La doctrina social de la Iglesia y la violencia armada

Frente a otro tiroteo masivo, esta vez en una Preparatoria de Florida, y el sufrimiento que ese ataque ocasionó, la Iglesia Católica trae tanto sus oraciones como su creencia que la muerte no es un muro, sino una puerta.

No debemos burlarnos de la capacidad de la oración para fundamentar la solidaridad, ni tampoco el poder de la creencia para, con el tiempo, sanar las heridas que la muerte inflige. Ante un desastre natural, hay poco  más que nosotros los humanos podamos hacer. Pero estos tiroteos masivos no son un desastre natural y la oración y la creencia, aunque esenciales, no son suficientes, porque hay algo moralmente en bancarrota en el duelo por los muertos, incidente tras incidente, sin tampoco tomar medidas para garantizar que sea más difícil llevar a cabo tal ataque en el futuro.

La Iglesia Católica trae regalos a esta última tarea también. Los pilares de la doctrina social Católica — la vida humana  y la dignidad, la solidaridad, la subsidiariedad, la caridad — todas arrojan luz sobre cómo combatir el flagelo de la violencia y hacer esto de una manera que nadie que valore el espíritu deportivo y la caza necesite preocuparse.

La aplicación de algunas de estas ideas extraídas de la doctrina social Católica no es difícil de determinar: El principio más básico del pensamiento social Católico es que cada persona humana está dotada de vida y dignidad por Dios, y el grado en que la vida es protegida y la dignidad realzada es la medida exacta de la justicia en una sociedad. El hecho de que los Estados Unidos, sólo entre las grandes naciones industrializadas, sufra estos repetidos tiroteos masivos es una afrenta a la vida humana y a la dignidad del tipo más básico y obvio.

Del mismo modo, la caridad exige que no sólo tratemos de evitar tragedias en el futuro en nombre de las víctimas potenciales, sino también en nombre de los posibles perpetradores: no es caridad poner un arma en las manos de un individuo mentalmente inestable, dándole los medios para cometer un crimen y ganarse un castigo justo, cuando lo que necesita es tratamiento.

Sin embargo, me gustaría centrarme en la solidaridad y la subsidiariedad y ver como ellas pueden orientar nuestros pensamientos sobre como frenar la violencia armada.

La solidaridad no es más que el reconocimiento de que nosotros humanos estamos unidos, que por grandes que sean nuestros esfuerzos individuales, logros y desilusiones, nosotros tenemos cierta responsabilidad por nuestros semejantes y no sólo por nosotros mismos, que estamos en esto juntos. Para los Cristianos, está arraigado en la idea de que estamos hechos a la imagen y semejanza de un Dios trino y por lo tanto existe una relación incluso en la misma esencia de la realidad, la Deidad.

La subsidiariedad es la idea de que la solución a cualquier problema social dado se logra mejor al nivel más bajo posible de organización social y al nivel más alto posible necesario. Además, como la raíz latina es subsidium, o ayuda, donde nosotros obtenemos la palabra subsidio, la subsidiariedad se trata de cómo los diferentes niveles de una sociedad, desde la familia, a través de cuerpos sociales intermedios y hasta el nivel de gobierno, pueden ayudarse unos a otros a conseguir el bien común.

En su Encíclica Caritas in Veritate, el Papa Benedicto XVI escribió, “El principio de la subsidiariedad debe permanecer estrechamente ligado al principio de la solidaridad y viceversa, ya que el primero sin el último da paso al privatismo social, mientras que el último sin el primero cede el paso a la asistencia social paternalista que es degradante para aquellos en necesidad ” (énfasis en original). Ésta es la clave para entender cómo nosotros, como Católicos, deberíamos discernir soluciones al problema de la violencia armada.

Presentó que si bien las familias y las comunidades pueden y deben liderar los esfuerzos para mantener las armas fuera de las manos de aquellos con problemas de salud mental, y generalmente brindan atención a dichos individuos más allá de meramente mantenerlos alejados de las armas, es solamente a nivel federal que la legislación de control de armas es posible.

Los conservadores y los lacayos de la Asociación Nacional de Rifle citan los altos niveles de violencia armada en ciudades como Chicago, que tiene estrictas leyes de control de armas, como evidencia de que dichas leyes no son efectivas. Pero a menos que el Estado de Illinois quiera convertir sus fronteras con otros estados en una serie de punto de control Charlies de la clase que marcó la frontera entre Berlín Oriental y Occidental durante la Guerra Fría, las armas de los estados con leyes laxas pueden transportarse fácilmente a estados con leyes rígidas.

La subsidiariedad demanda acción en el único nivel del gobierno que será eficaz, el nivel federal.

Durante 10 años, desde 1994 hasta 2014, nuestra nación tuvo una prohibición federal de armas de asalto. La prohibición sólo aplicaba a nuevas compras, y lamentablemente, ya había muchas armas en el mercado para el momento en que la Ley fue promulgada. Los críticos del control de armas afirman que falló, porque la violencia no disminuyó significativamente..

Creo que habríamos necesitado permitirle a la ley que siguiera otra generación más o menos para probar realmente su eficacia. Y es indudablemente cierto que los incidentes de tiroteo en masa han aumentado desde el año 2004.

La causalidad es una cosa difícil de probar y si se necesitara certeza antes de promulgar una determinada política social, no habría una política social. Toda acción gubernamental tiene consecuencias involuntarias que deben ser medidas y evaluadas, ajustes a la ley original emprendida, etc. Pero usted deber ser ya sea un ideólogo de la Segunda Enmienda o de otra manera engañado para no pensar en la prohibición de armas de asalto, y tratar de recomprar tantas como sea posible de las que están actualmente en el mercado, lo haría menos probable que otro hombre joven enojado tenga en sus manos un arma capaz de crear el tipo de carnicería que hemos visto en Columbine, Newtown ahora en Parkland.

Nosotros los Católicos llevamos nuestras oraciones y creencias a estos horrendos asesinatos en masa, pero aportamos mucho más al esfuerzo para evitar que tales futuros homicidios sucedan. Es impactante para mí que los líderes de la comunidad pro-vida, incluidos los Obispos Estadounidenses, no estén a la vanguardia de esta lucha por leyes más estrictas de control de armas. Que ninguno de ellos vuelvan a llamar a alguien en la izquierda una “cafetería Católica.” No debería tener que estar en el útero para valorar su vida en este país.

Es la cobardía moral o hipocresía, o ambas, que deje de lado la lucha política que ha comenzado por las voces valientes y asombrosamente eruditas de los estudiantes de secundaria de Florida que sobrevivieron este último tiroteo. El Papa Francisco insiste que las personas deben ser agentes de su propio desarrollo y estos niños se han tomado en serio ese mensaje. Que su valor avergüence a los cobardes en Capitolio para que actúen.

Autor: Michael Sean Winters

* Artículo reproducido con el debido permiso de National Catholic Reporter. National Catholic Reporter no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

 

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