No puedes entender el pecado sin comprender el tiempo

Si somos la creación de Dios, entonces la historia es el taller de Dios porque sólo es con el tiempo que nosotros nos convertimos o fallamos en convertirnos en las criaturas que Dios quería. Tal vez una comparación sería útil. Las rocas no cambian mucho con el tiempo. Como la mayoría de los objetos materiales, ellas simplemente se desintegran. Y la fuerza viva, que acelera a los animales, tampoco cambia mucho a medida que pasan los días. Más allá de un declive en la destreza física, un mapache viejo es esencialmente un apache joven.

Es sólo con el tiempo que nosotros nos convertimos o fallamos en convertirnos en la criaturas que Dios quería.

Nosotros los humanos, por otra parte, estamos constantemente en el proceso de convertirnos. Sólo piensa en todos los cambios que sufrimos entre las edades de 14 y 40. De hecho, algo como el Facebook existe para que podamos ver cuan diferentes son nuestros seres en verano de nuestros seres en navidades.

Esta fue la gran perspicacia de lo que se llama filosofía existencialista. Las ardillas realmente no toman decisiones sobre como ser ardillas. Los adolescentes si. Nos creamos a nosotros mismos con el tiempo. O, para ponerlo en una perspectiva propiamente Cristiana. Respondemos o fallamos en responder a los sueños de Dios para nosotros. Dios sabe que esperar cuando el crea a un nuevo delfín. Son los Merediths y Melisas los que pueden sorprender.

Pecamos cuando fallamos en convertirnos en lo que deberíamos ser.

Ponderando nuestra relación con el tiempo puede ayudarnos a entender el pecado, el cual es más que una transgresión de alguna ley divina. Es esencialmente nuestro fracaso a convertirnos en el sueño de Dios para nosotros. Si quiere hablar de pecado en términos legales, entonces debe decir que la ley rota es el proyecto original de Dios para nuestras vidas. No es algo externo. Nosotros pecamos cuando fracasamos en convertirnos en lo que debíamos ser.

La palabra para pecado del Nuevo Testamento, harmatia, literalmente significa “fallando la marca,” como una flecha errante. Pecamos cuando perdemos la marca que Dios estableció al crearnos. Este es el por qué nosotros pecamos en tanto lo que hacemos y en lo que dejamos de hacer: porque cada juego de decisiones determina en lo que nos convertimos.

Pecamos cuando perdemos la marca que Dios estableció al crearnos

Ponderar nuestra relación con el tiempo es una buena preparación para nuestras lecturas, que hablan de la relación del tiempo y el pecado. El Libro de la Sabiduría se dirige a Dios diciendo:

Le has dado a tus hijos la dulce esperanza que después del pecado dejas lugar al arrepentimiento. (12:19)

El arrepentimiento es un cambio profundamente humano, que significa que sólo puede ocurrir en el tiempo, con el tiempo, con suficiente tiempo.

Jesús está claramente sincronizado con la Sabiduría cuando habla del trigo y las malas hierbas, que necesariamente crecen juntas hasta el momento de la cosecha. Ciertamente en el campo — y definitivamente en nuestras vidas — no está claro inmediatamente cuál es cuál. Así que la gran gracia, la gran misericordia de Dios son los días de nuestras vidas, días en los que crecemos, aprendemos, nos expandimos, maduramos.

La gran gracia, la gran misericordia de Dios son los días de nuestras vidas, días en los que crecemos, aprendemos, nos expandimos, maduramos.

Emily Dickinson brillantemente pone todo esto en tres estrofas, doce líneas punzantes de poesía. Quiénes seamos en la próxima vida depende de en quien nos estamos convirtiendo en esta.

Para siempre – está compuesto en Ahoras –
No es un momento diferente –
Excepto por la infinitud –
Y la latitud de la Casa –

A partir de esto – Aquí experimentado –
Quita las Fechas – a Estos –
Deja que los Meses se disuelvan en más Meses –
Y los Años – exhalen en Años –

Sin Debate – o Pausa –
O Días Celebrados –
No diferentes Nuestros Años serían
Del Año del Señor –

Aquí en la Tierra, cambiamos a medida que viajamos a través de las horas del reloj o los meses de un calendario. En la eternidad, todo lo que hemos sido y todo en lo que habremos de convertirnos reúne en un todo. “Para siempre está compuesto de Ahoras.” Nada desaparece en la eternidad, excepto el pecado. Sólo se le da un alcance más amplio. El Año del Señor, los años del Señor pasados en el cielo, no están divididos por el tiempo. El niño y el adulto son uno.

Aquí, nosotros vivimos en el tiempo, y, mientras lo hagamos, cambiamos en el tiempo. Allí, viviremos más allá del tiempo o, por lo menos, más allá de la disminución que ocurre aquí en el tiempo. “Por siempre está compuesto de ahoras.” Y este es el tiempo, cuando nosotros estamos todavía en el tiempo, para crear ahoras dignos de vida con Dios.

Lecturas: Libro de la Sabiduría 12:13, 16-19 Romanos 8:26-27 Mateo 13:24-43

Autor: Terrance Klein
* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy. 

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