Francisco y la Teología del Pueblo: 1

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Los discursos y la pastoral del Papa Francisco están inspirados en lo que se denomina Teología del Pueblo. Esta es una rama de la teología latinoamericana desarrollada en Argentina por los teólogos Lucio Gera y Rafael Tello, y luego asumida por el Episcopado Argentino en la Declaración de San Miguel en 1969. Según el teólogo jesuita Scannone, a diferencia de la Teología de la Liberación, la Teología del Pueblo no busca el cambio de las estructuras sociales y políticas por sí mismas, sino el discernimiento de la misión e identidad de la Institución eclesiástica a partir de su opción por el pueblo pobre, expresada en un firme discurso sociopolítico que llame al diálogo y una praxis pastoral que promueva la justicia social.

Para lograr esto propone algunos principios: a) evitar el “abstraccionismo espiritual” o una fe sin lugares sociales; b) apartarse del “metodologismo funcionalista” que promueve el uso de cualquier medio con tal de alcanzar un fin determinado, como puede ser la permanencia en el poder; c) criticar a las “ideologías abstractas” que terminan con una reducción ideológica del evangelio y la praxis cristiana; d) y desmontar el “clericalismo y el carrerismo eclesial”, que son signos de una fe que no logra ser fiel al Evangelio.

Desde los años 70, Francisco asumía una visión muy clara de la condición política del cristiano y de lo que debía ser la acción pastoral de la Iglesia. Así lo hizo saber en el discurso de apertura de la Congregación Provincial XIV de los Jesuitas en 1974. La praxis cristiana, tanto religiosa como sociopolítica, ha de centrarse en la fraternidad solidaria, la justicia social y el bien común, antes que en nociones como patria, proceso o revolución que son excluyentes frente a toda disidencia o alternativa.

En su reciente paso por Sudamérica Francisco recordó que “las ideologías terminan mal, no sirven, las ideologías tienen una relación incompleta, o enferma o mala con el pueblo. Las ideologías no asumen al pueblo. Por eso, fíjense en el siglo pasado, en qué terminaron las ideologías, en dictaduras, siempre, siempre, piensan por el pueblo, pero no dejan pensar al pueblo. O como decía aquel agudo crítico de la ideología cuando le dijeron pero esta gente tiene buena voluntad y quieren hacer cosas con el pueblo, todo por el pueblo pero nada con el pueblo, esas son las ideologías” (Discurso en Paraguay, 11-7-2015).

Frente a este riesgo, Francisco propone la construcción de una unidad nacional. En la encíclica Lumen Fidei explica esto al afirmar que “la unidad es superior al conflicto”. Los conflictos han de ser asumidos y transformados en una unidad superior (LF 55) inspirada en un programa de desarrollo de todo el sujeto humano y de todos los sujetos, sin discriminación alguna (Evangelii Gaudium 236).

El cristiano está llamado a discernir la validez ética y la verdad moral de los medios sociopolíticos y religiosos que se utilicen, pues es ahí donde se mide la necesidad de un cambio de orientación en la vida política de un país. La Iglesia está obligada a contribuir con estos procesos de cambio porque, ella, “junto con las diversas fuerzas sociales, acompaña las propuestas que mejor respondan a la dignidad de la persona humana y al bien común (…) para transmitir convicciones que luego puedan traducirse en acciones políticas” (Evangelii Gaudium 241).

El llamado que nos dejó Francisco en su reciente viaje a Sudamérica es el de “optar por el pueblo pobre” y “alejarnos de tentaciones de propuestas unicistas más cercanas a dictaduras, a ideologías, a sectarismos” (Homilía, Quito, 7-7-2015).

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Rafael Luciani
Doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Università Gregoriana, Filosofía por la Universidad Pontificia Salesiana e investigación post-doct en la Julius-Maxiliams Universität. Profesor Titular en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), Straordinario en la Università Pontificia Salesiana (Roma) y en el Boston College (Boston, MA)