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Fecha impresión: 18/09/2018 16:05:17 2018 / +0000 GMT

Autor: P Damian Naninni

Lectio Divina


DOMINGO XXIII DURANTE EL AÑO – CICLO "B"


Primera Lectura (Is 35,4-7a):


El capítulo 35 de Isaías, manteniendo el tono apocalíptico propio de la sección denominada “Apocalipsis menor” (Is 34-35), promete el regreso de los exiliados a Sión en un clima de alegría y regocijo. Hay una certeza de fe que permite recobrar el ánimo y vencer todo temor: el mismo Señor viene a salvarnos (Is 35,4). Y los signos y efectos de esta venida salvadora del Señor son la curación de los ciegos, sordos, paralíticos y mudos. Estos milagros físicos tienen un sentido espiritual en el mismo Isaías pues el profeta ha denunciado la parálisis de los israelitas que no quieren volver y su resistencia a escuchar la Palabra de Dios que les permitirá ver y confesar la obra que el Señor está llevando a cabo en favor de ellos.


Evangelio (Mc 7,31-37):


            Esta vez el texto comienza dándonos una indicación geográfica de los desplazamientos de Jesús. Los lugares nombrados (Tiro, Sidón, Decápolis) tienen en común que no pertenecen a Israel sino que son territorios habitados por paganos, por no israelitas. De aquí podemos deducir con probabilidad que la persona curada por Jesús es un pagano. Con esto el evangelista Marcos sugiere la apertura del evangelio a los no-judíos y la misión de Jesús más allá de las fronteras de Israel[1].


Luego de ubicarnos, el relato cobra acción por cuanto le traen a Jesús un sordo que “habla con dificultad” (tal el sentido demogilálos, tartamudo más bien que mudo) y le piden que le imponga las manos.


            Puede ayudarnos a entender el sentido de esta enfermad otro texto de Marcos donde también un papá le lleva a Jesús su hijo sordomudo para que lo cure (cf. Mc 9,14-29). Si bien es cierto que este chico presenta también síntomas propios de epilepsia como las convulsiones, lo importante es que se identifica la causa del mal: "Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo" (9,17). Y Jesús lo libera del mal expulsando este espíritu impuro: "Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más" (9,25).


            En cuanto al gesto de imponer las manos como medio de curación parece ser algo común en aquella época. De hecho, en el evangelio de Marcos se hace referencia a varias curaciones realizadas por Jesús mediante la imposición de sus manos (Cf. Mc 5,35; 6,2.5; 8,23-25).


            A pesar del pedido, el evangelista no dice que Jesús le impuso las manos al sordomudo, sino que “le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua” (7,33). Textos de la época reflejan también estos gestos como terapéuticos o curativos, en particular el uso de la saliva. Pero junto a estos gestos de Jesús, y más importantes que ellos, están la mirada al cielo, el suspiro profundo y la palabra aramea “effatá”: ¡ábrete! Este clima de oración, de invocación del poder de Dios, lo distancian de cualquier alusión a lo mágico. Además, es la palabra autorizada de Jesús la que obra finalmente y de modo instantáneo el milagro: se le abren los oídos, se le suelta la lengua y puede hablar correctamente (7,35).


            El final del relato se entiende en el marco del "secreto mesiánico" característico de san Marcos. De hecho Jesús había llevado aparte al sordomudo para curarlo y ahora les pide que no divulguen lo sucedido. Pero esta prohibición, al igual que en otras ocasiones, no puede impedir que la gente se maraville y lo proclame (verbo keryssō de dónde deriva kerygma).


La expresión de la gente que cierra el relato: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (7,37) recuerda el texto de Is 35,5 que la liturgia nos trae como primera lectura de hoy; y tal vez remita también a Gn 1,31 que valora como muy buena la obra creadora de Dios. Como bien comenta J. Gnilka[2]: "La alabanza presenta la interpretación teológica del milagro. Mediante la actividad de Jesús se renueva la creación caída. En esa actuación de Jesús se hace presente la redención mesiánica anunciada por los profetas".


ALGUNAS REFLEXIONES:


            La interpretación simbólica del milagro se ha impuesto en la exégesis del mismo; y con fundamento. En efecto, ya la profecía de Is 35,5 se refería principalmente a la sordera espiritual de Israel, es decir, a su cerrazón de corazón a la Palabra de Dios. Por ello el profeta anuncia que en un tiempo futuro Dios mismo abrirá los oídos del pueblo a su Palabra.


            A su vez tenemos que recordar la estrecha vinculación entre el escuchar y el creer, fundamental para la tradición judeo-cristiana, como bien lo sintetiza San Pablo: "la fe viene de la audición" (Rom 10,17).


            Por tanto, teniendo en cuenta todo esto más la referencia geográfica a las regiones paganas, el sentido del milagro es la apertura a la fe, la gracia de poder creer en Jesús; y habiendo creído, proclamarlo, anunciarlo.


