James Martin SJ: ¿por qué defiendo a los refugiados?

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Este ensayo originalmente apareció en la página pública de Facebook del Padre James Martin.

Algunas personas me han preguntado, en persona y en las redes sociales, por qué he estado publicando tanto sobre los inmigrantes y los refugiados en estos días, más allá del hecho que está tanto en la noticias. Aquí hay varias razones:

En primer lugar, porque algunas de las acciones de la nueva administración son claramente la antítesis de los valores cristianos que no puedo permanecer en silencio. No soy una persona política pero soy Cristiano, y me siento obligado a hablar sobre este tema. Sobre todos los temas de la vida, para estar seguro, pero especialmente sobre este, por un motivo que explicaré pronto.

En segundo lugar, porque los Evangelios son tan evidentemente, casi absurdamente, claros acerca de a exigencia Cristiana de cuidar al desconocido. Jesús no podría ser más claro. En el Evangelio de San Mateo, por ejemplo, Jesús dice que debemos tratar al forastero como si fuera él. “Fui un forastero y no me habéis recibido,” les dice a aquellos que están dispuestos a hacerlo.

Este dicho viene cuando él está hablando de cómo todos seremos juzgados al final de los tiempos. Por cierto, el pasaje es a veces referido como el “Juicio de la Naciones.” No estamos hablando simplemente sobre los individuos, pero, sí, sobre las naciones.

En tercer lugar, porque todavía hay mucho malentendido acerca de los inmigrantes y los refugiados. Estas sólo algunas verdades que las personas parecen estar olvidando o ignorando: Los inmigrantes son mucho menos propensos a cometer crímenes que los estadounidenses nativos. La gran mayoría de los refugiados Sirios son mujeres y niños. La inmensa mayoría de los refugiados que vienen de países ¨propensos al terrorismo¨ lo están haciendo debido a que están huyendo del terrorismo, no promoviéndolo. Por último, el pueblo Sirio desesperado de escapar de su país están en peligro inminente de muerte.

En cuarto lugar, quiero corregir algunos malentendidos generalizados acerca del Evangelio. Algunos de los comentarios de Cristianos que de otra manera eran reflexivos han sido impresionantes. Para mi, es equivalente a decir, “Jesús nunca dijo que deberíamos cuidar a todos los pobres. Sólo a las personas en nuestra propia familia, es cierto??”

Por ejemplo, Jesús no dice que ayudemos al extranjero sólo si no hay ningún riesgo para nosotros. O que ayudemos a los extranjeros sólo si es conveniente. O que ayudemos al extranjero solamente si él o ella son de nuestra misma religión.

Piensa en la parábola de Jesús del Buen Samaritano del Evangelio de San Lucas.

Un hombre judío está tirado al lado de una carretera después de haber sido golpeado camino de Jerusalén a Jericó. Dos hombres – un un sacerdote y un levita – pasaron junto a él. O sea, dos personas de si mismo grupo religioso. A lo mejor están asustados: la carretera, que todavía existe hoy en día, era conocido por su peligrosidad, con ladrones al acecho de los viajeros. Así que pasaron de largo al extraño.

Por último, otro hombre se para, un Samaritano (los adversarios de los Judíos en la época). Corriendo un riesgo, el hombre para. Él no dice, “Oh, pudiera ser peligroso.” O quizás si lo hace — pero el lo ayuda de todas maneras. Y no sólo ayuda al hombre, le cura sus heridas y lo lleva a una posada y le paga la estancia.

Este es uno de los puntos de esta historia: Él lo ayuda de todos modos. Por otra parte, el hombre judío encuentra que su salvación vino de una persona que el consideraba su enemigo.

¿Cómo podría Jesús ser más claro acerca de la necesidad de cuidar a un desconocido?

Pero hay una última razón que siento que me movió a abogar por los refugiados: debido a mi amor por ellos. Desde 1992 a 1994, trabajé con los refugiados del Este de África en Nairobi, Kenia, durante mi tiempos con el Servicio Jesuita de Refugiados. Durante esos dos años, conocí a muchos refugiados, de Somalia, Sudán, Ruanda, Uganda, Etiopía y de muchos otros países. Nuestro ministerio en Kenia era ayudar a los refugiados que se habían asentado en Nairobi a empezar pequeños negocios para mantenerse. (Hablo largo y tendido sobre este tema en mi libro Este es nuestro Exilio.)

Ellos fueron, sin lugar a dudas, las personas más trabajadoras, devotas, esperanzadas, alegres y honestas que haya conocido. Y ellos han visto mucho sufrimiento y miseria. Una mujer había visto a su familia completa asesinada frente sus ojos. Otro hombre tuvo que hacer su camino hacia Nairobi a través de el monte, con animales salvajes persiguiéndolo. A otro le quemaron su casa justo cuando estaba empezando a ganarse la vida.

Ellos tuvieron que lidiar con cosas que la mayoría de nosotros encontraríamos inimaginable: prejuicios, hambruna, tortura, asesinatos, genocidio. Y sin embargo ellos están llenos de esperanza. Y humor.

Yo los cuento, todavía entre mis amigos.

Por lo tanto, yo creo que sé algo sobre este tema, y cuando veo como ellos están siendo vilipendiados y maltratados, yo estoy, como Jesús estaba a menudo, enternecido. No hay manera que me pueda quedar callado.

Autor: James Martin

* Artículo reproducido con el debido permiso de América the Jesuit Review. América the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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