nos permitirá a su vez a reconocernos a nosotros mismos en los demás y seremos más lentos al criticarlos. Como dijo Máximo el Confesor “la libertad Interior todavía no es poseída por nadie que no pueda cerrar sus ojos a las fallas de un amigo, ya sea real o aparente.”  El escuchar verdaderamente, prestar atención verdaderamente a los demás y por lo tanto dejando el Yo atrás nos abre el camino a la compasión para todos. Luego, progresivamente dejamos de justificarnos por juzgar a otros.

“La tarea que tenemos es encontrar nuestro camino de regreso a nuestro centro creativo, donde la integridad y la harmonía se realizan, habitan dentro de nosotros mismos, dejando atrás las falsas imágenes de nosotros mismos como lo que pensamos que somos o lo que pensamos que podríamos ser, porque estas tienen una existencia irreal fuera de nosotros. Manteniéndonos dentro de nosotros mismos en este sentido de ilusión – la honestidad aplastante y la sencillez, nos lleva a permanecer siempre en la presencia de nuestro Creador”. (John Main Palabra hacia el Silencio) Este es el reto que nos podemos encontramos en la meditación, si la hacemos comprometida y amorosamente y que es la redención. Como lo pone Laurence Freeman: “La redención es saber con todo nuestro ser quienes somos y de donde venimos”.

En la profundidad de nuestro ser recordamos quienes somos realmente. Como nos recuerda Jung en Civilización en Transición “A la pregunta constantemente reiterada ‘¿Qué puedo yo hacer?’ NO conozco otra respuesta excepto: ‘Conviértete en los que usted siempre ha sido’… La plenitud la cual siempre fuimos sin saberlo”.

Pero nada de esto es fácil, así como también lo leímos en Dichos de los Padres del Desierto: “Como dijo un Anciano ‘He pasado veinte años luchando para ver a todos los seres humanos como uno sólo”.

Autor: Kim Nataraja

* Artículo reproducido con el debido permiso de WCCM Weekly Teachings. WCCM Weekly Teachings no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

 

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