MUROS. Los ogros que socavan las comunidades

Cuando era niño, creía que dos viudos ancianos que vivían en casas cercanas a la mía eran ogros. Uno de ellos era un «ogro bueno» y el otro era un «ogro malvado». Tuve la libertad de proyectar todos mis miedos y el coco de mi niñez sobre el ogro malo. El otro, en cambio, fue el capitán de mis seguridades y mi orden en mi pequeño mundo.

El miedo al malvado ogro se ha convertido hoy en una estrategia para el éxito y el consenso. El ciudadano que teme es presa fácil de quien se presenta a sí mismo como el capitán del orden. No la «fuerza del orden» sino el orden de fuerza, propuesto como la solución a todos los problemas.

Elevan los tonos de conflicto, exageran el desorden, agitan los espíritus de las personas con proyecciones de escenarios perturbadores … y esto es suficiente para crear el caos, que luego requiere un «buen ogro» para domesticarlo.

Es un poco como la anécdota de las compañías de antivirus que crean el virus para vender sus soluciones. La reflexión política, entonces, será irrelevante si no entra en contacto con los temores de nuestros contemporáneos que se sienten atraídos por el producto de la cultura populista.

¿Quién podrá dejar claro que la seguridad es exactamente lo opuesto a la obsesión con la seguridad? ¿Quién logrará abrir los ojos de aquellos que realmente se están engañando diciendo que sólo al conducir a los solicitantes de asilo hacia el agujero negro del metro, nuestras calles estarán verdaderamente seguras?

¿Cuál es el riesgo de creer en el coco del ogro malo? La rabia por encontrar objetos (y personas) sobre los cuales proyectar instintos, impulsos y resentimientos es menor que el significado de ciudadanía que se compone siempre y en todas partes de ideales, valores y tradiciones que caracterizan nuestra humanidad común. Estamos llamados a reconocernos como comunidad. De hecho, la verdadera seguridad se realiza, efectivamente, al preservar y garantizar los valores positivos de la convivencia. El desprecio por aquellos que se han visto obligados a exiliarse – el Papa también escribió en su Mensaje para el Día Mundial de la Paz – es uno de esos vicios de la política que «son una vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social». No será un «buen ogro» para protegernos del mal. La necesidad de sentirnos nosotros mismos y reconocernos nosotros mismos como comunidad nacional no tiene nada que ver con el sentido de una identidad basada en una presunta cohesión étnica.

Este sentido de solidaridad y convivencia es la base espiritual y cultural que preserva nuestro sentimiento de humanidad.

El atractivo que resuena es entonces también ético, así como político, pero también es un atractivo para la imaginación. Porque – por fin debemos tenerlo claramente en la mente – el ogro bueno y el ogro malo no existen.

 

Colaborador: Cyberteología.

* Artículo reproducido con el debido permiso de Cyberteología. Cyberteología no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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Antonio Spadaro SJ
Sacerdote Jesuita. Director de la Revista La Civiltà Cattolica y actualmente es Consultor del Consejo Pontificio para la Cultura. Redes sociales: @antoniospadaro