El drama de los migrantes africanos

28

Mucha tinta ha sido derramada para darle sentido al flujo de inmigración a través del Mediterráneo, un tramo de mar que se ha convertido en la primera línea de la más urgente pregunta del capitalismo: ¿Qué es más valioso – una vida humana, o el concepto deshilachado de la inviolabilidad de las fronteras de los países?

Los periodistas y comentaristas han enmarcado en gran medida los cruces de barcos como una crisis Europea, y sin embrago, la gran mayoría de los migrantes que utilizan la importante ruta desde Libia a Italia son los Africanos. Ellos también son la mayoría de las casi 2.000 personas registradas que han muerto o están desaparecidos en el Mediterráneo lo que va año.

¿Por qué los jóvenes Africanos optan por arriesgar todo por la consecución de una existencia precaria en Europa? ¿Por qué es África hogar para mí, pero inhabitable para mis compañeros?

Fui a Palermo, la más grande ciudad en la Isla italiana de Sicilia, para tratar de obtener algunas respuestas.

Roto

El día que visité los muelles de Palermo, voluntarios ansiosamente esperaban la llegada de un buque comercial – El Tuna I – que acababa de rescatar a 470 personas del mar y se dirigía al puerto.

La energía es un poco desconcertante. Es alentador ver tantas personas sacrificar su tiempo para darle la bienvenida a las personas que habían sido rescatadas, pero cuando el buque llegó muchos voluntarios se tomaban fotos de ellos mismos en frente de las personas hambrientas y desorientadas colgadas apáticamente por la borda del barco.

Mientras que los voluntarios gritaban y hacían señales de bienvenida con la mano al buque Tuna I, la respuesta desde el buque es mucho menos entusiasta. Hay algo perverso acerca de esto, consistente con el voyerismo que ha caracterizado la respuesta mundial a los ahogamientos en el mar.

La mayoría de las personas que desembarcan del Tuna I están claramente rotos en maneras que yo nunca realmente podré entender. Muchos lloran o luchan por caminar. Algunos tienen que ser alzados.

Sus ropas están rotas y gastadas, y casi ninguno está usando zapatos. Casi ninguno. Pocos sobresalen: un hombre Árabe con zapatos y medias es rápidamente arrinconado por la policía.

Hay daños más allá de lo físico. Muchos miran pero no parecen ver, moviéndose entre los voluntarios como si estuvieran en un trance.

¿Dónde se rompieron? ¿Quién los hirió?

En un centro de rehabilitación en los suburbios de Palermo, le pregunto a un grupo de jóvenes que sobrevivieron el mismo viaje meses antes. Todos ellos dan la misma respuesta: Libia.

El diablo y el profundo mar azul

“Libia no es buena. Una persona no puede vivir ahí. Los Africanos son nada para ellos [en Libia],” dice Amir de Senegal. “Pero no te puedes devolver una vez que estás en Libia, aunque no sea fácil venir aquí”.

Todo el mundo está marcado por Libia. Mencionas el nombre y los ojos se abren ampliamente. De muchas maneras, la reacción llega al corazón de lo que fui a Italia para averiguar – lo que impulsa el impulso hacia Europa, incluso cuando el viaje se vuelve grotesco.

Resulta ser que una vez que las personas están en Libia, el devolverse no es una opción. Libia es el diablo para el profundo mar azul del Mediterráneo.

Sin embargo, bajo Muammar Gadafi, Libia era un destino preciado en sí mismo para los Africanos de toda la región, un lugar de empleos bien remunerados. La remoción de Gadafi en el año 2011, ayudado por una coalición liderada por Europa, cambió eso.

Para los negros Africanos, Libia ha pasado de ser un refugio a ser un agujero del infierno en las sombra del conflicto sangriento y el vacío político que siguió a la muerte de Gadafi. Los Africanos han estado cruzando a través de Libia por décadas, pero hay un matiz de venganza contra los negros en los horrores que ellos sobreviven hoy en día.

Los Mercados de Esclavos donde los cuerpos negros son exhibidos e intercambiados están apareciendo en las ciudades Libias. Muchas personas testifican que son retenidos en habitaciones oscuras, sin ventanas, a veces por meses y meses, mientras esperan que los familiares paguen rescates para facilitarles su cruce.

Las mujeres jóvenes casi con seguridad son violadas y no es poco común para las personas ser disparadas por quejarse sobre cualquier aspecto de su detención.

Cuando le pregunto a Amir por qué no simplemente regreso cuando llegó a Libia, el dice: “Todo lo que he visto en Libia era peor que cualquier cosa que haya visto en mi vida. Y el sólo pensar de regresar a Libia – de regreso al desierto- fue suficiente para mantenerme”.

Sin hogar lejos del hogar

Pero Italia sólo ofrece un escaso respiro del racismo.

“He enfrentado muchas dificultades,” escucho a Boubacar, un joven de Gambia. “No tengo mi independencia como yo quiero¨.

“Para mi no vale la pena dejar mi hogar y venir a un lugar como este para ser discriminado, ser insultado, ser aislado”

Italia hace más por los Africanos que sobreviven el paso, pero es menos que una vida plena con pocas posibilidades de convertirse en un hogar.

