Prioridades

El internet ha generado un nuevo nivel de conciencia sobre muchos temas que eran distantes para nosotros no hace mucho tiempo. En la década de los 70s, las noticias venían en periódicos, estaciones de radio y programas de noticias televisados. En realidad teníamos que tener  una intención definitiva de enterarnos de las noticias del mundo, la información no emergería en nuestros teléfonos o en nuestras computadoras (a veces sin desearlo) de la manera que fluye hoy en día.

Está claro que estado actual de los asuntos alrededor del mundo pareciera complicada. Las noticias sobre el terrorismo, corrupción y deshonestidad a niveles desconocidos, guerras, problemas financieros, retos morales parecieran ser el pan de cada día, pero que eran desconocidos, en parte porque la tecnología informativa disponible en aquel entonces era lenta.

Hoy en día tenemos un tsunami de noticias fácilmente disponibles diariamente creando una gran abundancia de información que a menudo es difícil  de manejar y digerir. Si yo decido invertir una buena parte de mi tiempo en leer las noticias diarias termino estresado, confundido y preocupado hasta los tuétanos del camino que nuestra especie humana está tomando. Este exceso de información no es el problema, sino más bien la manera que es manejada; necesitamos aprender a vivir responsablemente enfocándonos en vivir y no tanto en absorber cada pequeña información sensacionalista con las que nos bombardean.

Adicionalmente, teniendo la posibilidad de adquirir infinitos objetos materiales, de comer lo que deseamos, de escoger ser bombardeados por la televisión, películas, música, etc., estamos forzando nuestros niveles disponibles de conciencia a que se distraiga con actividades que sólo nos pueden prometer vacío en el largo plazo. El resultado final de este torbellino mental es una ausencia de paz mental.

Leí unas pocas oraciones de mi Biblia y recordé cuan simple un vida enfocada en Dios puede ser. Este libro fue escrito hace miles de años y los pensamientos de muchos hombres sabios antiguos  y escritores se han reunido de una manera que me han hecho dar cuenta cuan difícil puede ser el tratar de vivir nuestras vidas de una manera tan amplia y extendida como lo hacemos hoy, convirtiéndonos en víctimas voluntarias de cada briza  difundiendo nuestra atención en todas direcciones. No podemos escoger vivir la vida que estas personas experimentaron hace mas de dos mil años, y nuestro época es excepcional, pero hay una necesidad de aprender a manejar sabiamente la manera en que vivimos.

Como sucede con nuestros cuerpos, nuestras mentes también se han rebosado y vuelto lentas. Enfocando nuestra atención en mucha factores externos en lugar de crecer desde adentro, no podemos vivir eficientemente sino más bien tener un estilo de vida disperso y a menudo vago. El único camino posible para experimentar el diario regalo de la vida a través de un estado mental que unifique mis pensamientos, emociones e incluso mi salud física. Esta meta debería atraerme e invitarme a enfocarme en mi bienestar. Esta meta puede ser muchas cosas, pero para mi esta empieza con Dios.

Todos hemos sido testigos por lo menos una vez en nuestras vidas de la chispa de la magnificencia de Dios en nuestras vidas. Algunas personas han escogido seguir estos momentos de esplendor y han sintonizado sus vidas para seguir caminos específicos que ellos han llamado santidad. Otras personas han escogido adaptar esta momentánea explosión de la presencia de Dios a las reglas y dogmas de su propia religión y filosofía. La mayoría de las personas lo guardan como un grato recuerdo, y como una semilla de esperanza para el futuro.

En el momento que removemos nuestros filtros culturales, emocionales y mentales, de manera que percibamos la presencia de Dios, toda nuestra vida se transforma. Nada se compara con el esplendor de la perforación ilimitada de la magnificencia de Dios, si tan solo por un instante a través de la espesura de nuestros complicados pensamientos. Esto es parecido a un rayo de fuego intenso cortando a través del metal, instantáneamente perforando las barreras de nuestros miedos, limitaciones y obstáculos culturales que nos hemos autoimpuestos en frente de nosotros.

No somos tan diferentes de las personas que vivieron en esta Tierra hace dos mil años. Si nos ponemos a pensarlo, desde que nación Jesús, hace 2015 años, ha habido solo 61 generaciones de personas viviendo, (a un promedio de 33 años por generación); desde nuestros abuelos, a nuestros hijos hay 4 generaciones; 15 veces más que este lapso de tiempo y estamos de regreso a los tiempos de Jesús.

Nuestras necesidades son iguales hoy en día que las de hace dos mil años, sin embargo nuestro ambientes han cambiad. Por lo tanto es un reto para cada uno de nosotros el encontrar el balance perfecto entre las maravillas que nuestro mundo nos otorga y las necesidades internas que tenemos. No hemos trabajado mucho en nuestra espiritualidad así parece, por lo concentrado que estamos en adaptar nuestros estilos de vida alrededor de las maravillas tecnológicas que descubrimos diariamente. La desigualdad todavía continúa en muchas esquinas de nuestro mundo hoy en día; pero podemos ciertamente contribuir a mejorarla al menos a través de nuestros entornos inmediatos, a través de las personas con las cuales entramos en contacto hoy, las tareas que debemos hacer, y la autodisciplina y compasión por las que vivimos nuestras vidas.

Podemos sentir el llamado de Dios a través de esta pacífica, melodioso tarareo que constantemente acaricia nuestro ser completo desde el interior hacia fuera.

Sentimos su interminable amor, su perdón incondicional a todos nuestros errores; su perfección reflejada a través de todo lo creado, desde la brizna de hierba que humildemente crece desatendida, a la expansión de la mente de los hechos sobre el cosmos que nos rodean sin limitaciones en el tiempo o espacio. Pero mayormente la presencia de Dios resplandece cuando interactuamos con nuestros hermanos y hermanas humanos con afecto y amor sincero.

Hemos experimentado muchas opciones diferentes en nuestras vidas; hemos jugado con todos los juguetes, participado en muchos eventos, hemos logrado objetivos familiares y profesionales trabajando duro y con diligencia. Es ahora el momento para nutrir nuestra esencia mas profunda, concentrarnos en establecer una conexión permanente entre nosotros y Dios; para darnos cuenta de nuestra propia divinidad. Esto es para lo que vinimos. Todo lo que necesitamos es recordar cuales son nuestras prioridades.

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