Lectio Divina

DOMINGO XXXIV DURANTE EL AÑO – CICLO “B”

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

Evangelio (Jn 18,33-37):

            El texto de hoy, dentro del relato mayor de la pasión, forma parte del proceso de Jesús ante Pilato que tiene lugar en el Pretorio o Palacio del Procurador (Jn 18,28-19,16). Esta sección está compuesta por siete escenas que se distinguen por los movimientos de lugar de Pilato y los cambios de interlocutores. En efecto, por fuera del pretorio se encuentran los judíos que han traído a Jesús para que sea juzgado por el Procurador romano Poncio Pilato. Por ser un lugar pagano y estar en las vísperas de la fiesta de Pascua los judíos no ingresan al pretorio para no contaminarse y poder así participar de la fiesta (cf. Jn 18,28); por lo que Pilato debe salir para hablar con ellos fuera. En cambio, Jesús está dentro del pretorio y allí tiene diálogos con Pilato y es afrentado por los soldados. Según varios estudiosos[1], el tema que domina toda esta sección es la realeza de Cristo.

En particular el texto que leemos este domingo constituye la segunda escena de la sección del proceso romano y tiene lugar dentro del pretorio; y el diálogo de Jesús con Pilato versa justamente sobre la realeza de Cristo.

            Notemos que en la primera escena de la sección (18,28-32) Jesús ha sido llevado por los judíos al pretorio, ante Pilato, a quien le dicen que se lo han traído porque piensan que es reo de muerte y ellos, según la ley romana, no pueden matarlo. Frente a este pedido, Pilato ingresa al pretorio e interroga a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”.

            El título “rey de los judíos” tiene un sentido y un alcance diverso según quién lo utilice. Para Pilatotiene fundamentalmente un contenido políticoy, por tanto, peligroso por cuanto se lo considera un rival del emperador. Para los judíosel título rey se aplica al Mesías esperado, al descendiente del rey David, cuya misión será restaurar el Reino de Israel con un sentido religioso y político intrínsecamente unidos. Es decir, el título “rey de los judíos” tiene para ellos un sentido terrenal e histórico, pero al mismo tiempo profundamente religioso.

            En cambio, como veremos a continuación, para Jesústiene un sentido diferente a estos dos anteriores. Por eso responde a Pilato preguntándole si el acepta por sí mismo que es rey de los judíos o habla por lo que otros le dijeron. Es decir, Jesús quiere saber si Pilato lo considera rey en el sentido exclusivamente político propio de la concepción romana, o en el sentido de un mesianismo religioso-nacionalista propio de los judíos. Por su parte, la respuesta de Pilato evade la cuestión y va directamente a los hechos: “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?” (Jn 18,35).

La respuesta de Jesús sigue explicitando el sentido de su realeza: “Mi Reino no es de este mundo…no es de aquí”. La prueba de ello es que los suyos no han recurrido a la violencia, al combate, para evitar que sea entregado en manos de los judíos. El texto griego habría que entenderlo como “mi Reino no vienede este mundo” (ek tou kósmou) significando así que la realeza de Cristo no se funda en los poderes de este mundo ni se inspira en ellos. Aunque el Reino de Dios es Su soberaníaen este mundo, se realiza de modo diverso a los poderes terrenales.

Sobre esto comenta X. León Dufour: “En su respuesta, Jesús afirma su basileía. El término griego no significa aquí «reino» o «reinado» (como en la expresión «reino de Dios»: Jn 3, 3.5), sino «realeza», la que ejerce el Hijo desde su venida al mundo. El sentido es claro en 18,37, donde se trata de una cualificación de la persona y del papel del mismo Jesús. El lenguaje es típicamente joánico: el origen (indicado con la preposición ek) determina la naturaleza de un ser. La realeza del Hijo proviene de más allá del mundo, pero se ejerce aquí abajo. Afecta a todos los hombres, como demuestra la segunda afirmación”[2].

Lo que Jesús dice aquí del Reino, que no es de este mundo (ek tou kósmou), ya lo había dicho antes de sí mismo y de los cristianos a lo largo del evangelio. Por ejemplo:

Jn 8,23:”Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo”.

Jn 15,19: Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, él mundo los odia.

Jn 17,14.16:Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo… Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Volviendo a la respuesta de Jesús, la misma deja en claro que la realeza de Jesús nada tiene que ver con el poder político y, por ello, los romanos nada pueden temer acerca de él. Y su realeza tampoco tiene que ver con la concepción de un mesianismo terreno como sostenían algunos judíos. Al parecer Pilato no llega a captar esta diferencia de sentido e insiste sobre la realeza de Jesús: “¿Entonces tú eres rey?”. La respuesta de Jesús, literalmente según el griego, es: “Tú dices que soy rey”. Por tanto, no se trata de una confirmación de la pregunta, como tampoco de una negación. Tal como sugiere lo que sigue, Jesús acepta ser reconocido como rey, pero no en el sentido que Pilato le da a la realeza. Recordemos que después de la multiplicación de los panes lo quisieron hacer rey Jesús huyó a la montaña (cf. Jn 6,15).

