Vivir la esperanza en la vida cotidiana

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Todavía tengo esperanza.

Si, esperanza de que siempre recordaremos que hay amor y belleza y ternura en este mundo. Esperanza de que vivimos a través de la fe de que la belleza aquí es un reflejo de la belleza divina. Esperanza de que la ternura y bondad durará más que la maldad y el odio. Esperanza de que nosotros como una comunidad humana pondremos el amor por encima de la indiferencia. Esperanza de que la justicia para todos superará una mentalidad de ¨sólo nosotros¨.

Pero esa esperanza no significa que yo espero que los políticos corruptos, racistas se muestren ellos mismos de manera diferente, o menos que, corruptos o racistas. La esperanza no significa ser políticamente ingenuo o crédulo.

La esperanza no significa abandonar nuestra misión propia y buscar la redención en el proyecto mesiánico de cualquier hombre (o mujer).

En la primera semana de vida a través de esta nueva fase de la historia americana, es ampliamente claro para mi que no todos están experimentando el trauma de Trump de manera igual. Me atrevería a decir que para los Hispanos, Musulmanes, refugiados, Afroamericanos, homosexuales/lesbianas, y aquellos preocupados con los derechos reproductivos de la mujer, el trauma es sumamente personal e inmediato.

Este no es tiempo para una ilusión ingenua. Mantengamos los ojos bien abiertos, estemos alertas, organizados, movilizados.

Los primeros signos de la presidencia de Trump son de hecho sumamente preocupantes. Se reporta que Donald Trump ha nombrado a Frank Gaffney como su equipo de transición. Sí, el mismo Gaffney que el Centro de Ley de Pobreza Sureña ha calificado como ¨uno de los islamófobos mas notorios de Estados Unidos¨. El mismo Gaffney que ha defendido por 4 años la idea de que el Presidente Obama es un Musulmán en el closet y que hay una trama secreta musulmana para tomar a los estados Unidos.

Trump ha llamado a James Woolsey, uno de los neo conservadores arquitectos de la desastrosa guerra de Irak, a formar parte de su equipo.

Otro nominado busca acelerar el ¨muro¨ entre los Estados Unidos y México sin la aprobación del Congreso.

Y quizás más desastrosamente, ha nombrado a Stephen Bannon, el editor de Breitbart, uno de las figuras claves en el racismo nacionalista de supremacía blanca, en una de las posiciones más altas en su equipo de transición. Este nombramiento fue inmediatamente alabado por el KKK y el Partido Americano Nazi. (Mientras escribo estas palabras, hay una concentración de victoria del KKK siendo planeada a 45 minutos de mi casa.)

Sí, es tan malo como te sientes, y peor de lo que temíamos.

Y todavía quiero orar por Esperanza. Esperanza no como algo insípida y débil, sino como una cualidad de agarrarme de Dios y aferrarnos unos con otros en medio del dolor.

La esperanza significa que las personas de buena voluntad pueden y se buscarán unos a otros, se sostendrán de las manos, se levantarán, y protegerán a aquellos entre nosotros que nos encuentran vulnerables.

Yo todavía tengo esperanza que si las personas de buena voluntad ponen sus hombros en esto, podemos doblar el arco de la moral universal hacia la justicia.

Es una realización sorprendente: mientras más preciosa la calidad, es más probable que nosotros lo abaratemos y humillemos. Diluimos el amor de un poderoso desencadenamiento de Dios a un emoticón. Hacemos lo mismo con la esperanza. Tenemos que recobrar una descarnada, anclada a tierra forma de esperanza en esta época de trauma.

Esta es una de las lecciones que aprendimos del Hermano Martín. El tiempo es moralmente neutral. Las cosas ni mejoran por sí mismas, ni empeoran por sí mismas. La vida mejora cuando nos buscamos unos a otros, y nos rehusamos a ser compasivos por poder. La vida mejora para todos nosotros cuando reconocemos que yo no puedo ser quien yo debería ser hasta que y a menos que nosotros – todos nosotros – seamos todo lo que deberíamos ser y en lo que nos deberíamos convertir.

Me recuerda de toda la discusión en torno a usar chapas con prendedor para mostrar nuestra solidaridad con grupos marginados como los musulmanes, refugiados, hispanos y afroamericanos. Incluso el capitán Jean-Luc Picard (o por lo menos Patrick Stewart) está usando uno. Los símbolos importan. Interrumpiendo el espacio público con una declaración de solidaridad importa. Y tenemos que asegurarnos que la solidaridad a través de los símbolos no permanecen en el ámbito de lo meramente simbólico. Ese símbolo debe reflejar un compromiso para la acción. Si hay una acción para hablar la verdad a nuestra propia comunidad, y de defender a aquellos que se encuentran a sí mismos débiles y vulnerables, entonces la proyección de dicho simbolismo en la forma de usar una chapa con prendedor es preciosa, encantadora.

