La gran paz

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Queridos amigos,

Era una bella tarde de primavera en Londres, cálida con el justo toque de invierno que queda. No había visto a Calum, mi joven ahijado, por algún tiempo y lo invité a almorzar y una caminata por el río. Él trajo consigo la cámara que su hermana le había dado. Estaba absorto con su función de video. Por lo que él estaba grabando todo por donde pasábamos en la calle y, cuando llegamos al río Támesis brillando bajo el Sol, se volvió loco de emoción. Balanceando la cámara en maniobras experimentales persiguió una bandada de patos y volvió a capturar una fuente sin fin de nuevas escenas. No había nada que no fuera lo suficientemente interesante para grabarlo bajo la bella luz del día. Todo brilló con la maravilla de la siempre sorpresiva diversidad del mundo. La vida lo inundó con abundancia y emoción Él estaba radiante y de espíritu libre con todos los colores de la vida. Y era revitalizador estar jugando el juego de la vida con él.

Y era Pascua. Ya que siempre es Pascua. La teología importante de Pascua es que una vez que sucede, nunca para de suceder. Para simbolizar que litúrgicamente la Iglesia se extiende el día de Domingo de Pascua por ocho días y la temporada por cuarenta. ‘El tiempo Ordinario’ que sigue a Pentecostés nunca puede ser ordinario de nuevo. Por otra parte, lo que es extraordinario es que se mantiene ordinario. No nos convertimos en seres astrales. Regresamos a esta vida a vivirla de una nueva forma, descubriendo su novedad de nuevo continuamente. Nos mantenemos agradablemente encarnados y estremecedoramente mortales. La muerte, la gran amenaza a la felicidad humana, adquiere un significado totalmente diferente en la nueva experiencia de la vida que llamamos Resurrección.

El peligro está, que al hablar de estos misterios de la fe que giran en el corazón de la vida Cristiana sonamos para otros un poco fuera de contacto con la realidad. Y a veces los Cristianos pueden, de hecho, sonar como promotores de un complejo vacacional maravilloso que todavía no han visitado ellos mismos. De hecho, si hemos sido tocados por la Resurrección, nos encontramos en contacto con la realidad, ‘la realidad sólida’, como San Juan lo expresa, que ‘es Cristo’.

Estuve recientemente hablando con una clases de estudiante de la Maestría de Administración de Negocios que habían empezado a aprender a meditar. Muchos de ellos dijeron que ellos querían meditar porque les ofrecía a ellos una manera de lidiar con el estrés. El profundo significado de la meditación, de la vida misma, ha sido acortado por este gran y ahora universal obstrucción a la vida real. Me llamó la atención la profundidad de este problema, la prevalencia de la enfermedad social llamada estrés – la ansiedad y el daño a la salud que este causa, el enemigo de todos los placeres de la vida, engendrador de miedos y rabia.

Por supuesto la vida es estresante. Tiene una vida útil visible que cambia diariamente. Cualquier cosa que sea impredecible, como la vida, tiene que lidiar a lo mejor con las probabilidades. Cualquier cosa que nos muestre que no hay nada seguro hasta que la incertidumbre ha sido plenamente aceptada alguna vez será fácil.

El problema no es el estrés mismo, entonces, si no más bien que entendamos los aspectos estresantes de la vida desde el interior de la gran paz. O bien, si nosotros experimentamos solamente el estrés y encontramos que ese estrés se alimenta y crece fuera de si mismo. Entonces, somos engañados – usualmente por la abundancia o avaricia – para pensar que mientras más estresados estemos, más cerca estamos de alcanzar al gran ídolo del Éxito.

Hace un siglo las naciones más civilizadas del mundo estaban en medio de ‘La Gran Guerra’ para terminar todas las guerras que resultaron en treinta y ocho millones de bajas tanto militares como civiles. Tomando un breve respiro para volver a militarizar, subsiguiente a la paz de Versalles que era típico de la ‘paz como te la da el mundo’, dio lugar a una nueva guerra con un costo de ochenta millones de vidas que asciende al tres por ciento de familias humanas en ese tiempo.

Ya sea que se trate de una guerra con sed de muerte o la tragedia de unas vidas infelices deterioradas por la enfermedad de la opulencia, ¿por qué es que encontramos al regalo de la vida tan difícil de aceptar? ¿Por qué la gran paz pareciera tan difícil de alcanzar? Fuera de la nueva vida que llenó el Jesús resucitado con el amor juguetón del Espíritu Santo que había soplado su paz en nosotros. Su respiración física cesó en la cruz. Él respiró por última vez y entregó su espíritu. Pero esto lo metió irrevocablemente en el aliento interno de Dios, el ciclo de la vida que anula los ciclos de la muerte y renacimiento. Él entró en la fuente y punto de retorno de todo lo que existe. Desde esta respiración interna de la Pascua eterna que respira la gran paz en el corazón humano en el punto donde somos uno con el otro en una humanidad común.

