Inauguración del ‘Primer encuentro iberoamericano de Teología’ en el Boston College

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Cardenal Porras: “Acompañad al Papa, que quiere ofrecer al mundo la 
especificidad del cristianismo de su tierra”

Galli: “Francisco promueve una reforma de la Iglesia y de la sociedad desde las periferias de la pobreza”.

(José M. Vidal, enviado especial, Boston).- Es la primera vez que se reúnen teólogos y pastoralistas de toda la comunidad iberoamericana (España y Latinoamérica), para dialogar sobre el presente y el futuro de una teología inculturada en tiempos de globalización, interculturalidad y exclusión. Con una misa solemne de inauguración en las instalaciones del Boston College en Dover, a unos 25 kilómetros de la capital del Estado, presidida por el cardenal Porras.

A su lado, en el altar, Raúl Biord, obispo de La Guaira (Venezuela), y un diácono. Los participantes en el Encuentro, dispuestos en semicírculos en torno a la mesa, colocada en el centro de una amplia y luminosa capilla.

“Vengo con gran ilusión y contento, a compartir este encuentro con tan selecto grupo de teólogos y pastoralistas de ambas orillas del Atlántico, bajo el sugerente y comprometedor momento eclesial inaugurado por el Papa Francisco“, comenzó diciendo el purpurado en su homilía.

A su juicio, el ‘Primer Encuentro iberoamericano de Teología’ “es un reto a la fidelidad y a la herencia del Concilio Vaticano II desde el aporte original iberoamericano, que, desde Medellín hasta nuestros días, ha hecho un camino que el Papa Francisco propone al mundo entero”.

Aprovechando la memoria de San Pablo Miki y compañeros mártires en el Japón del siglo XVI, el arzobispo de Mérida (Venezuela) recordó que “jesuitas y franciscanos lograron que el cristianismo se expandiera en aquellas tierras por la intuición (inculturación decimos hoy) de respetar los modos de vida no opuestos a la enseñanza cristiana y la inserción en la liturgia y en la vida ordinaria de elementos locales, que hacían sentir que el cristianismo fuera visto y aceptado como algo compatible con la milenaria cultura nipona“.

Para el cardenal, “este encuentro es una invitación, mejor un desafío, para darle impulso al tratamiento académico, teológico-pastoral de la vivencia del cristianismo en la actualidad en nuestro continente”. Más aún, debe ser una experiencia fuerte de la Iglesia iberoamericana, “para que mostremos vivencialmente la originalidad del cristianismo actuante y dinámico en medio de la realidad lacerante de mucha de nuestra gente”.

En este sentido, el cardenal Porras se enorgullece de que “la cercanía a la vida cotidiana de la gente, la asunción gozosa de cada una de las culturas y subculturas, el estar en salida permanente, atentos a las periferias existenciales, hace al cristianismo iberoamericano más acorde con la línea evangélica de Jesús”.

A su juicio, plantearse el servicio a la Iglesia en el espíritu del Vaticano II y en la dinámica evangélica “será la mejor manera de acompañar al Papa Francisco, que quiere ofrecer al mundo la especificidad del cristianismo de su tierra, como un nuevo aliento a las viejas cristiandades del norte y a las emergentes de los otros continentes”. Ese decir, arrimar el hombro y ayudar al Papa, además, a “hacer del pobre y del marginado, protagonista y no simple receptor de las bondades del prójimo”.

“Llegué el último, me toca el último”

Para ilustrar esta nueva dinámica que Francisco está imprimiendo a la Iglesia, el cardenal contó una anécdota. Tras una reunión del Papa con los cardenales, al comienzo de su pontificado, se acordó una pausa-café. Al lado del aula había dos estancias dispuestas para tomar café: una para el papa y la otra, para los cardenales. “¿Una estancia para mí? ¿Para mí sólo? Qué va, me voy con los cardenales“, dijo Francisco.

Al entrar en la estancia de los cardenales, todos querían cederle el paso. Pero Francisco replicó: “Llegué el último, me toca el último”. Cuando ya todos tenían su café en la mano, un cardenal alemán sentenció: “La Iglesia tiene que hacer esto en todas partes. Gracias, Santidad por su ejemplo”. Y Francisco replicó: “No es virtud; es que los latinoamericanos somos así”.

