¿La meditación es realmente parte de la tradición Cristiana?

Recientemente una de las preguntas que me llegaron por medio de la página web fue de una persona, que estaba atraído por la meditación y la enseñanza de John Main y Laurence Freeman. El sabía que John Main encontró esta manera de orar en los escritos de John Cassian en el siglo 4to. Y aceptó que los ermitaños del desierto meditaban. Pero no podía encontrar ninguna evidencia para esta manera de orar en las Escrituras que el amaba y había estudiado durante muchos años.

Tiene razón en que no hay un pasaje que diga claramente que la meditación como fue practicada en el desierto también era una de las maneras de oración que los discípulos usaron. Pero los Padres y Madres del Desierto, que fueron al Desierto – como lo había hecho Jesús – buscando silencio y soledad, basaron sus maneras de vivir y orar en Su ejemplo y enseñanza. No hubieran hecho nada en sus vidas y oración a menos que fuera parte de la enseñanza de Jesús. Tradición no individualismo era el aspecto de vida importante en esos primeros siglos. Todos los elementos esenciales de la oración contemplativa, a lo que nos conduce la meditación, los encontramos que aparecen en las Escrituras: la soledad, el silencio, la quietud, el estado de alerta, repetición de una oración o frase de una oración con fiel atención cuidadosa, dejando así todos los otros pensamientos atrás y manteniéndonos en el momento actual, llevándonos a la interioridad y a un sentido de unión.(Ver p.202-204 Jesús el Maestro Interior)

Encontramos estos énfasis también en el consejo sucinto de John Main: ‘Siéntate. Siéntate tranquilo y en posición vertical. Cierra tus ojos ligeramente. Siéntate relajado pero en estado de alerta. En silencio, interiormente comienza a decir una sola palabra. Recomendamos la frase de oración, Maranatha. Escúchala en la medida que la dices. No pienses o imagines nada espiritual o de otra manera. Si te llegan pensamientos o imágenes, estas son distracciones en el momento de la meditación, así que mantente simplemente diciendo la palabra. Medita de veinte a treinta minutos cada mañana y tarde.’

Cuando a Jesús le preguntaron sus discípulos como debían orar, el les enseñó lo que nosotros ahora conocemos como el ¨Padre Nuestro¨. En el arameo original, el cual era el idioma común en el Medio Oriente en los tiempos de Jesús, como lo resalta Laurence Freeman, “esta oración es una colección de frases cortas rítmicas. Las frases habrían sido memorizadas y repetidas frecuentemente e interiormente.” (p.201)

La versión que tenemos ahora es una traducción del arameo hablado al griego, luego al latín y finalmente al inglés. Esta serie de traducciones ha provocado la pérdida del ritmo y la riqueza de significado del arameo original. Pero no obstante, el recitar esta oración con total atención es muy efectiva. “Orar el Padre Nuestro requiere más que una repetición mecánica o canto de las palabras. Requiere atención plena … requiere atención a través de una repetición fiel que nos lleva a una quietud y visión.” (p.202) La atención es la cualidad más importante de la oración: ¨el entorno en que Jesús nos enseñó esta fórmula… hace hincapié en la atención como la cualidad primaria de toda oración.¨

Laurence Freeman destaca que en el Capítulo Seis del Evangelio de Mateo “[Jesús’] la enseñanza destila los elementos esenciales de la meditación. En primer lugar, el hace hincapié en como la oración debe tener sus raíces en la sinceridad del verdadero ser en lugar de la consciencia del ego: ‘Ten cuidado de no hacer un espectáculo de tu religión ante los hombres; Si lo haces, ninguna recompensa te espera en la casa de tu Padre en el cielo.’…. [luego él] recomienda la soledad e interioridad, la intimidad en silencio y el misterio oculto de la oración: ‘Cuando ores, ve a una habitación por ti mismo, cierra la puerta y reza al Padre que está ahí en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.’(p.202)

Esto dicho siempre me ha desconcertado ya que una habitación propia era algo que solamente los muy ricos tenían en los tiempos de Jesús. Pero luego leí la explicación de John Cassian: ‘Nosotros oramos en nuestra habitación cuando retiramos nuestros corazones completamente del ruido de cada pensamiento y preocupación y divulgamos nuestras oraciones al Señor en secreto, por así decirlo íntimamente. Oramos con la puerta cerrada cuando, con los labios cerrados y en silencio total, oramos al buscador no de voces sino de corazones, y todo tuvo sentido, como una descripción de la meditación, de la oración contemplativa.

Cuando repetimos la oración del Señor usamos muchas palabras y sin embargo es eficaz. En otra parte Jesús enfatiza la economía verbal en la oración: ‘No deberíamos ir ¨balbuceando¨ como los gentiles que piensan que mientras más dicen más probable es que los escuchen.’ (Matt 6:7/8)    Sabemos por Cassian que los eremitas del Desierto siguieron este consejo y usaron una frase de las Escrituras como su enfoque, el cual él llamó una ‘fórmula’. John Main simplificó esto incluso más y escogió ‘Maranatha’, como nuestra palabra de oración – es una de las oraciones de los primeros Cristianos y no nos lleva a pensamientos por asociación.

Pero más importante que todas las palabras sobre la oración contemplativa es el compromiso real a la práctica y la transformación subsiguiente: “Si la oración …no cambia al que está orando… algo esencial está faltando.” (p.205)

Autor: Kim Nataraja
* Artículo reproducido con el debido permiso de Weekly Teachings for Group Formation. Weekly Teachings for Group Formation no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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