María como Madre de Dios y Madre de la Iglesia

La Iglesia ha encontrado muchas razones para marcar la importancia de la fiesta de hoy. Aparte de celebrar el cambio del calendario secular al nuevo año, un tiempo apropiado para la oración y la acción de gracias, este día también es el octavo día después de nuestra celebración del nacimiento de Cristo. Los Católicos más viejos probablemente puedan recordar una época cuando esta fiesta celebró la circuncisión de Jesús, la cual, según la ley de los Judíos, se llevaba a cabo al octavo día después de su nacimiento. En varios momentos de la historia, la fiesta de hoy también celebró el Santo Nombre de Jesús, que ahora recordamos el 3 de Enero. Las referencias a cada una de esas conmemoraciones aparecen en el Evangelio de hoy. Algunas de las primeras celebraciones de esta fiesta en Roma, sin embargo, centraban su atención en la misión de María de ser la madre de Dios, y fue esa misión la que inspiró a generaciones posteriores de Cristianos.

“María guardó todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón.” Una vieja tradición dice que Lucas, el Evangelista, conoció a la Santísima Madre y tejió sus memorias en su relato del Evangelio. Él presentó la Anunciación, el Nacimiento y la Infancia de Jesús desde la perspectiva de ella y él la coloca entre los discípulos en el aposento superior en los días previos al primer Pentecostés. Su repetida afirmación de que ella “guardó estas cosas y reflexionó sobre ellas en su corazón” es su reconocimiento de la sabiduría que ella había acumulado después de una vida de contemplar a Cristo y discernir su palabra en el mundo.

Es imposible determinar la verdad de esta tradición después de todos estos siglos, pero es cierto que María se convierte en un elemento importante de continuidad en el Evangelio de Lucas. Ella está allí casi desde el principio, reflexionando sobre los acontecimientos en la vida de su hijo y discerniendo su significado. Ella está allí de nuevo entre sus discípulos después de que casi todo ha cambiado, a medida que ellos descubren su nueva misión en comunidad. Ella es a través de un símbolo de amor humano sin cargas por Cristo, trayéndolo al mundo y buscándolo en los signos de los tiempos. La fiesta de hoy nos recuerda de su papel en la historia de la salvación como Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

La manera inconsciente que ella se entregó a sí misma a la misión de su hijo es el mejor regalo que ella le ha dado a sus discípulos. Su libertad de decir Sí lo llevó al mundo. Después de eso, su discernimiento reflexivo la hizo una de las primeras en comprender su predicación y sus signos, y cuando sus perplejos discípulos se reunieron en los días previos a Pentecostés, su ejemplo debe haberles dado a ellos esperanza.

A lo largo de los Hechos de los Apóstoles, Lucas muestra a la Iglesia primitiva comportándose como lo hizo María, entregándose completamente a la misión de Cristo y haciendo tiempo para el discernimiento y la reflexión a medida que llevaba a Cristo dentro del mundo. Lucas presenta a María como un símbolo de la Iglesia con tanta habilidad que nosotros casi podemos perder su énfasis. Su libertad para servir a la misión de Cristo, traerlo al mundo, y reflexionar sobre el significado de su vida se convirtió en el patrón para el discipulado colectivo e individual.

El mundo primero recibió a Jesús a través de María, pero la tarea no está todavía completa. La liberación que Jesús predicó aún no se ha convertido en realidad. Ahora nos hemos convertido en el punto de continuidad que María era en el Evangelio de Lucas. Cuando nos entregamos a la misión de Cristo en grandes y pequeñas formas, le ofrecemos a Cristo al mundo de nuevas maneras. Parte de nuestro discipulado es la búsqueda de Cristo, ya que Él está trabajando, dejándolo sorprendernos con todo los giros inesperados y cambios de la historia de la salvación, a medida que continúa desarrollándose. SI lo buscamos en los signos de los tiempos, podemos hacer su presencia conocida a todos aquellos cuya esclavitud terminará cuando su amor aparezca. Estos es lo que María proclamó cuando ella se convirtió en la Madre de Dios y ésta es la misión que sus discípulos pueden continuar hoy en día siguiendo su ejemplo.

Michael Simone, S.J., enseña Escrituras en la Escuela de Teología y Ministerio de l Boston College.
* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.
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