Nuestra cambiante relación con nuestros pensamientos

Las diferentes etapas del viaje espiritual son realmente dependientes de nuestra cambiante relación con nuestros pensamientos. Primero, nos volvemos más tolerantes con la intromisión de nuestras distracciones, luego las ideas y pensamientos sobre las heridas infligidas especialmente en nuestra niñez se encuentran con un entendimiento creciente y  en compasión, de esta manera se nos hace más fácil aceptar signos similares de heridas en otros y finalmente, experimentamos momentos de quietud y paz, cuando nuestros pensamientos, imágenes y sentimientos han pasado a segundo plano.

Mientras recorremos el camino de la meditación nos damos cuenta más y más que esta cambiante relación es provocada por entrar en el silencio interno, a pesar de lo fugaz estamos conscientes de eso. El ego, la mente consciente, no puede entrar a través de esas puertas de silencio y por tanto, hace caso omiso a los efectos del silencio; con el resultado de que quizás no estemos conscientes de cualquier cambio al principio, a menudo son otros los que hacen comentarios de que parecemos diferentes, más pacientes, tolerantes y capaces de realmente escuchar. Lo que sucede es que nos estamos moviendo desde el predominio del ¨ego¨ hacia la orientación de su ¨propio yo¨ y en hacernos a nosotros mismos tan abiertos al don gratis de la libertad y paz que se encuentra en el centro de nuestro ser.

Esta creciente consciencia de nosotros mismos, de otros y de nuestro medio ambiente en lugar del único punto de vista de la supervivencia del ¨ego¨ es la fruta importante de la meditación. Como dijo Laurence Freeman en Jesús El Maestro Interno: “Por meditación aquí quiero decir no sólo a la obra de la oración pura, sino a todo el campo de vida de auto-conocimiento que conduce …. Jesús tenía un ego. Así que no es que el ego en sí mismo es pecaminoso. Es el egoísmo, la fijación en el ego que nos lleva a olvidarnos y traicionar a nuestro verdadero ser. El pecado ocurre cada vez que el ego es confundido con el verdadero …. Sin embargo, él también demuestra la capacidad humana de vivir en un balance saludable entre el ego y el ser.¨ (p.242)

Esto es lo que Jesús quiso decir, cuando dijo ‘He venido para que ellos tengan vida y vida en toda su plenitud’. Una plenitud de vida es una vida, cuando el ego – y su ‘sombra’ – y el verdadero ser están integrados, en equilibrio. A través del auto-conocimiento de nuestro ser completo entonces tenemos la paciencia, tolerancia y compasión para plena y honestamente relacionarnos con los demás y restablecer nuestra conexión con nuestro entorno natural, así como la inmanente y trascendental Realidad Superior que nos envuelve y nos rodea.

Como dice Laurence Freeman arriba, quizás el verdadero significado de ‘pecado’ es confinarnos a nosotros mismos al nivel material del ‘ego’ y sus ‘necesidades de supervivencia’ y olvidarnos de nuestro origen espiritual. San Pablo también parece describir al ‘pecado’ en estos términos: “Aquellos que viven en el nivel de nuestra naturaleza inferior han formado su panorama por  ésta, y eso quiere decir muerte; pero aquellos que viven en el nivel del espíritu tienen su perspectiva espiritual, la  cual es vida y paz.”  Esto a menudo ha sido tomado a nivel literal como un acusación de sexo, pero también puede ser tomado como Pablo estableciendo una distinción entre los diferentes niveles de consciencia. Por naturaleza inferior el quizo decir quizás en nuestros términos los impulsos del ‘ego’. Él estaba contrastando la atracción del ‘ego’ y el ‘yo’. Esta “vida y paz” es el resultado de nuestra consciencia de los Divino e incluso la plena unión con el Divino.

Los primeros Padres de la Iglesia, San Ireneo (2nd C) y San Atanasio (4th C) ambos estaban convencidos de que “Dios se hizo hombre, para que el hombre se pudiera hacer  Dios”. La idea de la unión es a menudo interpretada en algunas tradiciones como una pérdida total de sí mismo. Pero en la visión Cristiana no es vista como una fusión total que implica esta pérdida. Bede Griffiths en ‘La Bodas de Oriente y Occidente’ afirma: “No hay duda de que el individuo pierde todo sentido de separación del Uno y experimenta una unidad total, pero eso no quiere decir que el individuo ya no existe. Al igual que cada elemento en la naturaleza es un reflejo único de  la Realidad, por lo que cada ser humano es un centro único de consciencia en la consciencia universal.”

Autor: Kim Nataraja
* Artículo reproducido con el debido permiso de Weekly Teachings for Group Formation. Weekly Teachings for Group Formation no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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