El Dios que nos ha creado también nos resucitará. En la Pascua de Juan Noemi

103

El día 29 de Abril del presente año el destacado teólogo chileno Juan Noemi Callejas vivió su Pascua, el encuentro definitivo con el rostro misericordioso del Dios de Jesucristo. Un sentimiento de gratitud y reconocimiento de parte de la comunidad teológica de Chile para un pensador de éste tiempo, inspirado en el Concilio Vaticano II, forjado en el rigor académico alemán pero profundamente comprometido y encarnado en nuestra tierra latinoamericana.

  1. Breve biografía personal y teológica de Juan Noemi

Juan Noemi nació en 1942 en Freirina, localidad del norte de Chile. Curso sus primeros estudios en la Universidad Gregoriana de Roma (1962-1966), en pleno desarrollo del Concilio Vaticano II. A propósito de éste acontecimiento eclesial tan transformador en la actual conciencia del cristianismo, Noemi recuerda cómo se sintió interpelado por la fuerza del discernimiento de los signos de los tiempos, sobre todo en la inspiración de Gaudium et Spes[1]. En sus palabras, “el reconocimiento de este nuevo paradigma se perfila cada vez más nítidamente como una interpelación fundamental por validar una teología, simultáneamente en la historia y de la historia, y constituye, hasta el día de hoy, un tema no resulto”[2].

Fue Doctor en Teología por la Universidad de Münster (Alemania), en donde tuvo como profesores a Kasper, Metz, Rahner y Ratzinger, próceres y padres de la teología de la segunda mitad del siglo XX. La tesis doctoral de Noemi llevó por título “Interpretación teológica del presente: el ensayo de Paul Tilich en su primer periodo”.

Destaca por ser el primer laico que ha ocupado una cátedra como profesor titular (máximo rango académico) en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile (UC) en 1983. Fue el primer Decano laico de dicha Facultad de Teología (2002-2004). Desarrolló su teología en el área de la Creación y de la Escatología. Entre otras cosas, destaco de su persona el lugar que la teología hecha por laicos asumió en un mundo tradicionalmente dominado por clérigos y religiosos. Fundador de una teología dialogante con la modernidad, hecha en América Latina y con sentido de renovación cristiana.

En palabras del también fallecido teólogo Carlos Casale, Juan Noemi “nos ofrece una renovada y vigorosa síntesis prospectiva de un pensamiento que ha sabido estimular y enriquecer, con proyección internacional, el quehacer teológico chileno en las últimas décadas”[3]. Por su parte, Joaquín Silva, quien actualmente es Decano de la Facultad de Teología de la UC, en el prólogo al libro de Noemi La fe en busca de inteligencia, habla de él como un pensador que posee una notable capacidad especulativa, sensibilidad y apertura a todas las dimensiones de lo humano, “como así mismo su esfuerzo constante y creyente por no disociar nunca la fe de la razón, la salvación de Dios de la práctica humana en favor de la libertad, la Iglesia del mundo o la historia humana del acontecer presente y futuro del reino”[4]

Noemi hace teología de manera punzante, no como un discurso ingenuo. Fue capaz de crear una producción propia que aborda temas tan variados como exégesis bíblica, teología política europea, teología latinoamericana de la liberación, cultura – sobre todo desde el pensamiento de Paul Tilich, temas de pastoral y evangelización y también de la teología de los signos de los tiempos[5].

Personalmente no conocí a don Juan en persona ni tampoco tuve el gusto de haber sido su estudiante, pero si pude tener acceso a su pensamiento a través de su vasta bibliografía en el tiempo en que estudiaba el pregrado en la Pedagogía en Religión y Filosofía de la Universidad Católica del Maule. Es por ello que éste trabajo busca reseñar algunos elementos de la Escatología tal y como Noemi la comprende. Es un “trabajo sobre otro trabajo”, como puede leerse en la nota 1 de este escrito. No pretende constituirse en un escrito terminado y clausurado, sino que busca ante todo dar a conocer a uno de los teólogos que marcaron camino en el desarrollo de la disciplina en Chile.

  1. Comprensión y representaciones del cielo, infierno y purgatorio: algunas pistas en el pensamiento de Juan Noemi

En la obra de Juan Noemi El mundo, creación y promesa de Dios (1996), en la cual el teólogo aborda el tema de la creación y de la escatología, encontramos un apartado en donde Noemi indaga en la comprensión y en las representaciones del cielo, del infierno y del purgatorio. Esta búsqueda se realiza teniendo en cuenta la visión histórica del desarrollo teológico, la cual es fundamental al momento de adentrarse en la ciencia teológica ya que exige de parte del investigador una necesaria contextualización de los principios y de la doctrina cristiana. Las realidades del cielo, infierno y purgatorio son confrontadas con la “presentación religiosa predominante sobre el más allá que persiste en la imaginación del católico medio en Latinoamérica”[6]. Con esto se evidencia la urgencia de anclar la doctrina teológica tradicional con las formas propias con las que el pueblo latinoamericano las entiende, celebra y cree.

