Los límites de la tolerancia

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Cada día enfrentamos una realidad más profundamente polarizada ante la cual pareciera que la única salida es agudizar la confrontación. Para una parte importante de nuestra sociedad, las razones no sólo son de índole política sino también económica, y advienen oscuras, pesadas, desesperanzadas y desmotivadoras. Ante el peso de la realidad, el diálogo, la tolerancia, la reconciliación, la convivencia lucen como soluciones vacías, de un imaginario iluso, con escaso valor y eficacia ante lo complicado de nuestro panorama nacional y mundial.

Junto a esta realidad, la imagen manipulada de una sociedad dividida en buenos y malos no sólo ofrece una falsa comprensión del día a día sino que se funda en la más nefasta ideología que busca ganar o mantener cuotas de poder a costa de cualquier precio. Así se ha instaurado, evocado y hasta justificado el uso de la violencia que se configura como la forma ritual del poder. Desmontar la lógica del poder requiere renunciar a la dinámica de la violencia que coloca al otro como un adversario y no lo reconoce en su identidad. Desmontar la lógica del poder es colocar el poder al servicio del otro. Si no sirve imparcialmente, el poder acaba desvirtuándose en principios mezquinos, particulares y sectarios, y su único fruto es irremediablemente la violencia.

Pero cabe preguntarnos: ¿es oportuno seguir hablando de la tolerancia? ¿No es la tolerancia la causa de nuestra indiferencia? ¿Tiene la tolerancia un límite? La tolerancia ha sido un valor puesto en entredicho. Frecuentemente es confundida con el conformismo, la convivencia paciente, el error, la indiferencia, la complicidad o la sumisión. Esta valoración negativa hace dudar del valor ético que conlleva la tolerancia, una noción que tiene su origen en el reciente tiempo moderno, pues nace en el contexto de las luchas de las religiones, por lo que en un primer momento se entendió en el ámbito de la tolerancia religiosa. Pero posteriormente fue considerada por el modelo liberal donde será apreciada en su valor social y político y se extenderá su acción más allá del campo religioso.

Toda tolerancia tiene un límite y su límite es ella misma. La tolerancia se construye no sólo en el reconocimiento de la dignidad del ser humano y su libertad de conciencia, sino también en su servicio a la justicia y la verdad. Es decir, sin el empeño en la búsqueda de la justicia y de instituciones jurídicas que la garanticen es imposible que la tolerancia tenga lugar en nuestra sociedad. Este empeño por la justicia nos corresponde a todos, y no sólo a las instancias partidistas, pues ella empieza en todo acto que reconoce la vida, la custodia y la favorece para, finalmente, protegerla, sólo así hay justicia en nuestros actos y en nuestra sociedad. Fuera de los límites de la tolerancia no hay justicia posible ni tampoco paz. Sólo violencia.

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Félix Palazzi
Doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Università Gregoriana, Filosofía por la Universidad Pontificia Salesiana e investigación post-doct en la Julius-Maxiliams Universität. Profesor en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas) y en el Boston College (Boston, MA)