Al mismo tiempo podemos ver en esta curación una referencia a un mal profundo y muy difundido hoy: la incomunicación entre las personas. La enfermedad de la sordera y la tartamudez siempre han tenido, pero más aún en aquella época, serias consecuencias sociales, en particular el aislamiento fruto de la incapacidad de comunicarse. El evangelio lo denota en la pasividad del enfermo quien es conducido como si fuera un paralítico. Por tanto, la curación obrada por Jesús, al darle la posibilidad de creer, lo libera del "aislamiento del yo" que lo tenía en cierto modo prisionero y que le impedía comunicarse (de hecho el texto griego habla de soltar o liberar una cadena de la lengua). Al respecto decía el Papa Benedicto XVI: “esta pequeña palabra "effatá-ábrete", resume en sí misma toda la misión de Cristo. Él se hizo hombre para que el hombre, que se ha vuelto interiormente sordo y mudo por el pecado, fuese capaz de escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que le habla a su corazón, y así se aprende a hablar a la vez, el lenguaje del amor, a comunicarse con Dios y con los demás. Por esta razón, la palabra y el gesto del "Effatá" han sido incluidas en el Rito del Bautismo, como uno de los signos que explican el significado: el sacerdote tocando la boca y las orejas del recién bautizado, dice: "Effatá", orando para que pronto pueda escuchar la Palabra de Dios y profesar la fe. Por el Bautismo, el hombre comienza, por así decirlo, a "respirar" el Espíritu Santo, a quien Jesús había invocado del Padre con esa respiración profunda, para curar al sordomudo”.


            Por su parte, decía el Papa Francisco en el ángelus del domingo 6 de septiembre de 2015: “Se evidencian dos gestos de Jesús. Él toca las orejas y la lengua del sordomudo. Para restablecer la relación con ese hombre «bloqueado» en la comunicación, busca primero restablecer el contacto. Pero el milagro es un don que viene de lo alto, que Jesús implora al Padre; por eso, eleva los ojos al cielo y ordena: «¡Ábrete!». Y los oídos del sordo se abren, se desata el nudo de su lengua y comienza a hablar correctamente (cf. v. 35). La enseñanza que sacamos de este episodio es que Dios no está cerrado en sí mismo, sino que se abre y se pone en comunicación con la humanidad. En su inmensa misericordia, supera el abismo de la infinita diferencia entre Él y nosotros, y sale a nuestro encuentro. Para realizar esta comunicación con el hombre, Dios se hace hombre: no le basta hablarnos a través de la ley y de los profetas, sino que se hace presente en la persona de su Hijo, la Palabra hecha carne. Jesús es el gran «constructor de puentes» que construye en sí mismo el gran puente de la comunión plena con el Padre.


Pero este Evangelio nos habla también de nosotros: a menudo nosotros estamos replegados y encerrados en nosotros mismos, y creamos muchas islas inaccesibles e inhóspitas. Incluso las relaciones humanas más elementales a veces crean realidades incapaces de apertura recíproca: la pareja cerrada, la familia cerrada, el grupo cerrado, la parroquia cerrada, la patria cerrada… Y esto no es de Dios. Esto es nuestro, es nuestro pecado”.


El Cardenal Martini ha escrito en su tiempo una carta pastoral sobre el tema de la comunicación y ha tomado como texto base el evangelio de este domingo. Justamente refiriéndose al sordomudo dice: "En este hombre que no sabe comunicarse y es lanzado por Jesús en el vórtice gozoso de una comunicación auténtica, podemos leer la parábola de nuestra difícil comunicación interpersonal, eclesial, social"[3]. Más adelante se pregunta por la raíz profunda de la incomunicación que nos lleva a ser una sociedad con una muchedumbre de soledades; y su respuesta es que en el fondo "se esconde una codicia y una concupiscencia de poseer al otro, como si fuera una cosa en nuestras manos para armar y desarmar a nuestro antojo, lo cual deja ver el ansia oscura de dominio"[4]. Ante esta realidad, la propuesta del Cardenal Martini es escuchar y contemplar a Dios, quien al comunicarse, nos hace capaces de comunicarnos. Sus palabras, entre muchas, son: "No hay nada que cure tanto el corazón como la contemplación de la comunicación divina en sus diversas formas […] Es Dios mismo quien viene a nuestro encuentro: él es comunicación, es capaz de sanar nuestros fracasos de comunicación y de llenarnos de la gracia de un flujo relacional sano y constructivo […] Toda la Biblia puede leerse, pues, como la historia del diálogo entre Dios y los hombres y de los hombres entre sí […] La escucha creyente de la Palabra de Dios libera y unifica. Une también entre sí a aquellos que escuchan la misma Palabra, produciendo experiencias de auténtica comunicación"[5]. Para este mes de la Biblia, vale.