La segunda parte de la respuesta de Jesús es de una gran densidad teológica: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

En primer lugar, vemos con sorpresa que Jesús vincula su realeza con la verdad. Pero importa mucho notar que la verdad, como la realeza, tiene en el evangelio de Juan un sentido propio que no concuerda ni con la concepción común (la verdad como realidad) ni con la definición de los filósofos (el ser de las cosas). Para el evangelio de Juan, en la línea de la apocalíptica y la literatura sapiencial, la verdad es la revelación del plan divino de salvación. Como dice un gran estudioso de este tema, I. de la Potterie[3]: “La verdad no es el ser de las cosas, sino la manifestación, el descubrimiento del designio de Dios”. Por tanto, esta es la misión de Jesús en cuanto Verbo venido de Dios al mundo (cf. Jn 1). Y según el mismo de la Potterie, cuando en el prólogo del evangelio de Juan se dice por dos veces que el Verbo encarnado está “lleno de gracia y de verdad” (1,14.17) habría que traducirlo como “lleno de la gracia de la verdad”, por cuanto “hay un solo don que el Verbo trae a los hombres: la gracia de la verdad. Esta verdad es la revelación definitiva de Dios a los hombres por medio de su Hijo y en su Hijo. El hombre Jesús es la revelación total y revela lo que él es en su propio ser: Hijo del Padre. El don de la verdad es el Hijo unigénito que, en cuanto hombre, ha revelado al Padre […] Para Juan, ésta es la verdad: la revelación del misterio de salvación en Jesús, Hijo del Padre, la posibilidad para nosotros de convertirnos en hijos de Dios […] La misión de Jesús consiste en traer la plenitud de la revelación, dándose a conocer como Hijo de Dios”[4].

En la misma línea León Dufour dice que: “la realeza de Jesús no consiste, por tanto, en su dominio escatológico sobre las naciones de este mundo, como la presenta el libro del Apocalipsis, sino en que, por su palabra y por su presencia, el Hijo propone a los hombres el don de la comunión divina. Por eso, en este texto, la «verdad» no puede disociarse de aquel que ha venido al mundo para manifestarla. La «verdad» no es una teoría, sino una llamada que llega a las profundidades del hombre.”[5].

            ¿Qué significa la expresión que sigue: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”? En el evangelio de Juan “ser de la verdad” implica aceptar esta verdad, es decir, la revelación del Padre y de nuestra filiación divina en Cristo, creer en ella y dejar que nos ilumine, que por la acción del Espíritu Santo nos transforme en hijos. Quien vive esto, escuchará su voz, al igual que las ovejas del rebaño de Cristo, el buen pastor, escuchan su voz (10,4). En este capítulo 10 de Juan las ovejas que escuchan la voz de Cristo y lo siguen son la que forman la nueva comunidad congregada en torno a él. Por tanto, los que aceptan la revelación del Hijo, la verdad, escuchan su voz y se congregan en torno a él y de este modo se hace presente el Reino de Dios y Jesús ejerce así su realeza. Pero dejemos que nos lo explique De la Potterie[6]:

“En Juan, el conocimiento de la verdad se confunde con la fe […] La nueva comunidad en torno a Cristo es una relación existencial en las dos direcciones: él llama a los suyos y los suyos lo escuchan y él los reúne en torno a sí. Esta es la soberanía, la realeza de Cristo en la teología joánica. Esta realeza se funda en la verdad que él revela a los hombres. La única manera de entrar en este reino es abrirse a esta verdad, dejarse plasmar por ella. Cristo ejerce su propia soberanía sobre los suyos en la medida en que ellos se dejan recrear como hijos de Dios”.

ALGUNAS REFLEXIONES:

            El fin del año litúrgico obviamente nos invita a meditar sobre el fin de la historia y el juicio final; pero ante todo en esta fiesta se nos invita a dirigir nuestra mirada de fe a Cristo Rey y confesar su triunfo final y definitivo. Dado que la liturgia en este ciclo nos ha ofrecido el evangelio de Juan para iluminar la solemnidad de Cristo Rey, sería conveniente seguir su presentación de la realeza de Cristo.

            Según vimos, el tema de la realeza de Jesús es central en toda la sección del juicio ante Pilato y particularmente del texto de este domingo. Para el Card. Martini[7]la pregunta temática fundamental a la que quiere responder el texto se puede expresar de este modo: “¿cuál es la verdadera realeza de Cristo, si, cuando querían hacerlo rey, había huido, mientras aquí los hechos y las situaciones insistentemente lo proclaman rey?”.

