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Fecha impresión: 22/06/2018 22:32:26 2018 / +0000 GMT

Autor: Gabriel Sequera

Hablar del presente a partir del futuro




No es un título ni una frase bonita, no es un mantra de autoayuda ni voces externas para hacernos sentir mejor. Hablar del presente a partir del futuro, es un desafío real de todos los venezolanos en este momento y se convierte en una prioridad para todos los están convocado a educar. Está misión de educar es ahora la vocación de todos los que sueñan con un país diferente. Normalmente, esta dimensión ‘educadora' está asociada a una comunidad educativa, sabemos que también toca a otros grupos, y en esta reflexión nos vamos a centrar en esa intuición común que es ‘la comunidad educativa', desafiada a hablar del presente a partir del futuro.


Quiero recordar que el milagro de una comunidad es que todos los miembros en ella ocupa un lugar importante y muy significativo, que todos tienen una misión cualificada que cumplir. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, todos los miembros constituyen un solo cuerpo (1 Cor 12,12). El equipo obrero, administrativo, de seguridad, pedagógico, directivo tienen voz en el proyecto común que lo reúne.


¿Cómo podemos hablar del presente a partir del futuro? Cinco actitudes nos ayudará a encontrar sentido de nuestra habla.




  1. Mirar el presente a partir del futuro.


Una imagen del evangelio de Mateo nos ayudará entender que significa mirar el presente a partir del futuro (Mt 20, 29-34). Esa cita bíblica nos dice del último milagro narrado por el evangelista, ‘dar la vista a unos ciegos', y sucede antes de la entrada a Jerusalén, lugar donde Jesús será glorificado. El asunto, es que para entrar con Jesús a Jerusalén necesitamos los ojos abiertos. Los dos ciegos pedían “Señor, que se nos abra los ojos”, era un deseo profundo del corazón. La cura de la ceguera, precisamente antes de subir a Jerusalén, nos coloca en la necesidad de tener que mirar el presente para entender que pasará en el futuro, ellos reconocieron vieron a Jesús y lo siguieron. A nosotros nos urge abrir los ojos y subir a Jerusalén, donde la pasión y la gloria se encuentran. Reconocer que estamos quedando ciego, que no queremos mirar más que la oscuridad, abandonando los deseos profundo del corazón, nos bloquea el poder seguir y encontrar en el otro, en el trabajo, en la familia y la comunidad el lugar de la gloria, que no es más que sentirnos convocados en hacer realidad un proyecto para todos. No puedo hablar del futuro sin mirarlo en cada persona que me toca acompañar, en sus sueños y deseos de querer estar en un mejor país. Tienen nombre y respira el futuro, puede tener 5 añitos, 12 o 17, sencillamente también tener tu edad.




  1. Escuchar el presente con las voces del futuro.


Vamos a seguir con una imagen bíblica, Mateo 15, 21-28. Va Jesús caminando con sus discípulos y detrás una mujer gritando ayuda, tienen los discípulos que intervenir y pedirle a Jesús que atendiera a la mujer, seguramente Jesús estaba algo cansado porque nadie entendía su proyecto, finalmente, él atiende a la mujer. Un diálogo duro entre ellos, movieron las fichas más profunda de la mujer y de Jesús, exactamente la escucha correcta de ellos, produjo un milagro en ambos. Y que difícil es saber escuchar cuando no tenemos claro que las cosas pueden cambiar; y cambió la vida de la mujer y la de Jesús. Escuchar es también dejarse confrontar sin el miedo de tener que cambiar las fichas de mi vida. Nuestra prioridad es estar atento y escuchar el presente, ya hay voces de futuro en nuestra cotidianidad, y las estamos censurando porque creemos que toda la suerte está echada y que las cosas son así. Escuchar mi presente y el presente de todos, nos poner en movimiento y nos ayuda a agudizar el oídos. Escuchemos las voces del futuro, la que nos hacen mover las fichas de la vida.




