La Navidad nos invita a no perder la fe y la esperanza

La Navidad es el tiempo que recordamos y celebramos el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén de Judea en los tiempos del emperador Octavio Augusto, pero más que recordar este acontecimiento de gran transcendencia en la historia de la humanidad es una invitación a que el Niño Jesús nazca en nuestros corazones que es el lugar donde realmente quiere nacer y al mismo tiempo nos invita a no perder la fe y la esperanza en Él aún en medio de las contrariedades en nuestras vidas.

Jesucristo nace en la más completa humildad y sencillez y no en un palacio en medio de la riqueza y la comodidad. El mismo Dios nació para demostrarnos el amor que nos tiene por lo que verdaderamente es un misterio el hacerse hombre porque Él: “Nacido de la Virgen María, es verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (Gaudium et spes,22).

En medio de la sencillez y de la contrariedad el pesebre se convirtió en ese momento en algo sagrado al tener al Salvador del mundo envuelto en pañales y el ángel anunciará esta gran noticia a los pastores quienes eras personas humildes: ”No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador que es el Mesías y el Señor” (Lc 2, 10-11); debemos tener en cuenta que Israel estaba atravesando por circunstancias históricas difíciles, pero el ángel al anunciar esta grata noticia está invitando a no perder el regocijo, la fe y la esperanza en el Señor, y que Dios está cerca de cada persona acompañándolo en medio de sus alegrías y de las adversidades diarias.

Por tales motivos, la Navidad es también una invitación para que el Redentor nazca en nuestros corazones y así su gracia pueda actuar en nosotros y vivir conforme a su voluntad, es una invitación para aceptar su plan de amor y salvación y que al igual que el Niño Jesús en medio de las circunstancias difíciles transformó el pesebre en algo sagrado, también puede transformar nuestra vida para que Él sea el centro de nuestra existencia para luego mediante la práctica de los valores cristianos transformar las dificultades en bienestar, justicia, progreso y paz.

Que esta Navidad aún en medio de las adversidades que podamos vivir, sea motivo de llenarnos de fe y esperanza en ese Niño que vino a traer la paz, la alegría y la salvación. Que el misterio del amor de Dios hecho Niño nos bendiga y transforme nuestras vidas en personas dignas y honestas en todo momento y así los ángeles puedan seguir cantando: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” (Lc 2,14).

  

Descargar como:  PDF |   Microsoft Word |   Texto Plano   –     Imprimir Artículo

Compartir
Artículo anteriorAnte el misterio del Niño
Artículo siguienteLectio Divina. Navidad
Pedro Reinado Bravo
Columnista de temas religiosos en medios católicos venezolanos.