            Para cerrar, nos parece magistral la síntesis de H. U. von Baltasar[6]:


"En el evangelio de hoy Jesús cura a un sordomudo. Está claro que para él no se trata solamente de un defecto corporal, sino de un símbolo del pueblo de Israel (que representa a toda la humanidad): Israel es, como dijeron a menudo los profetas, sordo para la palabra de Dios, y por tanto incapaz de dar una respuesta válida a la misma. Jesús no hace milagros espectaculares, por eso aparta al sordomudo del gentío: busca un delicado equilibrio entre la discreción (frente a la propaganda del mundo) y la ayuda que debe prestar al pueblo. Los dos tocamientos corporales (en los oídos y en la lengua) constituyen el preludio del momento solemne en que Jesús levanta los ojos al cielo – todo milagro de Jesús es una obra del Padre en él – y lanza un suspiro, que indica que está lleno del Espíritu Santo; esta plétora trinitaria muestra bien a las claras que en la orden «ábrete» resuena una palabra que no solamente produce una curación corporal, sino un efecto de gracia para Israel y la humanidad entera".


            En fin, el evangelio de este domingo, con la curación de un sordo mudo, nos ofrece la posibilidad de meditar sobre un tema tan vital como es el de la comunicación, tanto entre nosotros como con Dios. Se nos invita a tomar conciencia de que Dios ha roto el silencio y se ha comunicado con nosotros. Ser creyente, tener fe, es primeramente aceptar que Dios nos ha hablado y nos sigue hablando; que Dios ha tomado la iniciativa de comunicarse con nosotros para iniciar un diálogo de amistad. Porque nos hacemos amigos de alguien escuchando y hablando, compartiendo la vida. Y Jesús busca esto con nosotros cuando nos habla a través de los evangelios y de la vida. Pero puede sucedernos lo mismo que le pasó al pueblo de Israel a lo largo de muchos momentos de su historia: se comportó como un pueblo sordo, no escuchó la voz del Señor.


            Entonces Jesús, además de hablarnos, tiene primero que curarnos de nuestra sordera, sacarnos de nuestro aislamiento egoísta que nos incomunica con Dios y con los demás. Esta fue la experiencia de San Agustín al convertirse, y nos la cuenta en sus Confesiones, donde le dice a Dios: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo. Me retenían lejos de Ti todas las cosas, aunque, si no estuviesen en Ti, nada serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera. Brillaste y resplandeciste y pusiste en fuga mi ceguera. Exhalaste tu perfume y respiré y suspiro por Ti. Gusté de Ti y siento hambre y sed. Me tocaste y me abraso en tu paz.”


            Y no menos grave es la incomunicación que vivimos entre nosotros; pues aunque estamos en la era de los medios de comunicación con celulares, Whatsapp, Twitter, Instagram; sin embargo no vivimos una comunicación profunda y sincera con los demás. Por ello necesitamos que el Señor abra nuestros oídos; pero sobre todo nuestro corazón para una comunicación transparente con Dios y con nuestros hermanos.


PARA LA ORACIÓN (RESONANCIAS DEL EVANGELIO EN UNA ORANTE):


Hoy como nunca


Señor Jesús,
Te rogamos hoy como nunca,
Abre nuestros oídos, deja penetrar tu Palabra
Envuelve con el sonido de tu voz todo nuestro mundo
Impregna este tiempo de tu calma.


Apártanos de la multitud que ensordece los sentidos
Y sánanos, estréchanos en la intimidad del alma.
Tu cuerpo bendito renueve nuestra vida
Y nos libere por fin de la mentira…


Hoy es preciso salir de esta trampa
La que impone acomodarnos a este tiempo
Sin espacios comunes, sin lugares de encuentro
Tan cercanos al abismo, con rumbo incierto.


Haznos misión Señor, mensaje, palabra
Desata esta lengua inhibida por las propias heridas
Paralizada por la cobardía, la falta de ganas
Ten compasión una vez más…


Para alabarte, Hijo de Dios
El corazón se vuelva ardiente llama
Y te reconozcamos para siempre, Señor de los señores
Voluntad Eterna de Dios Padre, que nos diste filiación divina y humana. Amén


[1] Cf. J. Gnilka, El evangelio según San Marcos I, 346.


[2] El evangelio según San Marcos I, 347.


[3] C. M. Martini, Effatá. "Ábrete" (San Pablo; Bogotá 1995) 13.


[4] C. M. Martini, Effatá. "Ábrete" (San Pablo; Bogotá 1995) 28.


[5] C. M. Martini, Effatá. "Ábrete" (San Pablo; Bogotá 1995) 37. 45. 53. 86.-


[6]  Luz de la palabra. Comentarios a las lecturas dominicales (Encuentro; Madrid 1998) 190-191.

Fecha del artículo: 2018-09-08 15:02:03
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Fecha modificación: 2018-09-08 15:02:03
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