Tras la eucaristía, las palabras de Bienvenida del rector del Boston College, Thomas D. Stegman, y un video del General de los jesuitas, padre Sosa. En su grabación, el Prepósito General dio las gracias a los presentes por su participación en el Encuentro, invitó al “espíritu de colaboración” entre facultades e instituciones eclesiásticas y lanzó a los teólogos una petición clara y contundente: “Ver con al mirada de los pobres”.

Introdujo la primera sesión, uno de los organizadores del Encuentro, el teólogo venezolano Rafael Luciani, profesor en el Boston College. Su ponencia, titulada ‘Pensar los signos de los tiempos en esta época global’, se centró en el “fenómeno de la globalización y sus consecuencias socioculturales, como la pérdida de identidades locales, una creciente inequidad, la fragmentación xenofóbica y la multiplicación de conflictos armados”.

En definitiva “un nuevo talante epocal, lleno de signos y referentes estremecedores”, cuyas causas son, sobre todo, “la absolutización del mercado y del sistema financiero, convertidos en un fetiche”. De tal forma, que “la economía deja de ser una mediación humanizadora de la vida social” y “deja a la mayoría de la humanidad sin posibilidad de tener posibilidades”, al tiempo que “crece la inequidad” y millones de personas “quedan excluidas del sistema global”.

Las consecuencias socioculturales de la globalización tampoco son nada halagüeñas, entre otras cosas, por la “pérdida de vínculos y de referentes humanizadores”, de tal forma que “se nos roba, o nos dejamos robar, lo más propio y denso de nuestra condición humana que es la vocación de fraternizar nuestras relaciones”.

Luciani postula, para hacer frente a los peligros de la globalización, “construir una mundialización alternativa y policéntrica“. Es decir, una “dinámica mundializadora universalista, antes que globalista”.

Para descubrir esta globalización humanizadora, el profesor del Boston College propone el “método de los signos de los tiempos”, es decir “partir de los nudos problemáticos de esta época (exclusión, inequidad e interculturalidad), para discernir su dirección dominante y presentar alternativas al nefasto patrón globalizador”. Éste sería uno de los principales objetivos del ‘Encuentro’, asi como “contribuir al actual proceso de reformas abierto por nuestro hermano Francisco”.

¿Una nueva fase de la teología iberoamericana?

En una densa y apretada conferencia, el pastoralista argentino y asesor de Francisco, Carlos Maria Galli, propuso la ‘quaestio’ del Encuentro iberoamericano de teología en forma de pregunta: ‘¿Un salto hacia el futuro de la teología en castellano?’

Para llegar a esta última formulación, el ponente recorrió cinco pasos. El primero, “las huellas de una historia teológica común“, en el que reivindicó a la Universidad de Salamanca, como “alma mater de los nuevos centros que surgen en Latinoamericana” o el planteamiento de la ‘cuestión indiana’, que “llevó a España a ser el primer imperio que puso en tela de juicio los derechos sobre sus conquistas”. Y así fue recorriendo los sucesivos períodos históricos.

En el segundo paso, Galli apostó por “una teología más inculturada e intercultural“, pensando en “un nosotros iberoamericano”. En el tercer pasó subrayo “el kairós del pontificado reformador de Francisco”. Un pontificado en el que “sopla el Viento del Sur”, porque Francisco “representa la llegada del sur al corazón de la Iglesia”.

Según Galli, “Francisco promueve una reforma de la Iglesia y de la sociedad desde las periferias de la pobreza”, amén de que se está convirtiendo en el “hombre de la reforma práctica”, como le gusta decir a Benedicto XVI.

El cuarto paso consiste en “el desafío de hacer teología en castellano o español“, que es la segunda lengua del mundo y “la primera hablada en el catolicismo”, a la que hay que sumarle el portugués.

Por último Galli propone un quinto paso: “Una teología más científica, profética y sapiencial”. Porque “la teología iberoamericana presente y futura necesita el aporte de sabios profetas y profetas sabios”, pero con especial inclinación hacia “una teología profética”, que debe “interpretar las esperanzas históricas, especialmente de los pobres, que esperan a Dios y luchan por una vida digna”.

 

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