En la Isla de Bere este año los que meditan en el retiro de Semana Santa tomaron tiempo de nuevo para escuchar la historia de la muerte y resurrección de Jesús. El tiempo que tomó fue de nuevo ricamente pagado con una comprensión más clara del tiempo y el regalo de la naturaleza de una vida que es todo acerca de Pascua, Nos viene como una historia. Es por encima de todo una historia. Las Escrituras Cristianas no son una serie de verdades abstractas extraídas de la vida real. Son una manera segura, increíblemente íntima de contarnos una historia que juega en las vidas de todos aquellos que escuchan – tanto en sus vidas interior como exterior. Una vez que hemos abierto nuestros corazones a esta historia, sentimos una integración y armonización de lo interno y lo externo – una nueva simplicidad. Vemos de un nuevo modo el despliegue de nuestras propias vidas.

Estamos en una conversación con Dios. En el uso diario ‘conversación’ significa una charla, un intercambio de ideas a través de palabras u otros símbolos de significado. Pero esta es una definición más moderna, que se empezó a usar cuando la cultura comenzó a desviarse de su balance espiritual hacia una perspectiva excesivamente racional y dirigida exteriormente. Desde aproximadamente el siglo 16 llegó sólo a significar ‘hablar’. ‘Conversación’, sin embargo, significa literalmente un cambio hacia algo con otro. En otras palabras, mantener compañía con, viviendo con, jugando el juego de la vida con …

El Nuevo Testamento no es un Sutra. Más tarde vinieron Sutras Cristianos, grandes reflexiones intelectuales y catedrales de la mente, que ayudan a interpretar la conversación, la narración de la historia que está en el corazón del Evangelio. Los Evangelios son más simples que las verdades abstractas. Son narraciones sorprendentemente directas, íntimas de una historia que es tanto cósmica como personal.

No leemos los Evangelios solamente en Pascua. A lo largo del año la ‘lectio’ de estos textos debería ser parte de nuestra práctica de oración diaria. Pero siempre los leemos en luz de la verdad de Pascua. La identidad Cristiana y la centralidad de Cristo de nuestra meditación depende en parte del lugar de esta manera de oración en nuestras vidas espirituales. La meditación nos trae muchos beneficios y frutos. Uno de los más grandes de estos es que la meditación nos enseña como leer los Evangelios en una forma que atrae a todo nuestro ser en la persona de Jesús, no sólo como una figura histórica sino como una presencia personal y real.

Por que yo en ti, y tú en mí juntos somos una persona no dividida.  

(De una antigua homilía del Sábado Santo)

El pensamiento Cristiano es como una conversación que continuamente integra todas las reflexiones y aportaciones que han sido hechas desde la antigüedad hasta hoy. Es siempre fresca y aún así su riqueza siempre crece. Somos parte de ella y a medida que cambia, nos cambia a nosotros.

Muchos de nosotros han sentido esto mientras leemos los puntos de vista profundos y sencillos del Papa Francisco en el misterio de Cristo. ‘Misericordia’ es su frase favorita, en especial para algunos líderes de la Iglesia que se sentían ser cada vez más críticos y punitivos. Francisco está dando un golpe a uno de los cuerpos proféticos periódicos al marco institucional de la Iglesia que todos bien conocemos para reestablecer el curso de la Iglesia. Nos despiertan de un sueño infligido en los duro del corazón y de justicia propia. Ellos nos restauran – como la misma antigua homilía que les acabo de citar lo dice – a la nueva vida que nos llena con la gran paz, cuando se lo permitimos:

Yo os mando: Despierten, dormilones, no los he hecho para ser prisioneros en el mundo subterráneo. Levántate de entre los muertos; Yo soy la vida de los muertos. Levántate, Oh hombre, obra de mis manos, levántate, tu que fuiste creado a mi imagen. Levántate, Vámonos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, juntos somos una persona no dividida. 

Mientras escuchamos la historia desde afuera, sólo como observadores y escépticos, pensaremos que la nueva vida habla acerca del retorno a los Jardines del Edén. ¿Pero quién quiere realmente regresar al Edén? El jardín de donde la Resurrección llega a la humanidad y nos cambia no es un paraíso perdido sino el reino de Dios. Esta es un tipo especial de lugar – ni aquí ni allá, en nosotros o entre nosotros pero uno que es una experiencia que simplemente y misericordiosamente es.

