El I Encuentro Iberoamericano de Teología, con los movimientos sociales hispanos de Boston

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Carlos Maria Galli: “Acompañamos su causa, porque es la causa de 
todos los pueblos y los emigrantes del mundo”

“Al Mal hay que hacerle frente abiertamente. Somos América. Nuestra gente estuvo aquí antes que ellos”

(José Manuel Vidal, Boston).- “Me llamo Sonia. Soy de Perú. Llevo 12 años en este país. Soy indocumentada, pero no incapacitada. Confieso que el miedo ha vuelto a mi vida, no sólo por la falta de documentos, sino porque temo no poder realizar los sueños que traje en mi mochila”. Éste fue uno de los muchos testimonios desgarradores que sonaron en la parroquia de San Ignacio de Boston, con la presencia de decenas de representantes de movimientos sociales y religioso de la ciudad, acompañados por los teólogos del I Encuentro Iberoamericano.

De las discusiones teológicas a la vida real de un pueblo oprimido. La convocatoria vino de la mano de Félix Palazzi, joven teólogo laico venezolano del Boston College, que la presentaba así: “En nuestra ciudad hay un gran miedo. Y no nos podemos dejar vencer por él. Queremos vencer el miedo de nuestras comunidades, en un trabajo conjunto de todas nuestras organizaciones sociales y religiosas”.

Y por el altar fueron desfilando diversas personas, representando a una variada gama de organizaciones sociales y religiosas populares. Desde una pastora a un fraile capuchino, pasando por un teólogo argentino. En todas las intervenciones planea la sombra de Donald Trump, aunque ni una sola vez se le nombró explícitamente. Como si hubiese miedo de nombrar a la ‘Bestia’.

Llama la atención cómo esta gente sencilla y humilde, emigrantes de los distintos países de América Latina, se ha inculturado y pasa, con suma facilidad, del español al inglés y viceversa. También sorprende la intensidad de sus discursos, que tocan la emoción y llegan incluso a las lágrimas en ocasiones. ¡Qué bien se expresa y con qué intensidad! Su dolor sale a borbotones y se impregna en el templo.

“Vivimos en dos mundos. Vivimos aquí físicamente, pero nuestro corazón está en nuestros países. Estamos aquí, porque queremos un futuro mejor para nuestros hijos“, explicaba Magalia Rowe. Y añadía: “Me formé en Perú con el Padre Gustavo Gutiérrez. Estamos aquí para unir esfuerzos por nuestros hermanos que viven en las sombras. Porque juntos somos más fuertes”.

Juan Aurelio López reivindica la América que también es latina: “Al Mal hay que hacerle frente abiertamente. Somos América. Nuestra gente estuvo aquí antes que ellos. No hay más que mirar los nombres de muchos de sus Estados o ciudades, desde Nevada a Las Vegas, pasando por Los Ángeles o San Francisco o Florida. Somos parte de esta gran nación desde que empezó. Nuestros hijos no son mejores que nadie, pero no hay nadie mejor que ellos. Con amor, podemos triunfar. Para atrás ni para coger impulso”.

Mientras, Ester de Perú lanza un grito de ayuda a la Universidad de los Jesuitas, que organiza el encuentro: “En nombre de los 11 millones de indocumentados de este país, pido al Boston College que nos ayude a vencer el miedo“.

Erwin, un salvadoreño, anima a los presentes: “Llevo 40 años aquí. Fui arrestado y tuve una orden de expulsión, pero salí adelante. Ustedes también lo conseguirán, a pesar de que últimamente oigamos por todas partes que no merecemos estar aquí o tener una vida decente aquí”.

A algunos latinos indocumentados les preocupan las repercusiones que la actual situación pueda tener en sus hijos: “¿Qué va a pasar con nuestros niños, que escuchan constantemente esta retórica del desamor?“. Y piden al Boston College que estudie académicamente las repercusiones psicológicas del miedo y de la ‘caza de indocumentados’ sobre los más pequeños.

Otros denuncian a los grandes medios de comunicación, que amplifican esta campaña y contribuyen a expandir el miedo. “Los medios nos meten mucho miedo, pero hay que tener muy claro que no nos van a meter en barcas y devolvernos a nuestros países”. También piden ‘santuarios’. “Queremos que nuestra ciudad sea santuario para los emigrantes“, pide Juan Antonio.

Por parte del I Encuentro Iberoamericano de Teología intervino el teólogo argentino Carlos María Galli, dando gracias por “haber sido invitado a este encuentro ecuménico, interreligioso y solidario” y ofreciendo la solidaridad de los teólogos: “Nosotros estamos son ustedes. Rezamos por ustedes. Acompañamos su causa, porque es la causa de todos los pueblos y de todos los emigrantes del mundo“.

Y añadía: “Venimos a conocer sus nombres, sus voces y sus rostros. A través de ellos, estamos en sus corazones”. El pastoralista argentino señaló también que el propio Jesús fue emigrante y refugiado en Egipto y que “cada vez que recibimos a un hermano nuestro, estamos acogiendo al propio Cristo“.

También recordó que el Papa Francisco es hijo de inmigrantes italianos en Argentina, asi como su lucha en favor de emigrantes y refugiados. Tanto es así que se reservó ese departamento en el Dicasterio romano que se ocupa del ‘Desarrollo humano integral’ y proclama antes los trabajadores y los movimientos sociales la necesidad de que consigan las tres T: techo, trabajo y tierra.

Tras el acto reivindicativo, tuvo lugar una eucaristía, presidida por el cardenal venezolano, Baltazar Porras, uno de los asistentes al I Encuentro Iberoamericano de Teología. Con un coro excelente. Una misa alegre y esperanzadora, pero también sentida, transida de vida, de gritos de sufrimiento y de dolor de estos latinos que dirigen sus ojos hacia la Iglesia en busca de socorro. ¿Los escucha la jerarquía estadounidense?

Tras la misa, todos quieren hacerse fotos con el cardenal, que fue acogido como un ‘salvador’. Un cardenal, sencillo y humilde, en medio de los pobres. Un cardenal que les ofrece su ayuda, aunque, desde Venezuela, poco pueda hacer. Quizás llamar a las conciencias de sus pares norteamericanos, para que escuchen el clamor de este pueblo que gime y llora. Y necesita consuelo. “He escuchado el grito de mi pueblo”, dice el Señor.

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