Llamando a Dios como amigo

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Los místicos del Islam tienen una bonita manera de referirse a Dios no sólo como Señor, sino también como Amado, incluso como Amigo.

Estos solicitantes afirman que en público ellos se refieren a Dios como Señor, pero en sus susurros íntimos ellos llaman a Dios como “el Amigo” (Doost).

¿Qué significa hacerse amigos de Dios?.

¿Qué significa mirar a Dios no solamente como un Señor (con nosotros los humanos como sus vasallos) sino en cambio mirar nuestra relación con Dios a través de un lente de amor, una de amistad?.

¿Cómo cambiaría nuestra oración, si nos acercamos a Dios como un amado amigo?.

Esto es precisamente uno de las grandes dones de la tradición Islámica. No es nunca un y/o enfoque, sino siempre un ambos/y, un sí! cósmico y exuberante a todas las posibilidades. Dios es tanto El Señor, el Creador de toda la creación, el Rey trascendente y, a su vez el amigo íntimo, el amado que se mezcla con nosotros más cerca que los latidos de nuestro propio corazón.

Las almas luminosas del camino santo son referidas como amigos de Dios (awliya’), una hermosa descripción de su rango. Ellos han alcanzado la amistad de Dios, y Dios es revelado como su amigo. La amistad es cara-a-cara, corazón-a-corazón, ojo-a-corazón. La amistad es íntima, duradera, y fiel.

Quería compartir algunas ideas sobre lo que parece el hacerse amigo de Dios compartiendo algunas perlas del amoroso amigo de Dios, Abu‘l-Hasan Kharaqani, quien pasó al reino eterno en el año 1033. Los nombres de Hafez y Rumi son bien conocidos por muchos solicitantes, pero menos conocidos son estos gigantes en cuyos hombros se pararon Rumi y Hafez. Vale la pena recordar que no alcanzamos al Everest sin el Himalaya, y no conseguimos gigantes elevados como Rumi sin toda una comunidad, toda una tradición de amantes que llaman a Dios como un amigo.

Kharaqani fue un hombre sencillo y humilde que provenía de un familia modesta. No era un erudito, ni poseía un dominio perfecto del Árabe. Él llama a Dios en su lengua materna, el persa. Era su amistad con Dios lo que lo sostuvo a él. Kharaqani dijo:

El sustento de los amigos de Dios es a través de la amistad con Dios

Él experimentó mucho dolor en su vida, incluyendo el que sus hijos fallecieran, pero fue su amistad con Dios lo que le trajo alegría. Él describió esta alegría como una que era más preciada que cualquiera y todos los actos de culto ritual.

Muchos han tratado de describir el camino espiritual a través de miles y una metáforas. Estos amigos de Dios simplemente dijeron que el camino es el estar “cómodos con Dios”.

Para Kharaqani, esta amistad fue una búsqueda mutua. Dios está buscándonos así como nosotros estamos buscando a Dios. Kharaqani habla sobre un sueño que el tuvo una noche:

Una noche yo vi a Dios Todopoderoso en un sueño.
Le dije a Dios:
“Han sido sesenta años que he pasado
con la esperanza de ser tu amigo,
de estar deseándote”.

Dios Todopoderoso respóndeme:
“¿Tú me has estado buscando por sesenta años?
He pasado una eternidad
a la eternidad
haciéndome tu amigo”.  

Una de las historias de Kharaqani da una indicación del amor, ternura, incluso amistad humorística que compartimos con Dios. Esto es posible para todos nosotros, si caminamos el camino de la amistad con Dios. Kharaqani nos dice que una noche, en medio de sus oraciones nocturnas susurrándole a Dios, el escuchó la voz de Dios viniendo hacia él de una manera severa: “¿Quieres que Yo le revele a todo el pueblo tus deficiencias, de manera que ellos te apedreen?” Kharaqani, impávido, le contestó a Dios: “Mi amigo, mi amado Señor, ¿usted quiere que yo le diga a ese mismo pueblo que Usted los ama tanto que Usted nunca podría poner a ninguno de ellos en el infierno?. Si yo hago eso, ellos van a parar todas sus oraciones y sus ayunos.”

Hubo una pausa embarazosa, y la voz de Dios dijo – más suavemente – a Kharaqani:

“Tú no digas nada;
Yo no digo nada.”

Esta amistad, esta ternura, este hacerse amigos no era sólo para Kharaqani. Era y es para todos nosotros que contamos los mismos cuentos una y otra vez a lo largo del último milenio. Nosotros, también, anhelamos por una amistad con el Señor del Cosmos, que se convierta en nuestro amado íntimo.

Fue Kharaqani quien dijo:

“El que se enamore apasionadamente, un amor radical que se desborda,

encuentra a Dios”.

Este hacerse amigo de Dios no paró con Dios, sino que tuvo que cambiar la manera en que nosotros interactuamos con la creación de Dios. Para Kharaqani, y para todos nosotros que anhelamos hacernos amigos de Dios, para ser amigo de Dios significaba hacerse amigo de la humanidad , independientemente de su fe o estatus. En la entrada de su santuario esta inscrito este bello poema sencillo:

Alimenta
a quien venga aquí

No les preguntes
por su fe

Ellos merecen un pan diario
en mi casa

Por supuesto!

Como ellos son merecedores de un alma 

en el tribunal de Dios

Que alegría ser un amigo de Dios.

Que alegría convertirnos en un amigo de Dios.

Que alegría descubrir que Dios ha estado esperando una eternidad para hacerse nuestro amigo.

Autor: Omid Safi
* Artículo reproducido con el debido permiso de O Being with Krista Tippett. O Being with Krista Tippett no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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