En la búsqueda ¨espacios seguros¨ para el diálogo

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Hace unas semanas, una gran cantidad de estudiantes que protestaban en la Universidad de California, Davis, impidieron un discurso programado por el incendiario escritor de Breibart Milo Yiannopoulos, quien, entre otras cosas, ha sido expulsado de Twitter por incitar ataques basados en la raza contra la actriz de “Los Caza fantasmas” Leslie Jones.

Una semana más tarde, una manifestación en la Universidad de Washington por la presencia del Sr. Yiannopoulos, actualmente en una gira por las escuelas de la Costa Oeste, se volvió violenta, y una persona fuera del evento fue disparada.

Más recientemente, en el despertar del asalto del líder de los nacionalistas blancos Richard Spencer durante una entrevista televisada, personas de todo el país han estado debatiendo si y cuando está “bien golpear a un Nazi”.

Frente a eventos como estos, así como la instalación de un presidente que no tiene problemas con denunciar públicamente a personas concretas, colegios y universidades en todo el país se encuentran luchando para discernir la mejor manera de negociar la libertad de expresión en sus campus.

“La respuesta a la controversia es hablar más, no menos,” dice la Dra. Robbin Crabtree, Decano del Colegio Bellarmine de Artes Liberales de la Universidad Loyola Marymount. Los estudiantes llegan a la Universidad “informados y desinformados, comprometidos y no comprometidos, en un espectro de ideologías tanto recibidas como escogidas que han sido cuestionadas o no”, explica ella.

El trabajo de una Universidad es ayudarlos a ver y evaluar el “guión” que están representando, las creencias que están expresando. Ese trabajo, ella dice, sucede no a través de silenciar las voces sino a través de “la proliferación de la expresión y los encuentros”.

Richard Rocheleau, vicepresidente asociado de vida estudiantil en Loyola y el presidente del grupo de trabajo de la Universidad sobre la libre expresión, está de acuerdo. “Cuanto más he profundizado en la libertad de expresión como hemos revisado nuestras políticas y reentrenado a nuestro personal, más he encontrado la manera de combatir el discurso que no te gusta o que encuentras ofensivo es más discurso”.

El Sr. Rocheleau ve ejemplos como Martin Luther King Jr. o los recientes avances de la comunidad L.G.B.T., que demuestran que el compromiso persistente ha conducido eventualmente a una mayor justicia. “La colaboración con comunidades que te oponen de una manera civilizada y respetuosa es como la verdad, lo que es correcto, se revela y convierte en ley”, argumenta. “La voluntad de Dios muestra su forma cuando nos comprometemos con otros”.

Pero “gritar no es productivo. No aprendes nada de esa manera, excepto con suerte no gritar”.

Uno de los retos de la educación superior en balancear la libertad de expresión y la seguridad del campus es algo de su propio lenguaje. Términos como ¨discurso de odio¨ y ¨ espacios seguros¨ originalmente se desarrollaron de una conciencia cada vez mayor de las luchas y necesidades de los grupos marginados. Hoy estas ideas pueden causar problemas, ¿Qué constituye un ¨discurso de odio¨, por ejemplo?

El término “es muy subjetivo,” dice el Sr. Rocheleau. Tampoco tiene valor legal. “La Corte Suprema considera que las expresiones de odio a ser protegidas,” dice la especialista en derecho constitucional de la Universidad de Santa Clara Margaret Russell. “El discurso que es emocionalmente perturbador o insultante está todavía protegido porque la teoría es que el oyente puede darse la vuelta”.

“Espacios seguros” ha sido de la misma manera utilizado por algunos para sugerir que los puntos de vista que algunos pueden encontrar personalmente hirientes o inconsistentes con la misión de un colegio o universidad no tienen lugar siendo expresados allí.

“Es un balance delicado,” reconoce el Sr. Rocheleau. “Estaría de acuerdo con que la seguridad de los estudiantes es una de nuestras más altas prioridades, dándole a los estudiantes apoyo y asegurándoles que este es un lugar donde ellos pueden aprender y desarrollarse y ser exitosos. Pero el proteger a los estudiantes de sentirse ofendidos o de oír algo con lo que ellos no están de acuerdo no es, yo pienso, nuestro trabajo”.

De hecho, ¿qué tipo de educación es incluso posible sin desafíos y vulnerabilidad? No creo que la Constitución nos proteja de estar incómodos,” dice el Sr. Rocheleau.

Los administradores escolares de todo el país han estado preguntándose si en lugar de afirmar “espacios seguros,” los colegios podrían estar promoviendo “espacios valientes” donde las personas respetuosamente tomen el riesgo de estar abiertos al desafío. La Srta. Russell sostiene que la noción es completamente consistente con la intención original detrás de los espacios seguros. “Un espacio seguro no es acerca de ‘tu no tienes derecho a decir algo que me moleste en el salón de clases.’” Más bien, la idea de un espacio seguro se basa en “personas teniendo respeto mutuo y siendo capaces de comunicarse entre sí de una manera civilizada”.

Esa civilidad ahora parece ser uno de nuestros desafíos sociales más difíciles. Escribiéndo en The New York Times, la profesora de la Universidad de Georgetown Karen Stohr se lamenta de cómo el desprecio e identificar a alguien “como indigno de compromiso y por lo tanto no un miembro pleno de la comunidad humana” se ha vuelto una forma central del discurso nacional.

“Cualquier barniz de indecencia que asociemos con un discurso público despectivo” escribe la Srta. Stohr, “ha sido despojado. Nos dejan con los sentimientos crudos de todo el mundo, en todos los lados del espectro político, expuestos y expresados en contextos que van desde las redes sociales y protestas públicas a señalizaciones de confrontación y vestimenta”.

“Pienso que hemos tenido una degradación en el discurso civil,” el Sr. Rocheleau está de acuerdo. “Donde solíamos tener más personas capaces de mantener una conversación, la gente ahora se han retirado hacia los lados extremistas y están gritando y no realmente conversando”.

Por supuesto, en algunos casos esa división es exactamente lo que los hablantes esperan, señala la Srta. Crabtree. “No asumamos el trabajo [de personas polarizadoras] es realmente sobre un tema. Su trabajo puede ser la polarización en sí misma”.

En tales situaciones, sostiene, un compromiso real y la conversación se vuelve aún más esencial. Esto podría evitar el reforzamiento de algunas ideas nocivas – desde la perspectiva de la derecha de que “la izquierda no está realmente interesada en el diálogo¨ y de la sospecha de la izquierda de que “la derecha está interesada en la supremacía blanca y la deshumanización y en tomar las oportunidades y derechos de otras personas”.

“Ahora mismo todo el mundo se están diciendo el uno al otro, ‘Tú eres malo; tú estás equivocado; tú no lo entiendes”.

Y hasta cierto punto, la Srta. Crabtree está de acuerdo. “Ellos están en lo correcto; no lo entendemos”.

“Vi a Maya Angelou hablar un poco antes de morir. Ella dijo, ‘Es muy duro odiar a alguien cuya historia tu conoces.’ Estar creando estos encuentros donde las personas se escuchan las historias de cada uno y donde este realmente es la búsqueda de cierto entendimiento y empatía y compasión, esa es la meta”.

Autor: Jim McDermott

* Artículo reproducido con el debido permiso de América the Jesuit Review. América the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

 

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