Hay una sutileza aquí que haríamos bien en tener en cuenta. La única cosa que cambia al mundo es una unión de actos individuales de bondad y justicia. Y sin embargo, recordemos sistemas y estructuras. Sí, sistemas y estructuras y las instituciones importan en la discusión del racismo, sexismo, homofobia, e islamofobia (entre otras). Las acciones están siempre al nivel de los individuos, pero mantengamos un ojo vigilante en los sistemas y estructuras.

Sin embargo nunca subestimemos el poder de un individuo,
un acto,
una mirada,
un toque,
una palabra,
una amabilidad.

En última instancia, eso nos llevará a Un Amor.

Como muchos de los lectores de On Being, estoy pensando mucho en estos días sobre el Tío Vincent, el finado y gran Vincent Harding. Amigo cercano del Dr. King, y el autor del primer borrador del histórico discurso ¨Más allá de Vietnam¨ que el Hermano Martín pronunció en la Iglesia Riverside el 4 de Abril de 1967. Una de las veces que estuve sentado con el Tío Vincent, el compartió conmigo algo que parece aún más relevante en estos días. Yo le preguntaba que lecciones morales el pensaba que el Movimiento por la Libertad (su término predilecto para el Movimiento por los Derechos Civiles) tendría para ofrecernos hoy en día. El dijo que el siempre sintió que la tarea era crear un democracia multirracial, multiétnica, multireligiosa.

Más específicamente, el sintió que aquellos que involucraban el corazón del movimiento tenían una doble responsabilidad: la primera era hablar la verdad al poder, para hacer sus sufrimientos visibles con dignidad. Y segundo era ofrecer un visión redentora de esperanza anclada en una realidad con los ojos abiertos.

Esto parece ser todo de lo más esencial en el comienzo aterrador de la era Trump. Debemos aferrarnos a la esperanza. Aunque la noche sea oscura, debemos buscar las estrellas. Esperanza significa aquí no abaratar o degradar la calidad del ¨optimismo¨ (¨Estará bien¨, ¨Se pondrá mejor¨) sino una cualidad profética, redentora de ser prisioneros de la esperanza, y de no desesperarse de la misericordia de Dios.

Sí, tenemos que decir la verdad como mejor la experimentemos, como la experimentan las personas fuera de los márgenes y la periferia de la sociedad. Debemos decir la verdad a pesar de que nuestras voces se sacudan y tiemblen. Y no menos importante, no podemos permitirnos caer en la desesperación. No somos un pueblo de desesperanza. En última instancia debemos dejar claro que es un derecho y es justo y bello, no solamente para los musulmanes y los hispanos y los afroamericanos, sino para todos nosotros.

Algunos de los mejores y más articulados análisis políticos del trauma de Trump obtienen la crítica política correcta, pero no aprovecha esa cualidad profética de esperanza. No es la tarea de cada uno de nosotros el ser un profeta de esperanza, pero algunos de nosotros tiene que serlo. En última instancia, estamos en ella por la redención, La redención de las vidas individuales, familias, comunidades y de la humanidad.

La crítica sin la posibilidad de redención nos hace caer más y más profundamente en el abismo de la desesperación. Y no nos podemos dar el lujo de más noches sin estrella.

Como Martín y Vincent y Ella Baker y otros solían enseñarnos, debemos salvar el alma de América.

Sí, los Estados Unidos es y ha sido siempre un sueño envuelto alrededor de una pesadilla, pero hay todavía algo noble acerca de este experimento defectuoso. Y nosotros tenemos que amar este experimento lo suficiente para soñar por un mejor país, y una mejor humanidad.

Yo todavía tengo la esperanza de que si suficientes de nosotros nos buscamos, y marchamos hacia delante, esa luz tendrá su victoria sobre la oscuridad, el amor sobre el odio, y la unidad sobre la división.

Los ojos bien abiertos.
Despertó en América
en la prisión del traumatismo Trump
Pero la esperanza de una unión más perfecta…

Autor: Omid Safi
* Artículo reproducido con el debido permiso de O Being by Krista Tippett. O Being by Krista Tippett no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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