El poder y los límites de la Justicia de los crímenes de guerra

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Las Guerras siguen causando estragos en el mundo y el sucesor del Tribunal, La Corte Internacional Criminal, también en La Haya, está debatiéndose, ya que ha condenado a tan sólo 4 criminales de guerra en 15 años. La edad de impunidad prevista por los fundadores del Tribunal de La Haya sigue muy lejos.

El Tribunal de la Haya, oficialmente nombrado Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, y las cortes hermanas de todo el mundo registraron una larga lista de créditos. Presidentes, Generales, y Señores de la Guerra fueron castigados por los horrores de la limpieza étnica en Bosnia, el genocidio en Ruanda, y las guerras de diamantes en conflicto en Sierra Leona.

El Tribunal vio publicidad no deseada a principios de este mes cuando el General Bosnio Croata Slobodan Praljak ingirió veneno y murió en el banquillo de los acusados después de haber confirmado su sentencia de 20 años. Pero el suicidio también subrayó el éxito del Tribunal. Acusó a 161 individuos, muchos responsables por un catálogo de horrores en las Guerras de Bosnia, Croacia, y Kosovo. Cada uno en la lista fue juzgado en forma diferente a aquellos que murieron antes de que pudieran enfrentar a la justicia.

Uno de los logros más importantes de la Corte fue encontrar una manera de hacer leyes viables a partir de los textos de La Haya, Ginebra, y las convenciones de genocidio, también llamadas la ley de la ¨carta negra¨.

“El TPIY convirtió la ley de la ‘carta negra’ en realidad; le dio vida a esas convenciones,” dijo Rod Dixon, quien trabajó tanto como fiscal como abogado defensor en el Tribunal. ”Las personas no se dan cuenta de cuanto progreso se ha logrado para generar estos casos.”

El Tribunal también le dio voz a las víctimas de los crímenes de guerra: “Cambió la manera en que vemos a las víctimas. En guerras anteriores, no solamente en los Balcanes, sino en todo el mundo, las víctimas eran sólo números,” dijo una funcionaria del gobierno de Croacia, en forma anónima porque ella no estaba autorizada a comentar. “Con los juicios del Tribunal de La Haya, a las víctimas les dieron una cara. Y no sólo una cara, sino también justicia. Políticamente, erradicó la mala semilla de los peores criminales de guerra.”

Para las investigaciones de la masacre de Srebrenica, el peor crimen de guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, los cuerpos de 8.000 hombres y niños Musulmanes fueron exhumados y una enorme base de datos de ADN fue creada para identificarlos. Los fiscales idearon formas ingeniosas de probar la culpabilidad de las unidades en la masacre, incluyendo el uso de registros que muestran las requisiciones de gasolina para las fuerzas involucradas en los asesinatos de Srebrenica.

Pero mientras el Tribunal ha legado al mundo un poderoso mecanismo de Justicia, la Corte Penal Internacional, que se supone que debe seguir sus pasos, aún no ha tenido mucho impacto. A diferencia del Tribunal de La Haya, La Corte Penal Internacional no está vinculada a las Naciones Unidas. Puede normalmente investigar casos sólo entre sus 123 Estados Miembros y, como era de esperar, muchos Estados donde ocurren los peores crímenes de guerra no se unen a la Corte.

La única forma en que la CPI investigue a un Estado que no es miembro es si el Consejo de Seguridad de la ONU le ordena dicha investigación. La ONU lo ha hecho dos veces, con Sudán y con Libia, pero ha rechazado investigaciones similares para Siria, Irak, o Yemen, dejando a la CPI impotente.

“Sin responsabilidad, estamos permitiendo que estos crímenes continúen,” dice el activista para los derechos de los Sirios Mazen Darkish en un reciente documental de Human Rights Watch. “Enviamos a los perpetradores un mensaje de que ellos pueden seguir cometiendo crímenes todos los días.”

