Economía de la basura: sobreviviendo la caída de Venezuela

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El río Guaire, un apestoso desagüe que atraviesa el corazón de Caracas, es donde Augusto Rengil hace vida, junto a grupos de otros jóvenes hombres desempleados.

Puede no haber nada con vida en la nauseabunda agua marrón excepto bacterias y microbios, pero “te sorprenderá de cuantas joyas se van por el desagüe y terminan en la cloaca”, dice Rengil.

Caminando por el agua a nivel de las rodillas, él tamiza las aguas arremolinadas con una red y tira el desastre que encuentra en la orilla para ser revisado con la hoja de un cuchillo para cualquier cosa de valor. Tomás Melo, de 23 años, está a su lado.

“Escogimos esta parte del río porque tiene un acceso más fácil y no es muy profundo,” explica él. “Usualmente trabajamos en grupo. Somos cinco personas y lo que conseguimos es compartido entre todos nosotros.”

En un país sumido en una crisis económica y humanitaria, los pobres de Venezuela están cada vez más sobreviviendo solamente en lo que otros botan.

“Principalmente encontramos zarcillos y cadenas,” dice Augusto, de 21 años, que ha estado trabajando en el río Guaire durante cuatro años, manteniendo así a su esposa e hijo.

Él abre la palma de su mano para orgullosamente mostrar lo que él piensa que es aproximadamente 1,2 gramos de metal.

El oro se vende por el equivalente de aproximadamente 23 dólares americanos por gramo – el promedio recogido después de cinco o seis horas de trabajo matador, dice él.

Esto es buen dinero cuando el salario mínimo mensual está en 31 dólares americanos.

Pero en un país con una tasa vertiginosa de inflación causada por la fluctuación de los precios del petróleo y unas políticas económicas fallidas – primero bajo el difunto Presidente Hugo Chávez y ahora su sucesor Nicolás Maduro – eso no compra mucho.

Una barra de pan cuesta el equivalente a un poco más de un dólar americano, y un kilo de carne aproximadamente a un tercio del salario mínimo mensual.

Trabajar el río que fluye cerca del Palacio de Miraflores, la sede del gobierno puede ser rentable, pero no es para los débiles de corazón.

“El olor aquí es insoportable y usted nunca puede deshacerse de el,” dice Vladimir Pérez, de 25 años. “Las infecciones de la piel son muy comunes, así como también la gastroenteritis cuando se traga un poco del agua.

“Pero lo más peligroso es cuando repentinamente el río crece debido a la lluvia – entonces usted puede ser arrastrado y se ahoga”.

La autopista Francisco Fajardo pasa cerca del Guaire y es la línea de falla ideológica de la ciudad.

El lado occidental de la autopista es pro-gobierno, el hogar de las instituciones del Estado, el centro de la ciudad, y los vecindarios más pobres de Caracas – una sólida base Chavista.

Al este están las oficinas centrales de los Bancos, los grandes negocios y las zonas residenciales que son el corazón de la oposición que batalló contra Chávez a lo largo de su Presidencia, hasta su muerte en el cargo en el año 2013.

Sus partidarios están ahora en las calles protestando diariamente que Maduro mantenga la fe con la ¨Revolución Bolivariana¨ izquierdista de su predecesor, y el intento desnudo de aferrarse al poder.

A finales de la tarde, cuando los supermercados y los centros comerciales de los distritos del este comienzan a botar sus alimentos caducados y las sobras de los restaurantes, las personas se reúnen alrededor de los contenedores de basura.

“Yo conozco la calidad de la comida por su olor y color,” dice Adriana mientras clasifica a través de trozos de frutas y pollo asado descartados.

Su amiga sostiene en brazos a un bebe de año y medio. Su piel está cubierta de costras , sintomático de una mala higiene y desnutrición.

“Este país solía ser muy rico; ahora somos muy pobres,” dice un hombre mientras come un trozo de pastel de chocolate recuperado, todavía en su empaque.

Para combatir la escasez y el creciente mercado negro, el gobierno creó el Comité Local de Abastecimiento y Producción para distribuir las necesidades básicas en lo que una vez fue la potencia económica de la región.

La idea es que cada uno debería tener una ración de arroz, harina de maíz y aceite, dándole la prioridad a los más pobres.

Pero esa red de seguridad no se aplica apersonas como Adriana y su amigo con el bebé. Ellas viven en las calles y por lo tanto no están registradas.

El sistema está también socavado por la corrupción y la distribución arbitraria, así como también por la escasa cantidad de alimentos proporcionados.

La conclusión es que las dificultades ya no diferencian entre chavistas y partidarios de la oposición. Los Venezolanos están cada vez más unidos en su pobreza.

“Yo vivo en las calles ahora, pero todavía visito a mi familia. Los dejé porque no quiero ser una carga,” dice El Blanquito, un hombre de 23 años que no quiere dar su nombre verdadero.

“Hace tres años todo era más barato – habían más empleos, buenos salarios,” dice él con nostalgia.

“Hay mujeres con dos y tres hijos [viviendo en las calles]. Yo casi no puedo cuidarme a mí mismo, ¿cómo lo hacen ellas?”

En un escondite debajo de un puente de la autopista Francisco Fajardo, un grupo de personas sin hogar – algunos de ellos enganchados a las drogas – están cocinando una comida de arroz y carne.

“Todo lo que conseguimos viene de la basura,” dice Germán mientras revuelve el estofado. “Somos seis personas viviendo aquí y nosotros no permitimos  a más nadie aquí”.

No fue siempre así para Germán. “Yo solía vivir allá abajo, junto al río. Tuve una cocina y una mujer. Yo podía darme un baño… “

El sonido de los carros cruzando arriba es constante y el aire lleno de gases de escape. Llegar al refugio de Germán requiere escalar uno de los pilones del puente junto al río y después un poco de acrobacia para entrar en una cavidad de hormigón bajo el puente.

La vida es excepcionalmente dura en las calles.

El Blanquito no ha venido hoy” dice Germán mientras señala un rastro de sangre por la orilla del río. “Parece que él apuñaló a un hombre aquí ayer y la policía podría estar buscándolo”.

La crisis de Venezuela es más que humanitaria. La violencia va mano a mano con las dificultades a medida que se erosionan los fundamentos del Estado y la sociedad.

Gran parte de la asombrosa tasa de homicidios – Caracas está calificada como la ciudad más violenta del mundo por algunos investigadores – tiene que ver con el crimen organizado o con simples venganzas personales.

De cualquier manera, en el río Guaire es donde muchas de las víctimas terminan.

Jml/oa/ag

 

* Artículo reproducido con el debido permiso de IRIN News. IRIN News no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy. 

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