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Fecha impresión: 17/09/2019 12:28:34 2019 / +0000 GMT

Autor: Pedro Reinado Bravo

Las siete palabras de Cristo en la Cruz




El Viernes Santo es día de dolor porque Cristo fue apresado, juzgado, condenado y torturado para luego cargar la cruz hacia el Calvario y posteriormente ser clavado en ella donde agonizó durante tres horas para morir para la redención del mundo, pero también el Viernes Santo es día del amor porque con su muerte en la cruz Jesucristo salvó a la humanidad del pecado y la muerte y nos dio nueva vida por su gracia y perdón.


Durante el tiempo en que Nuestro Señor estuvo clavado en la cruz pronunció siete breves palabras de grandes significados, por lo que cada una tiene un valor inmenso que nos ayudan y guían en nuestro caminar en la fe cristiana en el día a día de nuestra existencia, esta siete palabras son:


La primera: “PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” (Lc 23, 34). Cristo en medio del sufrimiento pide al Padre que perdone a todos aquellos quienes lo entregaron a las autoridades, aquellos quienes lo torturaron, se burlaron y lo llevaron injustamente a la muerte en cruz. En esta primera palabra Nuestro Señor no pierde su confianza en el Padre, sino que en su infinito amor le pide que tenga misericordia y de esta manera nos enseña que también nosotros debemos perdonar a quienes nos hacen daño, como muy bien lo menciona en la oración del Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.


La segunda palabra es: “EN VERDAD TE DIGO QUE HOY MISMO ESTARÁ CONMINGO EN EL PARAISO” (Lc 23, 43). Nuestro Señor es crucificado en medio de dos malhechores, uno a su izquierda y otro a la derecha, uno lo insulta, pero el otro reprende a su compañero diciéndole que lo que están pasando es justo por los delitos que cometieron y defiende a Cristo y le pide que se acuerde de él cuando esté en su reino, y Jesucristo le promete que estará con Él en el paraíso. En esta segunda palabra Nuestro Señor nos enseña nuevamente el valor del perdón cuando hay verdadero arrepentimiento y propósito de conversión.


La tercera es: “MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO. AHÍ TIENES A TU MADRE” (Jn 19, 26-27). La Santísima Virgen sufre en su condición de madre la pasión y muerte de su Hijo para la salvación del mundo, y en medio del dolor recibe la misión de ser madre de toda la humanidad, misión que cumple con verdadero amor guiándonos a su Hijo Jesucristo y al mismo tiempo colaborando con Él en su obra para la salvación del mundo invitándonos en todo momento al arrepentimiento de nuestros pecados y a la conversión.


La cuarta palabra: “DIOS MIO DIOS MIO ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?” (Mt 27,46). Jesucristo en medio de su padecimiento grita el inicio del salmo 22 porque en su condición humana necesita de la oración para expresar su sufrimiento y desolación en ese momento tan crítico de la muerte y en unas condiciones lamentables, pero lo enfrenta para llevar a cabo la obra de la salvación del mundo. Esta palabra nos enseña que en los momentos difíciles de la vida no debemos perder la fe en Dios porque nunca nos abandona y por eso es necesaria la oración.


La quinta palabra: “TENGO SED” (Jn 19,28). Cristo en medio de su agonía sufre también la deshidratación debido a la pérdida de sangre originada por la flagelación, la coronación de espina y el cargar la cruz, y por tales motivos tiene sed corporal, pero también esta palabra nos invita a tener en todo momento sed de Dios, de buscarlo, cumplir su voluntad y que sea el centro de nuestra vida.


La sexta es: “TODO ESTÁ CUMPLIDO” (Jn 18,30). Sintiendo la cercanía de la muerte, el Señor le dice al Padre que su misión de salvar al hombre del pecado está cumplida. Esta palabra nos enseña que Dios tiene para cada uno de nosotros una misión que debemos cumplir en nuestra vida terrenal, y que por medio de la fe y aceptando su voluntad podemos y debemos llevar a cabo la misión que nos tiene encomendada y en el momento de la muerte poder decir está cumplido.


La séptima palabra es: “PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lc 23,46). Jesús entrega su alma al Padre en profunda paz después de haber cumplido su misión en el mundo terrenal. Esta palabra nos enseña que debemos consagrar nuestras vidas a Dios, de cumplir su voluntad en todo momento para que en la hora de nuestra muerte podamos decir en paz a Dios en tus manos encomiendo mi espíritu.


Que esta siete bellas palabras pronunciada por Cristo desde la cruz sea motivo de una verdadera reflexión para poder conmemorar dignamente su pasión y muerte, y así prepararnos para celebrar la pascua de su resurrección mediante una auténtica conversión a Dios.

Fecha del artículo: 2019-04-11 12:00:29
Fecha del artículo GMT: 2019-04-11 12:00:29

Fecha modificación: 2019-04-11 12:00:29
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