Incluso en los casos de Sudán y Libia, poco ha sido logrado. La CPI fue autorizada a investigar a Sudán en 2005 y a Libia en 2011, pero aún no ha realizado un solo juicio. El Presidente de Sudán, Omar al-Bashir, está acusado de genocidio en conexión con la matanza de hasta 300.000 personas en Darfur, pero sigue siendo un hombre libre. Los Estados miembros de la ONU están obligados a arrestarlo si ingresa en su territorio, pero en los últimos años se le ha visto recibido como invitado en Jordania. Marruecos, Rusia y Sudáfrica.

“No puede haber justificación alguna para que los Estados parte no detengan a un sospechoso a quien la CPI emitió una orden de detención por parte de la CPI,” dijo el fiscal principal de la CPI. Fatou Bensouda. Ante el Consejo de Seguridad de la ONU el 12 de Diciembre. “Esta costosa inacción tiene el potencial de socavar la lucha contra la impunidad.”

La falta de apoyo político es una de las razones por las cuales la CPI ha encarcelado sólo a cuatro personas desde su apertura en 2002. El año pasado la Unión Africana recomendó que los Estados miembros que renuncien a la CPI, acusándola de parcialidad contra África, donde 10 de sus 11 casos activos están operando.

Eric Gordy, un sociólogo de la Escuela de Estudios Eslavos y de Europa del Este de la Universidad de Londres, dice que el respaldo político es crucial para que la CPI trabaje. “Si la ley es aplicada depende de la voluntad política. Los países poderosos tienen que estar dispuestos a ver que la ley se aplique contra ellos.”

Algunos también acusan a la CPI de ser ineficiente. “La CPI está muy lejos de donde nosotros queremos estar. Ellos tuvieron un pobre comienzo; hay muy pocos juicios,” dice la abogada Holandesa Caroline Buisman, quien trabajó en los Tribunales de La Haya y Ruanda, y ahora defiende casos en la CPI.

“La mentalidad en la CPI es diferente a la del Tribunal de la Haya; es menos dinámica y más burocrática,” dijo ella. “El problema principal con la CPI es que ellos gastan mucho tiempo y dinero en cosas extrañas, demasiado en alcance.”

El mantra de los abogados de derechos humanos es que “no hay paz sin justicia”, y no sólo por el deseo de que los criminales de guerra sean castigados por sus crímenes. Sin un estado de derecho, los Estados tienen poca esperanza de romper el ciclo de violencia.

Pero la CPI no es el único legado del Tribunal de La Haya. Muchos Estados individuales ahora operan leyes de “jurisdicción universal “, permitiéndoles enjuiciar a los criminales de guerra sin la necesidad de un tribunal internacional. El problema aquí es que el sospechoso de crímenes de guerra debe llegar a su territorio para que el caso suceda. Sin embargo, tales casos están en curso involucrando a los acusados Sirios arrestados en Bélgica, Alemania y Suecia.

“Mientras que otras vías (para juicios de crímenes de guerra en Siria e Irak) están bloqueadas, las causas penales en Europa ofrecen una pequeña oportunidad para una cierta medida de justicia,” dice el oficial de Human Rights Watch, Balkees Jarrah.

Quizás el mayor legado dejado por el Tribunal de La Haya es que la justicia por crímenes de guerra es ahora parte del mobiliario global. “Como resultado del Tribunal de La Haya, ahora existe la expectativa de que cuando se desate el conflicto en cualquier parte del mundo, al menos se tendrá en cuenta la justicia por crímenes de guerra,” dijo Dixon. “En lugares como Siria y Yemen se han establecido instituciones para recolectar y preservar evidencia de crímenes de guerra; ese es un resultado directo del avance de los Tribunales de La Haya y Ruanda.”

Otro resultado de lo que se logró en La Haya es que muchas naciones que sufren guerra han establecido sus propios tribunales. Los juicios de los tribunales del Gobierno continúan en Bosnia, Croacia y Serbia. El 13 de Diciembre, un Tribunal móvil en la República Democrática del Congo, establecido en la aldea de Kavumu pero utilizando leyes y precedentes que fueron establecidos por primera vez por el Tribunal de La Haya, encarceló a 11 milicianos de por vida por la violación de 37 mujeres y niñas. La justicia Internacional tiene mucho por hacer, pero el trabajo continúa.

Autor: Chris Stephen
* Artículo reproducido con el debido permiso de IRIN News. IRIN News no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

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