La vida cotidiana y la oración

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“El monje típico del desierto vivía en una cabaña de piedras cubierta con ramas del oasis cercano. Dentro había una estera de caña por cama, una jarra de agua, en la que las hojas de palma eran empapadas para hacer las esteras y cuerdas de tejido, una piel de oveja para el frío de la noche, un puñado de guisantes o lentejas…. plantas comestibles y …. pimientas y alcaparras.” (Derwas Chitty El Desierto una Ciudad)

Ellos vivían en pequeños grupos, sus celdas a menudo construidas alrededor de un patio común, de manera que eran solitarios en comunidad. En el patio ellos plantaban palmeras datileras y olivos y en el área circundante trigo para hacer pan. Al cosechar sus alimentos, ellos no sólo cuidaban de sus propias necesidades, sino que estaban abiertos a las necesidades de otros. La Hermana Benedicta Ward, una reconocida erudita en el tema de los Padres y Madres del Desierto, observó que los ermitaños del Desierto fueron responsables por el substancial mejoramiento agrícola en el desierto que benefició la vida de los aldeanos comunes de los alrededores. El Abba Orr plantó un pantano con árboles; el Abba Copres tuvo un pequeño bosque de de palmeras datileras en su jardín ermita; otro plantó trigo y lo distribuyó entre los aldeanos cercanos. Como se puede ver estos ermitaños no se aislaban ellos mismos, sólo preocupándose por su propio progreso espiritual. Los frutos de su oración ‘pura’ los llevaron a cuidar de las personas y del ambiente a su alrededor.

A pesar de que ellos comían con moderación oímos muchos de los dichos instar a la moderación: “Nuestro Santo y más ascético Maestro declaró que el monje debería siempre vivir como si fuera a morir en la mañana, pero al mismo tiempo él debería tratar a su cuerpo como si él fuera a continuar viviendo por muchos más años por venir.” (Evagrius citando Macarius)

Para comprar cualquier otra cosa que se necesitara, ellos tenían que ganarse la vida tejiendo esteras, cuerdas y cestas, tejiendo lino y trabajando en el campo como jornaleros. Estas fueron comunidades de personas laicas, en general no muy diferentes a los grupos Cristianos de Meditación alrededor del mundo. El énfasis de sus vidas estaba en la oración y el trabajo; la liturgia desempeñó un papel menor. La influencia del clero llegó mucho más tarde. Ellos recibieron sus enseñanzas y reglas de vida de los Ancianos Abbas y Ammas, alrededor de quienes ellos se congregaban. Los Ancianos, de hecho, resistieron convertirse en Sacerdotes u Obispos, lo cual no es sorprendente teniendo en cuenta los antecedentes de los cambios en la Iglesia desde Constantino.

Los Abbas y Ammas no eran sólo buscados por sus compañeros ermitaños y aspirantes sino también por todos a lo lejos y ancho. Sus vidas de oración los mantuvieron abiertos a las necesidades y preocupaciones de otros donde sea que vivieran. A menudo, a ellos les pedían ser los árbitros y mediadores en disputas, ya que su consejo era visto como objetivo. Algunos, como Evagrius, y el propio Antonio, incluso iban a Alejandría a defender el Cristianismo y participar en disputas con filósofos paganos.

La guía más importante que los ermitaños aspirantes recibieron fue en la oración. Durante el día habían tres períodos establecidos de oración: la tercera hora, la sexta hora y la novena hora. (9.00 am, 12.00 pm and 3.00 pm respectivamente) y en la noche:  “En cuanto a dormir en la noche, oramos dos horas comenzando por la tarde, contando desde la puesta del sol en adelante. Y después que haber alabado a Dios, duerme por seis horas. Luego levántate para la guardia nocturna y pasa las restantes cuatro horas en oración. En el verano haz lo mismo; con las horas acortadas y un menor número de salmos, sin embargo, debido a lo corto de las noches.” (Abba Poimen)

La disciplina de oración y trabajo – ora et labora – nos recuerda la Regla de San Benito, quien fue un gran admirador de las Conferencias de Juan Cassian. Pero afortunadamente para los monjes Benedictinos, John Cassian había suavizado las enseñanzas que él había recibido en el desierto para el momento en que él las escribió para los dos monasterios que fundó – uno para hombres y uno para mujeres. Debo decir que me siento aliviado que John Main a su vez adaptó las enseñanzas de John Cassian a las vidas de los hombres y mujeres comunes de nuestros tiempos, solamente alentándonos a meditar dos veces al día – quizás tres veces, cuando las circunstancias lo permiten – pero nos permite tener una noche ininterrumpida.!

Salmodia, el canto de los salmos, probablemente acompañado por música, era un ingrediente importante de su culto diario, ya sea en comunidad, solos o en el trabajo. Ellos los sabían de memoria, y los recitaban la mayoría de ellos cada 24 horas. No es de extrañar que tengamos el siguiente dicho: “Algunos Ancianos vinieron a ver al Abba Poimen para preguntarle, “Si vemos a algunos hermanos dormitando en la congregación, ¿Usted quiere que los reprendamos para que se mantengan despiertos?” Él les dijo, “Por mi parte, cuando veo a un hermano adormitado, yo colocó su cabeza en mi regazo y lo dejo descansar.”

A pesar del lo dicho arriba ellos oraban en el conjunto de pie, mirando hacia el este. Ellos a menudo hacían postraciones, especialmente después del canto los salmos: “Ponte de pie y ora y haz una metanoia (postración), mientras dices: ‘Hijo de Dios, ten piedad de mí.” (Abba Nau)

Las Escrituras eran muy importantes para ellos; se leían en voz alta en reuniones semanales, llamadas ‘sinaxis’. La atención total en estos tiempos era considerada esencial: “El Anciano dijo: “¿Dónde estaba tus pensamientos, cuando estábamos diciendo la sinaxis, que la palabra del salmo se te escapó? ¿No sabes que estás parado en la presencia de Dios y estás hablándole a Dios?” No sólo ellos tenían que conocer las Escrituras de memoria, se hizo hincapié en aplicar las lecciones aprendidas a la vida diaria: “Lo que sea que hagas, hazlo de acuerdo con el testimonio de la Sagrada Escritura.” (San Antonio)

Incluso durante el trabajo, ellos repetirían su frase de la oración y después del trabajo cuando ellos estaba en sus celdas, ellos continuaban participando en sus oraciones privadas e interiorizando las Escrituras a través de la meditación – la repetición solitaria de una pasaje de las Escrituras sin reflexionar sobre el significado. En esta cultura oral esta repetición era realizada en voz alta: “Lo hemos escuchado meditando.” Dijo el Abba Amoun sobre el Abba Achilles.

Nosotros tampoco reflexionamos sobre el significado de nuestra palabra de oración Maranata durante la meditación – dejando atrás los pensamientos – sino dilo en silencio fielmente en nuestra mente.

Autor: Kim Nataraja
(Extracto del Capítulo de Kim sobre La tradición del Desierto en el Viaje al Corazón)

* Artículo reproducido con el debido permiso de WCCM Weekly Teachings. WCCM Weekly Teachings no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

 

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