Las representaciones de las realidades escatológicas pasan por el cambio nominal que experimentan los novísimos. La necesidad de un cambio de nombre pasa, a juicio de Noemi, porque se corría peligro de que la doctrina sobre las realidades últimas pueden llegar a olvidar “los problemas que planteaba la experiencia de historia”[7]. Por el contrario, la escatología asume la mundanidad, la historia, ya que es en ella desde donde Dios salva. Se evita así con la dimensión escatológica un espiritualismo desencarnado que favorece solo el aspecto trascendente olvidándose por completo del ámbito inmanente. Este planteamiento manifiesta toda la renovación del Vaticano II que entiende a la historia como lugar teológico, lo cual es fundamental en la teología de Noemi.

El cambio nominal responde a una necesidad histórica que la modernidad le plantea a la teología de las cosas finales. Tanto la filosofía política como la psicología, establecen nuevos cuerpos racionales, y se exige que la comunidad que conserva la tradición de la revelación, exprese sus posturas de manera clara. Es por ello que la Escatología asume que tanto la historia de salvación como la historia del mundo se funden en una sola. En palabras del autor “trascendencia e inmanencia no son dos dimensiones excluyentes entre sí, sino que se requieren como dimensiones de una misma realidad, de un mismo ser”[8]. Ahora bien, esta unión entre lo humano y lo divino, se patentiza de manera suprema en la Encarnación. Por ella el Verbo eterno que estaba con Dios asume la condición humana (la carne), y se manifiesta en la historia. Se podría decir que ambas historias, la sagrada y la profana, experimentan una especie de “unión hipostática”, uniendo sus dos esencias en una singular paradoja. Con esto también hay una superación del dualismo, ya que no se desprecia la realidad material, sino que se valora como lugar teológico desde el cual se comienza la salvación.

2.1 Comprensión del cielo

Con esta unión histórica, se establecen las bases para “asumir reflexivamente las dimensiones políticas y fundamentar un compromiso político cristiano”[9], el cual aparece como “la tarea humana de aspirar aquí y ahora una sociedad más justa y más humana”[10]. Esta sociedad nueva, estos cielos nuevos y tierra nueva, son lo que se establece en el concepto de cielo entendido como plenitud. Para la teología, el cielo aparece como el encuentro definitivo con Jesucristo y la realización plena de la realidad.

Otra imagen que se relaciona directamente con la comunión plena con Dios es el anuncio del Reino. Y en esto se infiere la dialéctica del ya – todavía no, contenida en la pregunta que Noemi establece, a saber ¿Cómo se vincula el futuro intrahistórico y futuro transhistórico o absoluto?[11]. Lo que aparece como respuesta es lo siguiente: “se establece un nexo fundamentalmente positivo entre el cielo, como futuro prometido por Dios, y la tarea humana de aspirar y construir aquí y ahora una sociedad más justa y más humana”[12]. Es lo que anteriormente identificábamos con una suerte de unión hipostática de las historias.

Los aportes en este sentido de D. Wiederkerhr, son fundamentales para comprender que lo terreno queda religado con lo divino. Esta unión queda argumentada por los siguientes puntos. Primero, la resurrección de la carne con la que se recupera la totalidad de lo humano. Segundo, la recuperación de la dimensión cósmica del reinado de Cristo. Y finalmente la comunión de los santos en relación a la dimensión social de la escatología.

2.2 Comprensión del infierno

Noemi también expone las nociones teológicas del infierno. Para comprender esta representación escatológica es necesario el factor de la libertad humana. Esto ya que “teológicamente sólo tiene sentido hablar del infierno como una posibilidad real”[13]. Al establecer el infierno como una “posibilidad”, se suprime la presencia de una divinidad perversa que quiera la condenación del hombre. Con esto, es el hombre el que opta libremente por coartar la comunión con su Creador.

En el tema del infierno, aparece la doctrina de la apocatástasis, la que establece la posibilidad de la reconciliación definitiva de toda la humanidad con Dios, en donde incluso el demonio participaría. Con esta doctrina se relativiza la eternidad de la condenación que viene como una opción fundamentalmente libre por parte del hombre.

2.3 Comprensión del purgatorio

El último tema que es abordado por nuestro teólogo es el purgatorio. El Magisterio sostiene la existencia de un momento de purificación escatológica, la cual “insiste en la dimensión eclesiológica, de solidaridad que ella (la situación de purificación) implica”[14].