Por lo tanto, la conversación no es hablar a o pensar sobre sino vivir con y manteniendo compañía con Dios. Y así, está en su máximo en profundo silencio. En silencio no estamos tratando de ver a Jesús resucitado, porque entonces, como extraños, nosotros siempre fallaremos en reconocerlo. Pero cuando lo estamos viendo en la misma mirada de amor como la que el nos ve, entonces lo reconocemos mientras somos llevados al auto-conocimiento pleno.

La resurrección nos muestra el camino que necesitamos (y queremos) para seguir la conversación con el mismo silencio. (‘Nada se parece tanto a Dios como el silencio’, los místicos nos dicen). Comenzar esta conversación es activar la semilla de la contemplación plantada al nacer, nuestro acto original de la existencia. Por lo tanto, cada seguidor de Jesús es llamado a ser contemplativo, así como cada cónyuge es llamado a pisar una unión más profunda. Los niveles de silencio – de lengua, cuerpo, mente y corazón – son los grandes hitos de la vida y – para el mediador – este es uno de los viajes de nuestra práctica diaria. A medida que estos niveles se vuelven más profundos nosotros nos volvemos más simples y más infantiles. Un día incluso aprendemos como jugar el juego de la vida, una vez más con alegría ilimitada.

Para el Cristiano contemplativo la oración no es, en esencia, hablar con Dios, o pensar acerca de Dios. Es acerca de entrar en una conversación silente con Dios a través de la mente de Cristo. No es acerca de oponer nuestra voluntad a la voluntad de Dios o negociar un acuerdo sobre nuestras diferencias de opinión acerca de loa que es bueno para nosotros. Se trata de una entrega activa, de corazón a la voluntad de Dios que conoce nuestras necesidades con un amor íntimo y único porque Él es parte de nuestra humanidad, compartiendo con todas nuestras heridas y complejidad.

Como Cristianos de nuestro tiempo esta clase de lenguaje puede hablar mejor a aquellos que ya han comenzado la conversación con silencio. Pero para muchos otros todavía puede sugerir una imagen de un ‘Dios personal’ que es sospechoso e incluso ofensivo. Es verdad que esta imagen de Dios puede ser abusada. Personal, en términos humanos, también puede significar celoso, posesivo y controlador. Es una imagen que las personas religiosas en las tres religiones hermanas de la Palabra, todas nacidas en la misma zona conflictiva y violenta del mundo, a veces las reclaman como su propiedad exclusiva. Torcido fuera de su verdadero significado en el silencio de la gran paz, la idea de un Dios personal nos puede infantilizar, convertirse en una fuente de opresión en las estructuras de poder de la riqueza y política e incluso una justificación para la matanza de inocentes.

Aún así todavía es el más grande de los regalos – provisto que sepamos como compartirlo.

Un gobernante Taoísta una vez dijo uno debe gobernar un imperio de la misma manera que cocinas un pequeño pez. (En una de las grandes apariciones de la Resurrección por el Mar de Tiberíades, Jesús hizo precisamente esto). En otra sabia historia Taoísta la tripulación de un barco grande vio una pequeña embarcación de vela navegando directamente en su camino. Se inclinó hacia un lado y gritaron insultos a aquellos en el barco que se acercaba. Entonces ellos se dieron cuenta que la pequeña embarcación estaba vacía y se quedaron en silencio.

Vacío y silencioso como la tumba de Jesús el domingo en la mañana, el nuevo día de reposo. La tumba vacía se registra en cada una de las perspectivas de los Evangelios sobre la Resurrección. Encontrarla vacía perturbó y mistificó a los discípulos, y María lloró. Aún así vacío es el correlativo de plenitud. Son opuestos y sin embargo realizan la misma función en la gramática del significado. La kénosis divina, o auto-vaciado, produjo la encarnación de Dios en la cual la plenitud de la divinidad fue capaz de morar encarnada. No podemos reconocer al Jesús resucitado a menos que hayamos buscado en o entrado la tumba vacía de nuestro propio corazón. Puede sonar a teología metafísica pero está probado en nuestra psicología humana y en la experiencia diaria, incluyendo la práctica diaria de meditación, de la pobreza de espíritu. En cuanto a los marineros burlones en el gran barco (de la razón) el descubrimiento del vacío en la pequeña embarcación nos lleva al silencio.

La pregunta obvia supuestamente representaba a la vez a Buda – ¿Qué obtienes de la meditación? – es mejor respondida por ‘nada. Pero pierdo mucho.’