Las personas que desembarcan el Tuna I les dan un par de zapatos, una bolsa con comida y un chequeo médico. Pero ellos casi inmediatamente son despachados a centros de recepción alrededor del país para ser entrevistados y muchos serán deportados. Sólo los menores de edad califican para una protección sustantiva, automática de dos años.

Cualquier servicio suministrado en el muelle son principalmente proporcionados por organizaciones sin fines de lucro como la Cruz Roja. Los gobiernos Europeos castigan deliberadamente a los sobrevivientes reteniendo servicios claves para hacer un punto a cualquiera que considere el viaje.

Pero las políticas nacionales no siempre capturan lo que está sucediendo en el suelo. Los políticos locales como el popular Alcalde de Palermo Leonluca Orlando, quien insiste que la diversidad aviva la vitalidad y el éxito de su ciudad, se resisten a Bruselas.

“En 50 años, yo estoy convencido que los líderes actuales Europeos estarán enfrentando cargos de crímenes contra la humanidad”, Orlando me dice, mientras él personalmente recibe a algunas de las personas desembarcando del Tuna I.

La lecciones de Palermo

Una narrativa popular en las capitales Europeas es que si hubiera menos migración habrían más oportunidades para los Europeos. Pero las personas en lugares como Sicilia ven las cosas con más matices.

La bienvenida de Orlando a los buques de rescate, él le da la bienvenida a cada uno, no ha hecho mella en su popularidad en Palermo, a pesar de que Sicilia es una de las regiones más pobres de Italia.

Esto es en parte debido a la crisis demográfica – los Sicilianos están produciendo menos hijos. Por lo tanto, el trabajo subvencionado de los migrantes se ha vuelto invaluable.

En el Centro Astalli, un centro de servicio de parada para los migrantes y refugiados en una iglesia en desuso, conozco a Verónica quien me proporciona una visión personal sobre la situación en Sicilia.

La conversación comienza como una introducción al centro. Pero, tan pronto como nos dimos cuenta que tenemos la misma edad, se torna en un cambio de milenio familiar de cuánto más difícil es alcanzar los marcadores convencionales de éxito de hoy en día que lo que fue para nuestros padres.

“Yo comencé aquí como una voluntaria,” ella me dice, “pero cuando conseguimos financiación para ampliar el proyecto me tomó todo el tiempo. Pero mi hermana tiene 28 años, y ella se graduó hace casi tres años, y todavía no ha encontrado trabajo.”

Astalli ofrece un año de clases de italiano gratis, acceso a la lavandería y duchas, un desayuno gratis y actividades después de la escuela para los niños. El centro también ejecuta un programa de arte con voluntarios locales que reúne a Italianos y migrantes en proyectos diseñados para fomentar la asimilación y el entendimiento.

Los programas son financiados por los Servicios Jesuitas para los Refugiados y la Unión Europea. Pero algunos Palermitanos resienten que haya tanto disponible para los migrantes de forma gratuita.

“Para mí, yo lo entiendo porque trabajo aquí,” dice Verónica. “Muchos de los solicitantes de asilo son mis amigos. Pero para personas como mi hermana, es muy difícil entenderlo.”

“¿Por qué ellos todavía vienen aquí cuando ellos saben que está tan malo aquí?”

Esto deja al racismo estructural como una reto enorme para los clientes de Astalli. Los solicitantes de asilo les resulta imposible alquilar casas o encontrar un trabajo significativo. Sólo uno de los clientes de Astalli a la fecha ha completado la universidad.

Un hombre joven de Gambia, como Seydou, a quien conocí, raramente experimentaría la bondad que yo he experimentado como turista con un acento americano.

“Quizás nadie te va a buscar pelea en las calles, pero cuando se trata de integración real tenemos muchos problemas,” Verónica dice. “Los Sicilianos nos mantenemos con los Sicilianos, y los refugiados juntos en otro lugar, pero no se mezclan.’’

Es una dinámica que deja a muchas personas como Seydou vulnerables a la explotación. Él fue obligado a mudarse cuando amenazó con reportar una de las primeras casas de transición por desvío de dinero de la municipalidad destinado a apoyar a los migrantes.

“¿Por qué todavía ellos vienen aquí cuando ellos saben que es tan malo aquí?”. Se pregunta Verónica. Es una pregunta que le hago a las personas que entrevisto.

Seydou y los demás me dicen que se trata de una oportunidad en la vida – para escapar de una familia violenta o un conflicto, de ser capaces de tener optimismo para el futuro.

Ninguno de los jóvenes que encuentro animarían a otros Africanos a intentar el cruzar a Europa. Pero lo que los burócratas Europeos llaman factores de atracción, ellos llaman esperanza.

Nostalgia de la Guerra Fría

“Las fronteras y barreras, que nos encierran dentro de la seguridad de un territorio familiar, también puede convertirse prisiones y son a menudo defendidas más allá de la razón o necesidad,” escribió Edward Said en 1984.

El mundo entonces era, paradójicamente, más o menos abierto que lo que es hoy en día. Por un lado, en la sombra del imperio, los ciudadanos Africanos y Asiáticos de varias nacionalidades podían viajar a Europa y más allá sin la carga de procedimientos de visado invasivos, despectivos.

