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En fecha: 22/01/2018 22:12:16 2018 / +0000 GMT
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Autor: America the Jesuit Review

Los deportados de Estados Unidos a México. Extraños en su tierra




Cuando Luis Fernando Ortiz, de 22 años, regresó a la casa de su abuela enero, n era exactamente como la recordaba. La pequeña residencia de dos pisos, en el barrio de Iztapalapa de Ciudad de México, está en mal estado. El patio está lleno de basura, juguetes de plástico, piezas de metal y rocas. Hay grietas en las paredes de concreto. El agua sólo está disponible unas pocas horas cada día.

“No es mucho, pero es mi hogar ahora,” dice Ortiz, inspeccionando el patio. “Aquí es donde tengo que comenzar mi nueva vida.”

Ortiz nunca pidió esta nueva vida, pero le fue empujada en Mayo del año pasado, cuando la policía en Kentucky, donde había vivido con su familia por 12 años, tocaron a la puerta. Los vecinos habían reportado un “incidente doméstico” que ya había terminado cuando los agentes llegaron.

“Fue sólo una discusión, no hubo ninguna pelea física ni nada, pero cuando los policías llegaron me empezaron a interrogar,” recuerda Ortiz. “Ellos me pidieron mi identificación y mi [número] de Seguridad Social. No los tenía, por lo que me arrestaron.”

El temor de un repentino control de su situación migratoria estuvo siempre en el fondo de la mente de Ortiz y su familia, quienes llegaron a los Estados Unidos como inmigrantes indocumentados cuando él apenas tenía 10 años. Fue parte de una búsqueda de una nueva vida, una mejor vida, al norte de la frontera, y durante los 12 años que Ortiz vivió en Kentucky, las cosas salieron bien. Él fue a la escuela, se casó y tuvo un hijo, y sus dos hermanos nacieron en los Estados Unidos como ciudadanos estadounidenses.

Pero cuando la policía descubrió que era indocumentado, el cambio repentino, brutal llegó. Fue arrestado y detenido en un centro de detención por ocho meses. Durante un tiempo, Ortiz creyó que sería eventualmente liberado. “Yo estaba ya en el proceso de obtener mis papeles, ya que mi ex esposa era estadounidense y yo había pasado tanto tiempo en el país,” le dice a America. “Les dije a los agentes eso, pero no les importó.”

El 24 de Enero, fue deportado a México, de regreso al país donde nació pero que apenas conocía.

“Regresé al barrio aquí en la Ciudad de México donde yo era un niño, pero fue realmente extraño, porque yo no sé como funciona realmente este país,” dice él. “Todo lo que tenía cuando vine aquí era una bolsa plástica, y eso es lo que tenía para empezar mi vida. Fue duro. Tuve la suerte de poder regresar a la casa de mi abuela, pero otros son menos afortunados.”

Extraños en una tierra extraña. Los Mexicanos que vivieron la mayor parte de sus vidas en los Estados Unidos y regresan a un país donde nacieron pero que apenas conocen son cada vez más comunes aquí en la Ciudad de México. A los seis meses de la presidencia de Donald J. Trump y con la intención de la Casa Blanca de librar a los Estados Unidos del mayor número posible inmigrantes indocumentados, México se enfrenta a un nuevo fenómeno: integrar a los deportados que ¨regresan¨ a un país del que ellos tienen poco o ningún conocimiento.

México se enfrenta a un nuevo fenómeno: integrar a los deportados que “regresan” a un país del que ellos tienen poco o ningún conocimiento.

En los primeros cinco meses de la presidencia de Trump, el Departamento de Inmigración y Aduanas deportó, en promedio, poco menos de 17.000 inmigrantes indocumentados por mes, o 5.000 menos que en los últimos tres meses del mandato de su predecesor. Los funcionarios de Migración citan los atrasos en los tribunales Federales de Inmigración como la causa principal de está recesión. Pero las detenciones han aumentado, de poco más de 9.000 como promedio mensual bajo la presidencia de Obama en sus últimos tres meses en el cargo, a más de 13.000 ahora.

Además, las circunstancias de los Mexicanos enviados al sur de la frontera ha cambiado significativamente, en comparación con la administración anterior, dice Eunice Rendón, una antigua directora del Instituto Federal para Mexicanos en el Extranjero de México, y ahora dirige la Agenda Migrante, una organización que organiza foros en ambos países para discutir la cuestión de la Migración Mexicana a los Estados Unidos.

“El número de Mexicanos deportados bajo el Presidente Obama fue mayor que lo que es bajo Trump: un estimado de 3,8 millones en los últimos 10 años,” le dice a America. “pero es importante señalar que las características de los deportados Mexicanos han cambiado. Bajo Obama, la gran mayoría eran personas que apenas habían cruzado la frontera y fueron inmediatamente enviados de regreso. Debido a la retórica de Trump ese grupo [quienes intentan cruzar la frontera] se ha vuelto significativamente más pequeño, pero ahora vemos familias enteras que han vivido en los Estados Unidos que están siendo regresadas.”

Estos nuevos deportados son, como Luis, extranjeros en su propio país de nacimiento. La mayoría han pasado años e incluso décadas en los Estados Unidos, se han integrado completamente en la sociedad estadounidense, a menudo hablan mejor inglés que español y tienen dificultades navegando las complejidades de la sociedad mexicana.

