Cardenal McCarrick, seminarista y abuso: ¿cómo pudo suceder esto?

Las revelaciones de la depredación repugnante del Cardenal Theodore McCarrick de los seminaristas Católicos y los jóvenes sacerdotes a lo largo de muchos años hacen que la lectura sea verdaderamente inquietante. En los últimos años, había escuchado historias sobre la casa de verano del Cardenal (entonces Obispo y Arzobispo) McCarrick, donde invitaba (o sobornaba o forzaba) a los seminaristas a compartir una cama con él, masajearlos e invitarlos a llamarlo “Tío” Ted. “Pero en ese momento eran rumores sin fundamento y no conocía a nadie con conocimiento de primera mano. (De lo contrario, los habría reportado).

Para que conste, el Cardenal McCarrick también fue alguien a quien yo, como muchos Católicos estadounidenses, admiré tanto por su trabajo pastoral como por su defensa de la justicia social. Cada vez que me encontraba con él, él también era infaliblemente amable y lo vi extender la misma bondad a los demás.

En una peregrinación a Lourdes hace una década, vi a alguien que lo maltrataba groseramente e implacablemente, durante un desayuno, sobre algún tema de teología, durante casi media hora. El Cardenal McCarrick la trató con tanta paciencia, dignidad y cuidado, mientras ella continuaba reprendiéndolo, que luego le pregunté cómo era capaz de ser tan amable.

Este caso muestra la complejidad desconcertante de la persona humana – o al menos de esta persona humana.

De ninguna manera esto excusa lo que le hizo a los jóvenes seminaristas y sacerdotes. Por el contrario, muestra la complejidad desconcertante de la persona humana, o al menos de esta persona humana.

Entonces, ¿cómo pudo haber sucedido esto?

Aquí quiero centrarme en un aspecto en particular: la forma en que el secreto en la Iglesia excluye los casos de lo que podríamos llamar “abuso de adultos”, a diferencia del “abuso infantil”. En el caso del abuso infantil, por lo que entiendo (yo no soy un psiquiatra o psicólogo), el niño abusado puede ser demasiado joven, estar demasiado confundido o demasiado asustado como para poder hablar sobre los crímenes de abuso, lo que explica por qué a menudo se ve que los informes llegan décadas después de que el abuso original sucedió.

Las Órdenes Religiosas también son lugares donde los hombres en poder pueden abusar del poder, incluso en formas sexuales.

Pero, ¿cómo podrían los seminaristas y sacerdotes adultos no reportar estas cosas? Del mismo modo, ¿cómo podría el Obispo McCarrick ascender en rango tan fácilmente? Y aquí voy a ofrecer solo algunas explicaciones; hay muchas otras, y esto no pretende ser un análisis exhaustivo.

Para ser claros, este tipo de comportamiento abusivo no se limita a los seminarios diocesanos. Las Órdenes Religiosas también son lugares donde los hombres en poder pueden abusar del mismo, incluso en formas sexuales. También para ser claro, al menos en mi experiencia, estas situaciones no son comunes ni en la vida diocesana ni en la vida religiosa y están lejos de ser “desenfrenadas”, una palabra que un periodista usó recientemente en una conversación conmigo. El caso del Cardenal McCarrick debería horrorizar a todos, pero no es, al menos hasta donde sé, la norma.

Permítanme responder la primera pregunta: ¿Cómo podrían los seminaristas y sacerdotes no reportar estas cosas?

Ignorar los reportes de este tipo de abuso es pecaminoso

Primero, algunos sí reportaron pero fueron ignorados. The Times informó que Bonifacio Ramsey, OP, un respetado sacerdote Dominico, le refirió estos incidentes al Nuncio Papal (el funcionario encargado de recomendar nombramientos episcopales al Vaticano). Según el Times, el Nuncio alentó al padre Ramsey a enviar una carta al Vaticano, pero el padre Ramsey “dijo que nunca recibió una respuesta”. ¿Por qué? Por varias razones posibles. Como vimos en la crisis del abuso infantil del clero, la trágica tendencia fue que los líderes de la Iglesia confiaran en la persona que conocían. El Obispo McCarrick pudo haber sido mejor conocido en el Vaticano que el Padre Ramsey. Además, en ese momento, este tipo de comportamientos malignos a menudo se consideraban “problemas morales”, es decir, pecados por los que uno podía disculparse, y ser perdonado. (A menudo hay un énfasis groseramente equivocado en el “perdón” en casos de abuso.) Finalmente, puede haber habido una incomodidad o disgusto con el aspecto homosexual o incluso sexual y por lo tanto un deseo de que los cargos simplemente “desaparezcan”.  Finalmente, el pecado: ignorar los reportes de este tipo de abuso es pecaminoso.