Para la mayoría de África, la Guerra Fría abrió Europa en maneras que nunca podrán ser experimentadas de nuevo. Los bloques ideológicos competían colmando a los estudiantes Africanos y tecnócratas con oportunidades completamente financiadas para trabajar y viajar.

En ciudades como Berlín, los estudiantes Africanos como mi padre podían beber cerveza con sus homólogos de Alemania Occidental, mientras que los Alemanes del Este como Michael Schmidt, de 20 años,  eran asesinados a tiros por intentar escalar el muro.

Los estudiantes Africanos todavía no habían sentido el aguijón del autoritarismo o de la austeridad económica en casa. Luchando con el racismo en Europa, muchos trataron su estancia como paso necesario, temporal para los logros profesionales en lugar de un tiro para quedarse.

Solamente después de que el ajuste estructural ahuecó las economías Africanas y el establecimiento de la nueva, híper-conectada Unión Europea, fue que las restricciones de visado para los no Europeos se volvieron comunes. Al principio, eran simplemente obstáculos administrativos, pero hoy en día estos son procesos laboriosos y deshumanizadores diseñados para desalentar a todos, menos a los más tenaces.

Nuevas realidades

Sin embargo, Europa sigue necesitando migrantes, especialmente en el sur donde las poblaciones menguantes han agravado la escasez de manos de obra en los sectores agrícolas que se resisten a la mecanización.

La uvas Italianas, las aceitunas Griegas, y las naranjas Españolas todas necesitan cuerpos para sembrarlas, procesarlas y recoger las cosechas. Para el año 1992, los arquitectos de una sola Europa se dieron cuenta que la desigualdad en riquezas entre los distintos países Europeos – no sólo a lo largo del eje Este-Oeste sino también en el Norte-Sur, las economías en dificultad de Grecia, Italia, y España – requirieron intervenciones creativas para la gestión exitosa.

“Las fronteras y barreras, que nos encierra dentro de la seguridad de un territorio familiar, también pueden convertirse en prisiones y son a menudo defendidas más allá de la razón o necesidad.”

Y así durante gran parte de los últimos 25 años, la Eurozona ha tanto cortejado como rechazado agresivamente a los migrantes: castigando personas que legalmente buscan asilo en los aeropuertos y embajadas, y más o menos haciendo caso omiso de la migración clandestina a través del Mediterráneo, hasta que la economía Europea fue golpeada por la crisis financiera de los años 2007-2008.

La migración, o el miedo a la migración, es hoy en día el coco de los políticos Europeos que podrían todavía romper la Unión Europea. No a causa de la mentira de que una avalancha de refugiados y migrantes esté en camino, sino debido a los que observó Said: que el irracional e innecesario exceso de vigilancia de las fronteras Europeas está vomitando contradicciones y desencadenando una crisis existencial.

El impulso de mantener a las personas fuera a toda costa deja a Europa con una paradoja: Mientras predican humanitarismo en el extranjero, los políticos amenazan con enjuiciar a las Organizaciones No Gubernamentales por salvar las vidas de migrantes en el mar, ya que el dejar a las personas morir es considerado una disuasión.

Europa está ahora tratando de conciliar esa brecha con ayuda al desarrollo centrado en seguridad. A finales del 2015, los gobiernos de la Unión Europea en la Cumbre de Valetta le prometieron a los gobiernos Africanos, incluyendo los regímenes autocráticos en Eritrea, Etiopia, y Sudán, hasta dos billones de euros de financiación para ayudar a detener las migraciones Africanas.

Las personas se mueven

Después de ver al Tuna I atracar, deambulo adentro de algunos de los museos de Palermo y encuentro tres exposiciones fascinantes.

La primera es un recorrido que te lleva a través de Iglesias viejas de los últimos siglos con torres con forma de cúpulas – Mezquitas convertidas en Iglesias Católicas y un testamento del pasado Musulmán de Palermo.

La segunda es una instalación en el Museo de Arte Contemporáneo exhibiendo fotografías familiares entrelazadas con yardas de yute y cuerdas. El artista lo configuro así para evocar el ahogamiento, y quizás la idea de que – dado un conjunto de circunstancias diferentes – cualquiera de nuestros miembros de la familia podría haberse ahogado tratando de cruzar el mar.

La tercera es una exposición en el Palacio Real mostrando arte de países prohibidos por los Estados Unidos bajo la orden ejecutiva del Presidente Donald Trump.

Estas tres exposiciones desafían a los Palermitanos a replantear las narrativas simplistas sobre la migración. Para mí, ellas evocan la intemporalidad de la movilidad humana, haciéndose eco de la visión del Alcalde Orlando de que en 50 años el mundo pueda tener un conjunto de valores morales diferentes. Quizás la libertad de movimiento será reclamada como un valor universal. O quizás se perderá por siempre.

                                 

* Artículo reproducido con el debido permiso de IRIN News. IRIN News no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

Descargar como:  PDF |   Microsoft Word |   Texto Plano   –     Imprimir Artículo