Hoy en día necesitamos cultivar esta cualidad de vacío y silencio si vamos a sobrevivir las imposibles contradicciones sobre las que hemos construidos nuestro mundo. Estas contradicciones nos atormentan y nos amenazan – la riqueza irresponsable y la interminable explotación de la tierra, comunicaciones sin parar y la creciente soledad, lujos y el aumento de la ansiedad. El valor perenne de la sabiduría de la contemplación ha sido ahogada por una compulsión para poner valores utilitarios o comerciales en todo donde una etiqueta de precio es relevante o no. Hacer esto distorsiona el valor de todo. Un joven abogado me dijo recientemente como la firma de abogados donde el trabajaba estaba sistemáticamente exprimiendo a la humanidad de sus trabajos reduciendo cada quince minutos del día a una lotería facturable; incluso tenía que justificar sus visitas al baño. Al final de tal proceso no encontraremos vacío, el cual es correlativo de plenitud, sino con una nada y el vacío de sentido.

‘Recuerdo de Dios ciertamente trae consuelo a todos los corazones’, dice el Corán. La base para la forma dhikr de oración en el Islam es la repetición interior de frases cortas o de los Nombres de Dios. Su significado es permanecer en la presencia consciente de Dios mientras realizamos las acciones más ordinarias del día, como levantarnos de la cama o caminar. De la misma manera, John Cassian instó a los monjes del desierto, y a nosotros sus sucesores, a recitar su fórmula, o mantra, mientras realizaban cualquier tipo de trabajo o servicio, o en un viaje, respondiendo a los llamados de la naturaleza, mientras duermen y se despiertan. Así que, en lugar de ser una práctica esotérica para la élite espiritual la oración del corazón se dirige a todos de una manera simple y ordinaria. Es una manera inmediata, sin mediación de experimentar ese vacío, es el camino hacia la plenitud de Dios. En esta encarnada espiritualidad de la vida cotidiana, donde una disciplina contemplativa llega a ser realmente parte de nuestra vida y conecta los niveles de la superficie y profundidad de la conciencia, descubrimos que el aprendizaje y la vida son los mismos.

Recordando. Espiritualmente, éste no es un ejercicio nostálgico. Ni siquiera es primeramente sobre el pensamiento del pasado. Es traer la esencia más significativa de los eventos que primero sucedieron en el pasado al presente y haciéndolas presentes ahora. El término teológico para esto es anamnesis (‘haced esto en memoria mía’). EN el vocabulario médico, la palabra se refiere al recuerdo completo y preciso de su condición por el paciente. Espiritualmente significa recapitular nuestro pasado en el presente.

No hay miedo más grande que el miedo a olvidar. En la demencia, el cónyuge íntimo de la persona sufriendo de esta muerte cerebral en el que uno ha amado durante toda una vida, ver a su ser querido progresivamente desvanecerse de la realidad y retirarse. Un muy profundo acto de amor es necesario para quedarse re-cordado para alguien que está aparentemente perdiendo incluso su recuerdo de ti mientras ellos se des-miembran. El amor perfecto por si sólo puede echar a este miedo. Para lidiar con este inevitable desvanecimiento de la memoria – que comienza tan pronto como la memoria empieza a funcionar – necesitamos entender el presente como algo más que el tiempo mostrado en un reloj digital.

Pascua significa la experiencia de la presencia, la continuidad de la presencia real en la cual nosotros estamos mutuamente, recíprocamente, presentes entre sí y en el nivel más profundo con Dios. Como Jesús estaba presente para el Padre y el Padre para él, él estuvo presente para nosotros dibujando humanidad en la presencia más íntima de Dios a Él mismo lo cual tratamos de describir como la Trinidad. En esta omnipresente presencia, pasado y futuro se encontraron. El miedo de olvidar, de la muerte misma, se desvanece. La experiencia de vida en la plenitud desbordante la cual, como niños, somos capaces de disfrutar en ocasiones, vuelve con toda su fuerza.

Antes de Pascua este año dejamos partir a Eileen Byrne, un miembro querido y profesora en nuestro Reino Unido y comunidad mundial. La conocí por primera vez cuando era miembro de la comunidad laica en al primer Centro de Meditación Cristiano en Londres. Era un importante vínculo con la fundación de la comunidad de Montreal y luego se convirtió en Director del Centro en Londres. Ella era la quintaesencia Inglesa pero también era una ciudadana del mundo y llena con una curiosidad artística y cultural insaciable. Cuando estuvimos en Montreal ella una vez me llevó, siendo todavía un monje en formación , al campo y a un muy activo campamento juvenil diocesano que más bien me horrorizaba ir. Mientras ella se alejaba me gritó en una voz alta: ‘Laurence, recuerda que usted es un contemplativo!’ Eileen, yo trato …

Que ella descanse en la gran paz y que todos aquellos cuyos caminos ella suavizó hacia el conocimiento contemplativo del resucitado Jesús agradezca a Dios por el regalo que ella ha sido para todos nosotros.

Con mucho amor,

Laurence Freeman OSB

* Artículo reproducido con el debido permiso de WCCM. WCCM no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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