  1. Sentir el presente dejándonos tocar por el futuro


Centrémonos en Mt 8, 1-4, nos encontramos con otro milagro, la sanación de un leproso, recordemos que los leprosos son excluidos de la vida civil y religiosa porque son considerados impuros. Y sucede que un leproso se aproxima a Jesús suplicándole “Señor, si quieres, puedes curarme”, y Jesús no solo quiso sino que estiro su brazo y tocó con su mano al hombre, quedando curado. Efectivamente, quedó curado aquel hombre cuando fue tocado sin miedo, porque Jesús curó su soledad y lo volvió a la vida. Cuánto tiempo habrá pasado aquél leproso sin sentir un calor humano, sin ser tocado, visto, escuchado. Es Jesús quien ve en él a un hombre que necesitaba sanar desde adentro su difícil tormento. Es justo lo que nos corresponde hacer a nosotros, tocar lo más profundo de la realidad de mucha gente. No es ‘curar-solucionar' lo que esta por fuera y evidente; nuestra apuesta está en tocar lo de adentro, que posibilite verdaderas curas, dignificantes e inclusivas. Tocar es también dejarnos tocar, es confiar y creer en el otro. Hoy la confianza en el otro está siendo disminuida por lo inmediato y tenemos que recuperar el sentido de proceso positivo que la confianza hace en las personas. Sentir el presente es tocar al otro, con pleno conocimiento que se está formando en el sujeto un proceso de cura, de sanación y bienestar para todos. Y esa actitud también te toca en lo profundo, reconstruyéndote como persona.




  1. Gustar el presente comprometiéndome con el futuro


La vida es una mesa de muchos sabores y tenemos que experimentar sus ofertas. La mesa se convierte en una gran oportunidad para hacer de la vida una vida compartida y comprometida. Fue así como Jesús de Nazaret quiso quedarse con nosotros, en una mesa con sus amigos. Lucas 22, 14-19, nos narra ese momento, cuando Jesús parte pan y da vino, su cuerpo y su sangre, invitándonos hacer memoria de él, es decir, invitándonos a dar nuestro cuerpo y sangre, nuestro pan y nuestro vino. Hacer memoria de esa vida es nuestro compromiso por gustar el presente por las cosas con sentido. Y mucho sentido hace falta en la vida… referentes que hagan gustar internamente la vida. Gustar nuestro presente, implica saborear mis opciones y entrega por un país diferente, es gustar de lo que hago porque es para todos y para el bien de todos, o quién no gusta una escuela limpia y ordenada, o un equipo eficiente que te ayudé a resolver los asuntos, o de profesores atentos y alegres que te edifiquen y marquen para la vida.




  1. Oler a futuro en este presente.


Jesús estando en casa de unos amigos, compartiendo la mesa, es sorprendido por el gesto de una mujer (Mt 26, 6-13). Se expande el olor de agradable perfume, Jesús está siendo ungido por una mujer que ha intuido “un no sé qué” en Jesús. Y es que Jesús tiene algo que mueve y dinamiza. El gesto de la mujer va confirmar muchas cosas de las que Jesús viene hablando, que la vida es entrega y gloria. Y eso es precisamente lo que procuramos, Oler a futuro en este presente, es dejar encantado y enamorado, es dinamizar que grandes cosas todavía se pueden hacer. Oler a futuro es hacer impacto positivo en lo que hago, así sea pequeño mi proceder pero que deje impregnado buen olor para todos. Porque nos estamos acostumbrando a que todo tenga el mismo olor, olor de dejar las cosas así, olor de no querer hace un poquito más, olor de ‘para qué' eso no le importa a nadie. Y ocurre que los olores agradables marcan. Te invito a que tengas olor a futuro.


Foto de Armando López

Fecha del artículo: 2018-06-14 03:00:47
Fecha del artículo GMT: 2018-06-14 03:00:47

Fecha modificación: 2018-06-14 02:06:55
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