Vivir en comunidad aquí y ahora

La comunidad no desciende de los cielos. Tenemos que moldearla correctamente aquí en la Tierra.

Todos anhelamos pertenencia y un sentido de comunidad. No estamos hechos para estar solos. Merecemos tanto la soledad y la conexión. Estos no son opuestos tanto que ellos son ritmos de nuestra alma.

En estos días, me encuentro a mi mismo pensando mucho sobre comunidad – lo que significa, que nos hace a nuestros corazones y que nos sucede cuando vivimos sin ella. Miro alrededor mío y me pregunto cómo está moldeada la comunidad y la extraño.

Como suele ser el caso, regreso a los textos antiguos místicos por sabiduría e inspiración. Esta vez, fui a un viejo texto Persa llamado el Jardín de Rosas. El Jardín de Rosas de Sa´di del siglo XIII es la obra maestra de la prosa Persa. Por unos 700 años en la India, Asia Central, Irán y más allá, el humanismo de Sa´di ha sido una sello de erudición y de civilización culta. En el texto, el gran poeta Sa‘di habla acerca de una persona que ha ido a un baño público. Ahí, alguien le trajo a esa persona un trozo de arcilla de un ser querido. La arcilla era tan aromática… como una rosa.

La persona comienza un diálogo con el trozo de arcilla. (No te asustes, en estos géneros de literatura, las personas hablan con objetos inanimados todo el tiempo.)

¿Eres almizcle? ¿O ámbar?
Tu fragancia es embriagadora!

La arcilla le responde:

Yo soy solo un humilde trozo de arcilla.
Pero por un día o dos
He mantenido la comunión con las rosas.

Es su compañía
que ha tenido un impacto en mí.
De otra manera, sólo soy una arcilla ordinaria.

Hay un juego de palabras en Persa sobre la palabra ¨arcilla,¨ gel y la palabra para ¨rosas,¨ gol siendo escritas usando las mismas consonantes. En las tradiciones Judeo-Cristiana-Islámica, la arcilla se refiere, por supuesto, al material de tierra/polvo con la cual nosotros los seres humanos somos creados. Somos polvo cósmico, girando y bailando lejos en el espacio. Lo que nos hace convertirnos en humanos es que la arcilla es impregnada por el espíritu. En el relato de la historia de Sa‘di, sin embargo, hay un giro menos teológico y más interpersonal. Es sobre comunión, mantener la compañía de las cosas bellas. O, mejor, la compañía de las rosas es lo que hace al espíritu real.

Lo que me trae de vuelta a la comunidad, esa búsqueda perpetua por un sentido de comunión. Nosotros tenemos La Comunidad del Anillo. Muchas Iglesias prometen, quizás entregan, comunión. En última instancia, lo que todos buscamos es un sentido de comunión. El Reino de Dios en la Tierra no era solamente para salvar un alma individual, sino también para la construcción de una amorosa comunidad. La misión Mahoma era también acerca de revolucionar a la sociedad y construir una “ comunidad materna” (umma) basada en los lazos de la fe. En el Budismo, nosotros buscamos refugio no solo en el dharma, sino también en la comunidad budista, la Sangha . La religión en su mejor momento ha siempre sido sobre vincular juntos la búsqueda individual y la comunión comunal. La comunión refuerza la enseñanza. Nos necesitamos unos a otros.

Aquí está el misterio sobre la comunidad, sobre un sentido de comunión. La comunidad es sobre mucho más que una persona entrando en un espacio, y luego otra persona entrando en el espacio, y así sucesivamente. La comunidad es no solo una reunión de individuos juntándose. La comunidad es una reacción casi alquímica que sucede entre todos los que somos capaces de ser y devenir.

Cada uno de nosotros como una sinfonía musical, compuesta de muchas notas anónimas. Son los encuentros con nuestros compañeros seres humanos lo que determina que notas surgen de nosotros. Tenemos una voz al respecto, tenemos mucho que decir al respecto … pero la belleza de nuestros compañeros también tiene algo que decir. La belleza de nuestra comunión tiene algo que decir.

Muchos de nosotros estamos empezando a prestarle a tención a lo que ponemos en nuestros cuerpos. Es bueno, Beber suficiente agua. Evitar la pornografía culinaria de las comidas rápidas. Llenarnos con frutas y vegetales. Reducir o eliminar las carnes. Todo maravilloso. Muchos están cuidando de nuestros cuerpos a través de ejercicios, yoga, o maneras similares para fortalecer nuestros cuerpos. De nuevo, belleza. Nosotros sabemos que nuestros cuerpos y almas se mezclan.

Me pregunto cuantos de nosotros somos igualmente sobre las compañías que mantenemos. Por supuesto, incluso Sa‘di señala que es posible aprender de lo burdo y sin refinar. Pero para aquellos compañeros más íntimos del corazón, que bonito sería el rodearse uno mismo con la comunión con las rosas.

Por mi propio bien, realizo un gran cambio en como me acerco a mi sentido de comunión. Cuando era joven, yo solía juzgar la compañía que mantenía basado en las cualidades que esos amigos mostraban. Yo buscaba amigos que fueran amables, gentiles, más luminosos que yo. Ahora, mi enfoque ha cambiado un poco más hacia el interior. Estoy más enfocado en las cualidades que diferentes compañeros sacan de mí. Que compañero me hace más amable, gentil, más consciente de nuestra interconexión. Y, sí, hay más para nosotros que simplemente tener una diosa interna o un depósito de cualidades divinas. Algunas personas también me sacan mi demonio interno, mi idiota interno. No siempre es sobre ellos; a veces es sobre la dinámica particular de mis cualidades y sus cualidades. Este sentido de permanecer consciente – y cordial – del impacto de nuestra comunidad en nuestros corazones nos llama a una inspección interna mas vigilante y cuidadosa.

Yo sólo soy un pedacito de arcilla, de polvo cósmico. Yo quiero mantener la compañía de las rosas, de aquellos seres humanos bellos que sacan las cualidades buenas y hermosas que hay en mí y, con la gracia de Dios, yo pueda sacárselas a ellos. Es un sentido de comunidad que es un compromiso para hacer que la bondad y la belleza se vuelvan real.

Este sentido de comunión es uno que quiero buscar todos los días.

Esta comunidad es celestial, pero no desciende del cielo.

Tenemos que buscarla, trabajar por ella, y construirla aquí y ahora.

Esto está en todos nosotros: lleno del espíritu, polvo cósmico con fragancia de rosas buscando comunión.

Autor: Omid Safi
* Artículo reproducido con el debido permiso de O Being with Krista Tippett . O Being with Krista Tippett no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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