La respuesta del cuarto evangelio es que Cristo reina en su Pasión, es rey ante todo en la cruz pues allí manifiesta a los hombres su libre entrega por amor al Padre. En la cruz da testimonio de la verdad del amor del Padre. El mismo Card. Martini[8]nos lo explica y lo aplica muy bien: “¿Qué significa Reino de Dios o Reino del Padre? Significa que Dios está en el centro de toda realidad y que toda la realidad está perfectamente ordenada bajo el dominio divino. Este es el Reino de Dios que Jesús vino a instaurar. Según la doctrina expuesta por Juan, este dominio se le da a Jesús precisamente en el momento en el cual él cumple el supremo servicio de caridad y de verdad. Se cumple también la palabra de Jesús acerca de la atracción. Jesús no reina dominando, esto es, extendiendo su influencia de persona a persona mediante un poder de lo alto, sino que reina atrayendo. Haciendo resplandecer en sí el amor de Dios por la humanidad desamparada. Jesús es capaz de atraer a sí a todo el que sepa leer este signo, es decir, a quien por medio de la mediación de la cruz sabe leer en la propia pobreza y desamparo – situación muy semejante a la del Hijo – la certidumbre de ser amado por Dios”.

            Al respecto decía Benedicto XVI[9]: “Cuando Jesús fue llevado a la cruz, los sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: “Es el rey de Israel; que baje ahora de la cruz y creeremos en él” (Mt27,42). En realidad, precisamente en cuanto que es el Hijo de Dios Jesús se entregó libremente a su pasión, y la cruz es el signo paradójico de su realeza, que consiste en la victoria de la voluntad de amor de Dios Padre sobre la desobediencia del pecado. Es precisamente ofreciéndose a sí mismo en el sacrificio de expiación como Jesús se convierte en Rey universal, como declarará Él mismo apareciéndose a los apóstoles tras la resurrección: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt28,18)”.

            En otras palabras: Jesús es rey, pero no al modo del mundo, y su reino no es de este mundo.Como bien comenta el Papa Francisco: “esto no significa que Cristo sea rey de otro mundo, sino que es rey de otro modo, y sin embargo es rey en este mundo. Se trata de una contraposición entre dos lógicas. La lógica mundana se apoya en la ambición, la competición, combate con las armas del miedo, del chantaje y de la manipulación de las conciencias. La lógica del Evangelio, es decir la lógica de Jesús, en cambio se expresa en la humildad y la gratuidad, se afirma silenciosa pero eficazmente con la fuerza de la verdad. Los reinos de este mundo a veces se construyen en la arrogancia, rivalidad, opresión; el reino de Cristo es un «reino de justicia, de amor y de paz» (Prefacio)” (Ángelus del 22 de noviembre de 2015).

Es decir, su soberanía no se funda ni se ejerce como en los poderes de este mundo. Y tampoco tiene la pretensión de ser un reino exclusivamente político-temporal. Todo esto es tentación. Como bien reconoce I. De la Potterie: “Esta tentación del poder temporal ha perdurado en el transcurso de la historia de la Iglesia. Ésta no se encuentra, ciertamente, en la línea del evangelio, pero esto no significa que todas las instituciones hayan de desaparecer y la Iglesia deba permanecer exclusivamente carismática. No, pero debe ser, en todo caso, ¡una Iglesia pobre y con espíritu de servicio!”[10].

            En síntesis: Jesús, su reinado y la vida que comunica a los discípulos es de orden trascendente, no puede reducirse a algo exclusivamente terrenal, humano o mundano.

            Siguiendo la propuesta del evangelio según san Juan también podemos decir que Jesús es rey en cuanto da testimonio de la verdad, esto es, del designio amoroso del Padre que quiere a todos los hombres como hijos suyos y hermanos entre sí.

En otros términos, el Reino de Cristo se hace presente en la medida que los hombres creen/aceptan/reciben la paternidad de Dios revelada por el Hijo Jesús y se dejan transformar en hijos de Dios y hermanos de los hombres.

Se trata, por tanto, de un Rey y de un Reino que hay que recibir porque vienen de Dios, en el que hay que creer/aceptar para que se haga presente. Pero también es un Reino que hay que extender porque, si bien no es de este mundo en cuanto a su origen y fuerza, está destinado al mundo por cuanto el mundo es llamado a aceptar la soberanía del amor del Padre revelado en Cristo. Vale decir que la vocación del mundo es el Reino de Dios. Este reino de “la verdad y la vida, la santidad y la gracia, la justicia, el amor y la paz” es el proyecto de Dios para los hombres y sólo se hará realidad en la medida en que los hombres aceptemos la soberanía de Cristo. Por eso los cristianos no podemos desentendernos del mundo ni pretender realizar el Reino al margen del mismo.

