La tolerancia y la verdad

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La tolerancia en un sentido negativo puede ser entendida como convivencia con el error. De esta forma tolerar significaría sobrellevar, permitir, soportar el “error” o aquella actitud o conducta que se considera “errónea” en función de alcanzar la convivencia. Tolerar bajo el presupuesto de encontrarse en plena posesión de la verdad no es tolerancia, sólo es una tregua o pacto en el conflicto permanente. En la ardua tarea de la tolerancia la tentación de creerse poseedores de la verdad es tan real como la de aceptar todo como igualmente valedero y valioso, o pensar que todo es igual. Ambas tentaciones llevan consigo al desanimo, al fundamentalismo y a la indiferencia que son claras consecuencias de la intolerancia.

El ejercicio de la tolerancia, más que una cuestión social, se nos ha convertido hoy, más que nunca, en el ejercicio de nuestra humanidad. La crisis social que vivimos afecta fundamentalmente a nuestra forma de comprendernos, de expresarnos, de ubicarnos en la historia y en la realidad. Ante esta crisis la respuesta más efectiva parece ser abandonar la realidad, irse del país.

Son muchos y urgentes los factores que conforman nuestra crisis nacional, pero nos urge rescatar lo humano. Lo humano que se encuentra en la búsqueda común de la verdad. La tolerancia sin la verdad se transforma en sumisión o complicidad; pero ¿cómo puede una categoría posiblemente tan abstracta como la verdad ser tan necesaria y urgente para nuestra configuración social actual? Sin la pasión por la verdad lo humano se deforma y es manipulado por la ideología. Recordaba Benedicto XVI: “sin la verdad, sin la confianza, sin el amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, la actuación social se deja merced de los intereses privados y de las lógicas del poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad” (Caritas in Veritate 5). La verdad no es jamás parcial o selectiva, ella lleva e implica un diálogo desde el cual nos reconocemos en un suelo común.

A nivel social, sin la conformación de una “comisión por la verdad” mixta y plural será imposible alcanzar la reconciliación y vivir en tolerancia en Venezuela. Ni el gobierno ni la oposición poseen la verdad. La verdad no se “produce”, sólo puede ser “acogida” (cfr. Caritas in Veritate 52). Sin la concreción jurídica de iniciativas plurales en la búsqueda de la verdad todo discurso sobre la tolerancia, el amor, el perdón o la reconciliación será vacío ya que no buscan la verdad sino la convalidación de sus propios intereses.

Más allá de la realidad política urge rescatar lo humano reavivando la capacidad de apertura y acogida del otro, posibilitando la escucha y el diálogo, asumiendo la diferencia como elemento enriquecedor y necesario para la convivencia, y estableciendo y fortaleciendo las relaciones cordiales que establezcan vínculos de gratuidad y reciprocidad.

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Félix Palazzi
Doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Università Gregoriana, Filosofía por la Universidad Pontificia Salesiana e investigación post-doct en la Julius-Maxiliams Universität. Profesor en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas) y en el Boston College (Boston, MA)