En segundo lugar, puede haber habido una enorme cantidad de vergüenza o pena entre los seminaristas y los sacerdotes que se vieron obligados al abrazo de McCarrick o a estar con él en su cama. Tal vez la vergüenza de que esto le suceda a una víctima que es un adulto, que podría haber sido más capaz físicamente de “evitar” los avances, es mayor que la de un niño, que es incapaz de defensa propia en esta situación. El abuso nunca es culpa de la persona que es abusada o maltratada; sin embargo, la vergüenza puede persistir. “¿Por qué no le dieron un puñetazo en la cara cuando dijo eso?” Es una pregunta que a menudo escucho sobre tales casos. Del mismo modo, puede haber una sensación de no ser “lo suficientemente hombre” para resistir. Finalmente, si las víctimas son homosexuales, pueden sentirse avergonzadas de su propia sexualidad. Tomados en conjunto, estos factores contribuyen a una cantidad abrumadora de vergüenza.

El Cardenal McCarrick fue uno de los hombres más poderosos en la Iglesia de los Estados Unidos. ¿Qué podría, el decir algo sobre él, hacerle a tu carrera?

Tercero, algunos de estos ex seminaristas y sacerdotes jóvenes en estas diócesis aún pueden estar en un activo ministerio pastoral. Revelar detalles desagradables sobre un clérigo poderoso puede hacer que teman ser vistos como “problemáticos” o “quejumbrosos” en sus diócesis o entre sus hermanos sacerdotes. El Cardenal McCarrick también fue uno de los hombres más poderosos en la Iglesia de los EE. UU., el Obispo de una de las sedes más importantes de la Iglesia Universal y amigo personal de varios Papas. ¿Qué podría, el decir algo sobre él, hacerle a tu carrera?

Del mismo modo, muchos ex seminaristas podrían ser difíciles de rastrear y no quieren formar parte del episodio por la misma razón: la vergüenza. El problema con el reportaje de esta historia, entonces, es doble: los ex seminaristas pueden ser difíciles de encontrar y los que se quedaron son probablemente reacios a discutirlo. Esto hace que los reportajes del Times sean aún más importantes.

Todas estas explicaciones no son excusas. Y, como dije, hasta donde yo sé, los tipos de casos atroces como el del Cardenal McCarrick, no son la norma.

Esto me lleva a la segunda pregunta: ¿Cómo pudo haber subido tan rápidamente a través de las filas de la Iglesia con estas acusaciones dirigidas contra él?

En primer lugar, existe, una vez más, la tendencia humana a aceptar la palabra de la persona que usted conoce – aquí, el Obispo sobre el seminarista o el sacerdote recién ordenado. (La misma tendencia contribuyó a la crisis de abuso infantil: tomando la palabra del sacerdote sobre la del padre). Segundo, la tendencia histórica de algunos líderes de la Iglesia a considerar estos abusos principalmente como “problemas morales”, donde una disculpa y una promesa de arrepentimiento y de reparar las propias maneras es suficiente. En tercer lugar, la incomodidad de lidiar con cualquier cosa que se parezca a la homosexualidad. Cuarto, la resistencia entre algunos miembros de la jerarquía eclesiástica al tratar con la sexualidad de cualquier manera. En quinto lugar, el talento, el intelecto y la ética de trabajo del Obispo McCarrick lo convirtieron en un candidato “deseable” para ser promovido a la Arquidiócesis de Newark y más tarde a Washington, DC.

Pero finalmente la respuesta es el pecado. Como dije, este no es un análisis completo, pero cualquier análisis debe usar esta palabra. Hay mucho pecado para todos: los pecados de los Nuncios y todos los líderes de la Iglesia que despreciaron, minimizaron o simplemente ignoraron estos reportes, los pecados de todos aquellos en poder que hicieron la vista gorda a años de abuso de poder y, finalmente , los pecados del propio Cardenal McCarrick, que no se convirtió en un líder servidor sino en uno abusivo.

Nota del editor: este artículo ha sido actualizado para incluir más detalles sobre el informe del padre Ramsey al Nuncio.

El reverendo James Martin, SJ, es un sacerdote jesuita, autor y editor general de América.
* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy. *
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