¿Qué les falta a los críticos de “Amoris Laetitia”?

La exhortación apostólica del Papa Francisco Amoris Laetitia ha sido aceptada por la mayoría de los católicos como un soplo de aire fresco. Su cálido aliento a las familias para que coloquen el amor en el centro de sus vidas, es una clara invitación a los pastores para acompañar a los católicos en la ¨complejidad¨ de sus situaciones y un fuerte recordatorio de que la Iglesia necesita recuperar una apreciación del papel de conciencia que ha sido acogido por millones de católicos como un signo de que la Iglesia quiere conocer donde están.

Pero esto no ha sido acogido así por todos los católicos. En algunos sectores de la Iglesia esto no ha sido recibido con agrado. De hecho, fue recibido con una vituperación que parecía acercarse a una apoplejía. Muchos críticos estaban frustrados, alarmados y enojados por la misma cosa. Ellos afirmaron que Francisco había enlodado las aguas claras de la moral de la Iglesia al elevar un concepto que había sido presentado por San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús a la cual pertenece el Papa, en prisión: la noción de que Dios puede tratar con la gente directamente.

La forma en la que esta noción se enmarca en el documento es primordialmente a través del lente de la ¨conciencia¨. El papel y primacía de la conciencia pertenece a la tradición católica. Santo Tomás de Aquino dijo aquella famosa frase, que él preferiría ir contra las enseñanzas de la Iglesia que contra su conciencia. ¨Hablando en términos absolutos¨ cada variante con la conciencia, ¨ya sea correcta o errada¨ siempre está mal (Summa Theologiae). El Concilio Vaticano II escribió, ¨la conciencia es el núcleo más secreto del hombre, y su santuario. Ahí está sólo él con Dios cuya voz resuena en sus profundidades¨ (Gaudium et Spes, 16).

Pero como la mayoría de los Católicos sabe, esta debe ser una ¨conciencia formada¨, lo que quiere decir, una que conozca y acepte los Evangelios y las enseñanzas de la Iglesia, y esté dispuesto a ponerlo en práctica. En ese caso, ¿por qué el énfasis del Papa Francisco sobre la conciencia es tan alarmante para los críticos? ¿por qué una enseñanza tradicional alarma a los llamados tradicionalistas?

En las décadas pasadas el discurso católico sobre la conciencia ha tomado la siguiente dirección: una persona puede tomar una buena decisión moral solamente con una conciencia formada (hasta aquí, todo va bien…). Pero la única prueba de una conciencia formada es que esté de acuerdo con todo lo establecido en el Catecismo de la Iglesia Católica, sin excepciones, sin hacer preguntas y sin necesidad de discernir cómo aplicar estas reglas a la vida de uno. Si uno no aceptara todo en el Catecismo, sin preguntar, entonces uno no tendría una conciencia formada.

Esto significa que las enseñanzas de la Iglesia fueron, a menudo, presentadas en blanco y negro, como una talla única para todos o unas simples reglas de juego. Como resultado, el espacio que le permite a Dios ayudar a las personas a aplicar las enseñanzas de la Iglesia a sus vidas, o el espacio de discernimiento de acuerdo a las ¨complejidades¨ de la situación particular, fue esencialmente eliminado. En esencia, no necesitabas más la conciencia. Sólo necesitabas el Catecismo.

En uno de los pasajes más importantes en la exhortación, Francisco nos recuerda que esto no es la tradición Católica: “la conciencia puede hacer más que reconocer que una determinada situación no se corresponde con objetividad a las demandas generales del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad lo que por ahora sería la respuesta más generosa que se le puede dar a Dios, y venir a ver con cierta seguridad moral qué es lo que Dios mismo nos está pidiendo en medio de la complejidad concreta de los límites propios, mientras no está todavía el objetivo ideal completo” (No. 303).

Esto es, que la conciencia no se limita a decir que ¨esta es la regla¨. Por el contrario, la conciencia nos ayuda a decir: ¨esto es lo que la regla significa en mi situación y esta es la manera en que será aplicada¨.

Ahora bien, esto presupone algo que pudiera ser incluso más difícil para ser aceptado por algunos críticos, y se trata de algo que metió a San Ignacio en problemas con la Inquisición: la idea, simplemente expresada en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que era su manual para orar, de que el Creador puede ¨directamente tratar con la criatura¨.” Esto quiere decir que Dios trata con nosotros directamente, no sólo a través de la Iglesia, sino también uno a uno. Dios nos consuela. Dios nos levanta. Dios Nos invita. Dios mueve los corazones humanos. Y en particular, en el proceso de toma de decisiones, Dios ayuda a las personas. Por lo tanto, no es tan simple como seguir un conjunto de reglas. La espiritualidad Jesuita, de hecho la espiritualidad cristiana, supone que Dios ayudará a la persona a tomar una buena decisión.