Sobre esta dimensión social del Reino de Dios dice el Papa Francisco en EG n° 180:

“Leyendo las Escrituras queda por demás claro que la propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación personal con Dios. Nuestra respuesta de amor tampoco debería entenderse como una mera suma de pequeños gestos personales dirigidos a algunos individuos necesitados, lo cual podría constituir una «caridad a la carta», una serie de acciones tendentes sólo a tranquilizar la propia conciencia. La propuestaes el Reino de Dios(cf. Lc4,43); se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Entonces, tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino: «Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura» (Mt6,33). El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre; Él pide a sus discípulos: «¡Proclamad que está llegando el Reino de los cielos!» (Mt 10,7)”.

Y en EG n° 181 dice: “La verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, siempre genera historia”.

En conclusión: el Reino de Dios debe extenderse con la misma motivación, las mismas actitudes, la misma finalidad y el mismo contenido con que Jesús lo hizo presente. Y esto no es otra cosa que la caridad en la verdad.

ORACIÓN A CRISTO REY

Jesucristo, Dios y hombre verdadero, te adoro Rey de amor en la Eucaristía y te pido me concedas cada día más vivos sentimientos de fe, de esperanza y de caridad, para corresponder al beneficio de haberte quedado con nosotros.

Quiero adorarte como Rey de la naturaleza, uniendo mi voz al himno que te cantan la luz de los astros, la voz de los mares, la alegría de todos los seres que tu mano paternal sustenta.

Quiero adorarte como Rey de la gracia, por la plenitud que concediste a tu Madre, la Inmaculada Virgen María.

Te adoro también como Rey de la gloria y te pido que todos vivamos en unidad de alma y corazón, para que te cantemos en el cielo. Amén.

(Publicada en el Calendario Devocionario Católico 2009, Parroquia Ascensión del Señor de la Arquidiócesis de Cali- Colombia)

PARA LA ORACIÓN (RESONANCIAS DEL EVANGELIO EN UNA ORANTE):

Verdadero Rey

Verdadero Rey,

Triunfo de Dios Padre

La humanidad toda se rinde a tus pies

Y se conmueve por tu grandeza y tu poder

¡Quién pudiera elevar el corazón para darte su amor!

No soy de tu raza Señor

Tantas veces estoy fuera de tu Vida

Soy tu juez, tu verdugo, tu testigo y tu mendrugo

Dejarme comer yo quiero como vos:

¡Triturado Servidor!

Y en ese Trono Único,

Clavado Dios, sujeto a una madera aún hoy

Derramas tu sangre en un altar y tu cuerpo nos das

Sin reclamo, y en silencio te rindes como esclavo

¡La obediencia es tu salario!

No esté sordo mi oído

A la voz del Rey de los mendigos

Sin temor vea tu rostro como el de tantos heridos

Y me abaje con vergüenza a lavarte los pies

¡Como un padre con sus hijos!

Gloria al creador del universo

Espacio hecho de Amor, esperanza y paraíso

Reinas allí victorioso y nos preparas de nuevo

El lugar para habitar en lo eterno

Adonde nos anima el Espíritu. Amén.

[1]Nos referimos en particular a I. de La Potterie, La Pasión de Jesús según San Juan(BAC; Madrid 2007) 55-89; a quien seguiremos de cerca en el análisis de nuestro texto. De semejante opinión es C. M. Martini, El Evangelio de Juan. Ejercicios espirituales sobre San Juan(Paulinas; Bogotá 1986) 114-135. Por su parte L. H. Rivas, El Evangelio de Juan. Introducción. Teología. Comentario(San Benito; Buenos Aires 2006) 469-485 al tema de Cristo Rey le suma el de Hijo de Dios.
[2]X. León Dufour, Lectura del Evangelio de Juan, Jn 18-21, Vol. IV(Sígueme, Salamanca 1998) 72.73.
[3]La Pasión de Jesús según San Juan(BAC; Madrid 2007) 67-68. Notemos que este autor es posiblemente quien más ha estudiado el tema de la verdad en el evangelio de San Juan habiendo escrito dos grandes volúmenes sobre este tema que son de consulta obligatoria.
[4]La Pasión de Jesús según San Juan(BAC; Madrid 2007) 67.
[5]Lectura del Evangelio de Juan, Jn 18-21, Vol. IV(Sígueme, Salamanca 1998) 75.
[6]La Pasión de Jesús según San Juan(BAC; Madrid 2007) 68.71.
[7]El Evangelio de Juan. Ejercicios espirituales sobre San Juan(Paulinas; Bogotá 1986) 128.
[8]El Evangelio de Juan. Ejercicios espirituales sobre San Juan(Paulinas; Bogotá 1986) 132.
[9]Palabras durante el rezo del ángelus el 23 de noviembre de 2009.
[10]La Pasión de Jesús según San Juan(BAC; Madrid 2007) 65.
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