Responder como Pueblo de Dios ante la tragedia de Orlando

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Nosotros “lloramos con aquellos que lloran y estamos de duelo con los que están de duelo”.

Cuando puse mi cabeza en la almohada anoche, emocionalmente marcado del día, yo estaba muy consciente de lo que hacía, sabiendo que mi esposa e hijos estaban descansando en casa sanos y salvos bajo el mismo techo. Esto me golpeó más de lo habitual porque no es el caso de muchas familias en Orlando en este día. Mi corazón se rompe y me mueve a buscar justicia y la gracia en la iglesia aún más.

Con suerte, el tiroteo en el Pulse ha despertado dentro del corazón de cada creyente, la realidad de que cada persona LGBTQ es nuestro vecino y más significativamente, imágenes amigas portadoras y hereditarias de la gracia común de Dios en esta vida.

La noticia que 50 personas fueron baleadas y asesinadas y 53 más heridas en una masacre en el club nocturno Pulse en Orlando, Florida, es un recordatorio aleccionador de muchas terribles realidades. Es muy fácil ceder al odio, demasiado fácil de atacar a poblaciones vulnerables, demasiado fácil de abusar de la libertad de poseer armas de fuego y trágicamente, demasiado fácil el devaluar la vida humana.

La tragedia en Orlando es también un recordatorio a la Iglesia de Cristo que nuestros vecinos LGBTQ son vulnerables y demasiado a menudo elementos radicales de nuestro mundo religioso devalúan su humanidad. Para estar claros, cualquier intento de vincular esta tragedia con desacuerdos sinceros sobre la teología cristiana es oportunista y una triste distracción de una realidad mucho más grande que las vidas perdidas aquí. La tragedia de Orlando es la manifestación exterior de un corazón roto, que albergaba odio y una visión de Dios que le permitiría dichas acciones.

No puede haber espacio para dicha visión de Dios en la comunidad cristiana. La belleza de la cristiandad es presentada a nosotros en un salvador que moriría, de manera que todos nosotros podamos vivir. Ésta es la antítesis de matar o deshumanizar en su nombre. El mensaje de la vida sacrificada de Cristo y amor encarnado para todos es un mensaje para que todos los que en nombre de Cristo se reúnan.

La tragedia de hoy en América, en la comunidad homosexual, se erige como un signo de exclamación a la convocatoria de un cambio de postura y un llamado a participar en la humanización de los portadores de la imagen de compañeros que Cristo ama. Nos debería llevar a la empatía y acción para saber que es muy probable que las personas que murieron hoy, que estaban en desacuerdo con su familia acerca de su sexualidad, hijos e hijas que no tenían una relación con sus padres.

Nuestra fe nunca puede ser una razón para darnos la espalda unos a otros, sino que debería ser… debe que ser… la razón del uno hacia el otro y presionar, incluso cuando no entendamos o aprobemos. Cristo nos llama a nada menos. Cuando cambiamos estas realidades, empezamos a ser el pueblo de Dios, los embajadores de Cristo que estamos llamados a ser.

Cualquiera que sean nuestras diferencias teológicas, no nos engañemos , las personas LGBTQ son nuestros vecinos, portadores de la imagen de compañerismo y compañeros de almas por las que Cristo murió para que se reconcilien con él mismo.  Estamos parados a los pies mismos de la misma cruz redentora y esto siempre es verdad! Vamos a perder esta despreciable tragedia si fallamos en ver esta más intensamente hoy!

¿Qué podemos hacer para ser el Pueblo de Dios en este momento y más allá?

Hoy, y en las próximas semanas y meses, podemos modelar el camino de Jesús, quienes lloraron por la pérdida de la vida de Lázaro, cuando lloramos por la pérdida de vidas que él seguramente amó.

Ve y sé las manos y pies de Jesús, ofreciendo comida, cuidados, oraciones y apoyo.

Abrir nuestras Iglesias para servicios de oración. Debemos hacerlo de manera inequívoca y sin sentir la necesidad de poner asteriscos o parámetros a dichos servicios.

Amar, vivir y hablar de la buena nueva del Evangelio incluso más claramente! Cristo sólo puede traernos la curación tan desesperadamente necesitada a raíz de lo de Orlando.

Ser el Pueblo de Dios cuando resistimos las divisiones de nuestra cultura y sociedad que nos previene de unir las manos con nuestra comunidad y nuestros vecinos LGBTQ. Unir las manos y brazos para llorar, confortar, orar y tranquilizar. Levantemos la voz.

Levanta la voz … Di algo! NO esperen a ser la voz de la justicia y la gracia. Empujen más allá del miedo de ser etiquetados. Cuando alguien es devaluado o deshumanizado porque está en desacuerdo con las escogencias e identidades, los creyentes en Cristo deberían ser los primeros en responder al llamado con un evangelio ético de valores.

Ser del Pueblo de Dios que activamente nos involucramos para terminar con la violencia, especialmente aquella violencia contra las minorías por motivo sexuales o de género. Yo creo con todo mi corazón que haciendo esto es una hermosa manifestación exterior del Evangelio de la gracia que aseguramos amar y vivir.  Valoramos toda vida y toda dignidad porque nosotros portamos todos su imagen y somos todos amados profundamente por el Dios que escojamos revelar y relacionarnos.

Reflexionar sobre nuestros corazones y preguntarle al Espíritu de Dios hacia donde nos dirige para hacerlo, que barreras amar para ser crucificados, y preguntar a que se semeja el amor.  Conversaciones duras y productivas nos pueden traer arrepentimiento, empatía y producir el fruto del Evangelio.

“Yo te amo”, lleva consigo un llamado a la acción. De otra manera, es un ¨bronce que hace ruido o una campana que resuena¨ (I Corintios 13:1)

Nosotros podemos y debemos ser el Pueblo de Dios que intencionalmente oramos por y confortamos a nuestras familias, vecinos, baristas, mesoneros, compañeros de trabajo LGBTQ, y más, a quienes se siente aún más asustados y vulnerables, debido a la tragedia de hoy.

Por último, podemos avanzar del peor tiroteo masivo en la historia Americana no olvidando lo fácil que es el devaluar la vida y la dignidad. Comprometernos al principio de que el ser un discípulo de Cristo puede significar nada menos que pararnos intencionalmente, a pesar de las diferencias, cuando vemos vidas, por las que Jesús murió para salvar, devaluadas y deshumanizadas por el odio y la ignorancia.

Mucho más podría decirse, pero vamos a empezar aquí, y en próximos días venideros, oremos todos porque Cristo se acerque con la gracia que solo Él puede dar y por favor, Dios por favor, deja que la Iglesia tome la iniciativa de ser un vehículo para esa gracia!

 

Autor: Dan Chapell
* Artículo reproducido con el debido permiso de Patheos News Watch. Patheos News Watch no se hace responsable por la traducción. La traducción fue realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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