Pero, ¿qué significa fundamentalmente la purificación? Para comprender esto, Noemi sostiene que para contemplar a Dios de manera perfecta es necesaria la reconciliación con el Creador. Para ello, se expone la práctica de la comunidad al momento de rezar por los difuntos. Con esto, y “teológicamente, la purificación escatológica no es más que una dimensión del encuentro definitivo con Dios”[15], el cual está fundamentado en el amor divino que nos libera del pecado a partir de nuestra libertad.

  1. Creemos en la vida eterna de la que gozará Juan Noemi

Al finalizar nuestro desarrollo, y en el contexto de la Pascua de Juan Noemi, creemos por la fe que Dios dará la vida que no conoce fin, la vida en plenitud de comunión. La experiencia de la historia como lugar y espacio de desarrollo humano, social y eclesial, nos marca la pauta y la perspectiva desde la cual comprendemos el cómo de nuestra resurrección. Esa historia es la que pasa y se transforma a la luz de lo nuevo que opera el Resucitado (Ap 21,5).

Este ha pretendido ser un sencillo homenaje a Juan Noemi. Sin haber sido su alumno directo, si me siento inspirado y provocado por su teología. Como estudiante de la Licenciatura en Teología, y sobre todo como laico, siento especial comunión con éste laico que supo conjugar la academia con la vida, la teología con lo sapiencial, lo doctrinal con lo pastoral. Juan Noemi constituye un modelo de teólogo, es alguien que abre camino y escuela. Para los que recién estamos comenzando nuestra vocación teológica, teólogos y teólogas como Noemi son personajes en los cuales reconocemos la esencia última de la teología cristiana: el anuncio gozoso y vital del Dios de Jesucristo que renueva cada día nuestras experiencias creyentes.

[1] Aquí seguimos al mismo Noemi en el “Anexo 1: Formación académica y dinamismo teológico de la catolicidad”, en Juan Noemi, Credibilidad del cristianismo. La fe en el horizonte de la modernidad (Ed. Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile 2012), 179-186.
[2] En Juan Noemi el tema de la teología de los signos de los tiempos constituyó un aspecto central. En el año 2005 se funda el Centro Teológico Manuel Larraín entre las Facultades de Teología de la Universidad Católica y la Facultad de Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado. Éste centro se preocupó de discernir cuáles eran los signos de los tiempos en el Chile de hoy, y Noemi fue un actor fundamental de esas reflexiones. En éste sentido Noemi considera que el tema de los signos de los tiempos pasa por la superación de una insuficiencia metodológica en cuanto a la yuxtaposición de un diagnóstico empírico sobre el presente a uno teológico, a la vez que considera como fundamental del Vaticano II en general y de Gaudium et Spes en particular, el aspecto de la revalorización de la historia como lugar teológico. Juan Noemi, “En búsqueda de una teología de los signos de los tiempos”, en Fernando Berrios, Jorge Costadoat y Diego García (Eds.), Signos de estos tiempos. Interpretación teológica de nuestra época (Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile 2008), 83-98, 85.
[3] Carlos Casale, “Presentación”, en Juan Noemi, Esperanza en busca de inteligencia. Atisbos teológicos (Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 2005), 11-16, 11.
[4] Joaquín Silva, “Prólogo” en Juan Noemi, La fe en busca de inteligencia (Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile 1993), 11-24, 11.
[5] Una buena síntesis de su producción teológica se puede encontrar en el “Anexo 2: Publicaciones de Juan Noemi”, en Juan Noemi, Credibilidad del cristianismo. La fe en el horizonte de la modernidad (Ed. Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile 2012), 187-194.
[6] Noemi, El mundo: creación y promesa de Dios, 294.
[7] Op. Cit., 297.
[8] Op. Cit., 313.
[9] Op. Cit., 301.
[10] Op. Cit., 311.
[11] Op.,Cit., 309.
[12] Op. Cit., 311.
[13] Op. Cit., 322.
[14] Op. Cit., 329.
[15] Op.Cit., 331.
Descargar como:  PDF |   Microsoft Word |   Texto Plano   –     Imprimir Artículo

Compartir
Artículo anteriorLa gran paz
Artículo siguienteLa religión según Bernhard Welte: una mirada fundamental al fenómeno de lo religioso
Juan Pablo Espinosa Arce
Juan Pablo Espinosa Arce. Chileno. Licenciado en Educación y Profesor de Religión y Filosofía por la Universidad Católica del Maule. Licenciado (Magíster) en Teología Fundamental por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ayudante de Cátedra «Teología Latinoamericana» de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Tutor Académico en Teología de la Congregación de la Santa Cruz en Santiago de Chile. Docente de Ética y Filosofía en el Instituto Profesional Santo Tomás de Rancagua, Chile. Ha desarrollado trabajos investigativos en el área de la Teología Fundamental, de la Teología Política y Latinoamericana y de Educación Religiosa. jpespinosa@uc.cl