“Reintegrar a alguien que ha vivido menos de cinco años en los Estados Unidos es mucho menos desafiante que alguien que ha vivido allí 40 años o que ha pasado toda su infancia allí,” dice Rendón. “Casi no tienen vínculos familiares aquí, no tienen diplomas o certificados de trabajo y a menudo suelen tener pobres habilidades del idioma español.”

Tal es el caso de Ortiz. “Es raro, es un mundo diferente aquí. Lo recuerdo de niño, pero es muy difícil regresar,” dice él. “No se nada de la historia Mexicana. Conozco la historia de los Estados Unidos pero no sé nada sobre el país en el que vivo ahora. Mi español no es tampoco perfecto. A veces lucho con el.”

Para complicar más las cosas, los deportados que han pasado la mayor parte de sus vidas en los Estados Unidos sufren discriminación en México. Mientras que a veces se han sentido como ciudadanos de segunda clase al norte de la frontera, las personas aquí a menudo no los consideran “verdaderos” Mexicanos. Ortiz le dijo a America que él, también, siente que no encaja en la sociedad donde nació. Con su manera de vestir y de hablar y sus tatuajes, él se ve y suena diferente a los habitantes de la Ciudad de México de su edad.

“La personas aquí me miran como si fuera raro. En los Estados Unidos yo era discriminado por el el color de mi piel, pero llego aquí y no encajo tampoco,” dice él. “La personas me critican por la forma como me visto , por la forma como hablo. Me miran [a mí] como si no fuera de aquí. La mayoría piensan, ‘Regresa a los Estados Unidos.'”

“Las personas aquí me miran como si fuera raro. En los Estados Unidos yo era discriminado por el color de mi piel, pero llego aquí y no encajo tampoco,”

Los críticos dicen que el gobierno Mexicano ha sido lento para actuar sobre la afluencia de repatriados como Ortiz. En Marzo, el Presidente Enrique Peña Nieto firmó un proyecto de Ley que tiene por objeto el facilitar su integración en el sistema educativo del país, pero con un crecimiento económico lento y con aproximadamente la mitad de la población del país viviendo o que está por debajo de los niveles de pobreza, México está todavía mal equipado para reintegrar personas como Ortiz.

En la Ciudad de México, cientos de deportados han, por lo tanto, dependido de los servicios de agencias no gubernamentales como New Comienzos, un grupo fundado hace dos años por Israel Concha para ayudar a los repatriados a navegar por el complejo mundo nuevo que es la sociedad Mexicana. New Comienzos les ayuda a tener sus papeles en orden, le da clases de español, y les ayuda a encontrar trabajo – especialmente en centros de llamadas, donde los deportados bilingües tiene las habilidades necesarias para encontrar trabajo inmediatamente.

“Es muy difícil regresar, Aunque nacimos aquí en México, crecimos en los Estados Unidos y creemos en la cultura estadounidense. Es un sistema diferente aquí,” le dice Concha, de 38 años, a America.

Concha mismo fue deportado de los Estados Unidos en Julio del 2014. Había vivido más de tres décadas en Texas después de que sus padres lo trajeran a los Estados Unidos cuando él apenas tenía 2 años. Dirigió un exitoso negocio alquilando limosinas, transbordadores y taxis, en el cual incluso empleaba a estadounidenses, cuando fue arrestado por exceso de velocidad y finalmente enviado a México.

“Para muchos de nosotros, es un situación difícil. Desde la cuestión de la delincuencia y seguridad, que es peor aquí en México, a no ser capaces de probar su ciudadanía,” dice él. “No puedes probar tu dirección, y necesitas traer a dos testigos para arreglar el papeleo, pero no conoces a nadie aquí. Necesitas ayuda psicológica. Muchas personas fueron detenidas y han estado lejos de sus familias durante mucho tiempo. Hay tantos servicios que ellos necesitan.”

Para muchos deportados, las políticas agresivas anti-inmigración de Trump ahora significan que el sueño americano es uno distante, y temen que una vida más difícil en México sea su futuro inmediato. Ortiz, quien encontró trabajo con la ayuda de New Comienzos, dice que está consciente de que él puede que tenga que quedarse en México indefinidamente. A pesar de las diarias conversaciones llenas de lágrimas con su familia en Kentucky, el tiene esperanza de un eventual futuro brillante aquí.

“Quiero hacer algo por mí mismo, tal vez empezar un negocio, terminar la universidad y demostrarle a las personas aquí que, no importa donde estés, tú todavía puedes ser alguien,” dice él. “Es más difícil aquí el obtener una educación y conseguir un buen trabajo, pero veo mi futuro aquí. Quizás, más tarde, podré regresar y solicitar la ciudadanía en los Estados Unidos, pero ahora con Trump no lo veo sucediendo.”

Suspira de nuevo. “Es una locura como una persona con ese tipo de poder pueda cambiar tanto.”

Jan-Albert Hootsen es el corresponsal de  America en Ciudad de México

* Artículo reproducido con el debido permiso de America the Jesuit Review. America the Jesuit Review no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy. 

 

 


Post date: 2017-12-21 02:16:22
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Post modified date: 2017-12-21 04:31:30
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