Esta idea le vino a San Ignacio en la cárcel varias veces, principalmente porque aquellos que lideraban la Inquisición estaban atemorizados de que este conocimiento pudiera significar una disminución de la influencia de la Iglesia Católica. Por esto, Ignacio fue forzado a explicar, muchas veces, que la Iglesia, con la que él había comprometido su vida, de ninguna manera sería marginada. Después de todo, él les pidió a sus Jesuitas unirse al Papa a través de un voto especial de obediencia ¨relacionado con la misión¨. De la misma manera, había resuelto que: “Dios podía tratar con las personas directamente”. Y las personas podían tratar con Dios directamente. Porque él lo ha visto – en su propia vida y en la de otros.

En muchas críticas a la “Amoris Laetitia” escuché un desagrado o denigración de esta idea. Algunas críticas me parecen ciertamente desdeñosas, como si Dios no pudiera estar activamente en la vida de dicha persona, o como si el pueblo de Dios no pudiera ser contado para apreciar, mucho menos entender, lo que esto significa. Por lo tanto, algunas de estas críticas parecieran no sólo un despido de la gracia sino también un menosprecio de la vida de fe de los Católicos adultos.

COUNT ONultos. ven los Cat entender, lo que esto significa. Por lo tanto algunas de estas crones, Dios ayuda a las personas.  o

La clave, por lo tanto, para “Amoris Laetitia” es la creencia de que Dios está obrando en la vida de las personas. Esto es lo que a algunos críticos del documento les falta, lo minimizan o ignoran. O simplemente no lo creen.

En más de 25 años como Jesuita he visto a Dios obrando poderosamente en la vida de innumerables personas —hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, ricos y pobres. De hecho, siendo director espiritual (alguien que habla a las personas sobre sus oraciones y sus experiencias de Dios en sus vidas espirituales) ha sido una ayuda inmensa para comprender la fe, porque uno ve a Dios activamente obrando. Tú ves a Dios tratar ¨inmediatamente¨ con las personas.

¿Cómo se manifiesta Dios? 

En una miríada de hermosas, sorprendentes y profundas maneras, dependiendo de cada persona. En algunas personas, la acción de Dios se manifiesta como un fuerte aguijón en su propia conciencia, recordándoles que lo que hacen está mal. En otros, es una invitación irresistible a una nueva forma de vida. En otros, es un sentimiento reconfortante de consuelo que sigue a una buena toma de decisión. En otros, un sentimiento vívido de cercanía a lo divino que viene de la vivencia de una poderosa experiencia de oración. Estas experiencias son difíciles de resumir, debido a que son muchas, y muy variadas. Emociones, deseos, percepciones, recuerdos, sentimientos. Todos estos son maneras de la acción de Dios a través de nuestros corazones.

He aprendido a reverenciar cada una de estas experiencias. Hay un viejo dicho entre los directores de retiro. A menudo cuando se inicia un retiro, ellos dicen. ¨Yo no soy el verdadero director espiritual. El Espíritu Santo lo es.¨ Es una señal de la importancia que le damos a la santidad suprema de la actividad de Dios, cuya voz ¨hace eco¨ en el corazón de las personas. insta. o:  Dios tarta con las personas directamente.. Dios las mueve, las consuela, las s gunas personas, la actividad de Dios cPor lo tanto lo que les falta a muchos de los críticos de ¨Amoris Laetitia¨ es esto:  Dios trata con las personas directamente. Dios las mueve, las consuela, las insta. Dios las ayuda a entender cómo los Evangelios y las enseñanzas de la Iglesia se relacionan con sus vidas. Dios los ayuda a tomar buenas decisiones.

La verdad no necesita ser denigrada o burlada. Tiene que ser reverenciada.

Colaborador: America The National Catholic Review
* Artículo reproducido con el debido permiso de America The National Catholic Review. America The National Catholic Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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James Martin
El jesuita James Martin es editor de America, la revista católica más importante de los EE.UU. Después de estudiar Economía y haber trabajado en varias corporaciones, decidió entrar en la compañía de Jesús. Estudió filosofía en Loyola University de Chicago y luego teología en Weston, la actual Escuela de Teología del Boston College. Ha trabajado en hospitales y prisiones, e hizo dos años de pastoral en Kenya, Africa, ayudando a refugiados para formar pequeñas empresas. Es autor de varios libros, entre ellos: Jesús (Harper One), traducido en varios idiomas.