Relación e Interconexión

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Laurence Freeman insiste en Jesús el Maestro Interior el cual “en las peticiones de la Oración del Padre vemos cómo toda oración toca en las relaciones humanas no menos que la raíz-relación con Dios. La oración muestra la única banda de conciencia que envuelve el conocimiento de Dios, el conocimiento de uno mismo y las relaciones con otros.” (p.203)

Este sentido de una “única banda de conciencia”, esta interconectividad total se perdió en el siglo 17 con la aparición de la visión científica de Descartes y Newton. Descartes fue un matemático que vio las reglas matemáticas rigiendo toda la creación. Estas formaron la estructura de todo, no sólo del universo sino también de nuestros cuerpos. Descartes tuvo tanto una intuición clara de sí mismo como un ser pensante y de Dios como una entidad perfecta, influenciando e iluminando su mente. Por lo tanto, sus puntos de vista y las leyes matemáticas fueron divinamente inspiradas. El problema para la humanidad en este aspecto fue que el vio la naturaleza como dividida dentro del reino de la mente – ‘res cognitans’ – y el reino de la materia – ‘res extensa’. El consideró la mente humana como totalmente separada: separada de nuestros cuerpos, del resto de la humanidad y de la creación, aunque no de Dios. De lo único que podemos estar seguros era de nuestra capacidad para pensar – nuestra única prueba real de existencia: “cogito ergo sum” (Pienso luego existo), uniendo la existencia firmemente con el pensamiento. De hecho, somos en esta visión observadores aislados del resto del universo visible, haciéndonos sentir una sensación de separación total y sin sentido.

El pensamiento racional gobernó supremo y durante los siguientes siglos, justo hasta nuestros tiempos, el simple concepto de las facultades espirituales e intuitivas e incluso la existencia de Dios fue denigrada como más y más no científicos y se burlaban como un sobrante primitivo de nuestro pasado. Fue considerado en general que la ciencia podría arrojar una luz útil sobre las creencias religiosas pero la religión en sí misma no tenía nada para ofrecer en el esclarecimiento de la realidad. Con el resultado de que este pensamiento racional y de inteligencia intuitiva se organizaron en diferentes lados del espectro, se causó una separación entre la ciencia y la espiritualidad con resultados perjudiciales para nuestra cultura y sociedad.

Pero esto cambió a principios del siglo 20 con la llegada en el escenario científico de Einstein y su Teoría General de la Relatividad y la Teoría Cuántica de Niels Bohr y Werner Heisenberg y otros, que veían al universo en una luz un poco diferente. No sólo Einstein reafirmó la importancia de la intuición: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo”, pero tanto él como sus colegas científicos también cambiaron totalmente nuestra visión del Universo. Su visión de la realidad es similar a la encontrada en las Tradiciones de Sabiduría y Religiones de nuestro mundo: todo en el Cosmos es de importancia, está interconectado y es interdependiente. Es una danza creativa constante de energía y conciencia con todo afectando a todo lo demás de una manera transformadora. Toda la humanidad está integral y activamente involucrada en esta danza cósmica y por lo tanto intrínsecamente conectada con y corresponsable del resto de la creación – no somos más objetos aislados. Esta visión mundial nos hace profundamente consientes de que nosotros también tenemos un profundo significado y sentido.

Como pueden ver, los cosmólogos, físicos teóricos, teólogos y místicos han ido acercándose en sus ideas. Los científicos hablan de cuatro campos en que ocurre todo lo que sucede en el Universo y postulan que antes que existiera cualquier cosa, antes del Big Bang, antes de la creación de nuestro Universo, estos cuatro campos salieron de uno, ahora llamado campo inflatón, un vasto océano subyacente de energía – vacío de objetos pero lleno de potencial creativo. Los teólogos y místicos también hablan de todo siendo Uno en y más allá del Universo material, un inmenso vacío que es plenitud, que es el ¨Fundamento del Ser¨, la fuente de todo.

Los científicos y cosmólogos buscan la Unidad de todo en una forma teórica, mental partiendo de hechos conocidos y observaciones de la investigación de los primeros pensadores y científicos y luego la construcción sobre o refutar conocimientos previos. Los teólogos y místicos usan las Escrituras, la exégesis, las reflexiones de oración para entender lo que ellos creen sobre la Unidad de la Divina Realidad pero luego verificar estas creencias en una experiencia personal, intuitiva de oración y meditación. Ambos usan diferentes lenguajes y métodos para quizás llegar a la misma Realidad Única – ¿diferentes facetas del mismo Diamante? Pero lo más importante, ambos también ‘saben, que ellos no saben’. Todo es todavía una conversación misteriosa acerca de los cuatro campos que apuntalan todo eso.

Autor: Kim Nataraja
* Artículo reproducido con el debido permiso de Weekly Teachings for Group Formation, quien no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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