Fosas comunes, cuerpos desaparecidos y misticismo: dentro del gigantesco conflicto de Kasai en el Congo

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Nadie sabe cuantos cuerpos están enterrados aquí, sólo que los soldados Congoleños que se dice son responsables por los asesinatos no mostraron ninguna piedad cuando entraron en el barrio el pasado Marzo, buscando a los miembros de una milicia conocida como Kamuina Nsapu.

Entre las arenosas calles laterales y las altísimas palmeras, dejaron atrás un rastro de destrucción aún visible meses más tarde: chozas calcinadas, huesos atravesando el polvo, paredes manchadas de sangre, e historias de civiles asesinados en sus hogares.

Kapinga Catheline, de 42 años, huyó a un bosque cercano cuando ella escuchó el crujido del fuego de las ametralladoras temprano en la mañana. Cuando regresó, con frío y hambrienta, tres semanas más tarde, su hermano mayor, Kasong, y su sobrina, Ntumba, estaban ambos desaparecidos.

“Nunca encontré los cuerpos,” dijo ella, agarrando un bebé en su brazo izquierdo. “Sólo la sangre”.

Las fosas comunes de Nganza están entre las 87 recientemente documentadas por las Naciones Unidas en la región de Kasai, una vez estable, ahora desgarrada por el conflicto, en el Congo.

El conflicto enfrenta a Kamuina Nsapu, un movimiento nuevo anti gubernamental, contra las fuerzas de seguridad Congoleñas, que están acusadas de indiscriminadamente asesinar civiles durante incursiones contra el grupo. Kamuina Nsapu están también acusados de graves violaciones a los derechos humanos y la decapitación de 40 agentes de la policía en Marzo.

Se produce cuando el país enfrenta una crisis política sin precedentes tras la negativa del Presidente Joseph Kabila de celebrar elecciones el año pasado cuando su mandato constitucional expiró.

Más de 3.000 han muerto en 12 meses de violencia, de acuerdo con la Iglesia Católica, entre ellos dos expertos de las Naciones Unidas Michael Sharp y Zaida Catalan. 1,4 millones de personas han sido también desplazadas, incluyendo a 33.000 al norte de Angola, doblando el número total de desplazados internamente en el Congo a 3,8 millones de personas.

“La crisis de Kasai ha alcanzado una escala sin precedentes desde el punto de vista tanto humanitario como de derechos humanos,” dice Maman Sidikou, jefe de MONUSCO, (Misión de la Organización de las Naciones Unidas para la Estabilización para la República Democrática del Congo) la misión de paz de las Naciones Unidas aquí, y representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas.

Kasai explota

El fenómeno Kamuina Nsapu surgió el año pasado cuando Jean-Prince Mpandi, un doctor tradicional con sede en Johannesburgo regresó a Kasai para reclamar el título de Kamuina Nsapu, el jefe habitual del clan Bajila Kasanga.

La secesión de tales jefes – que poseen varios poderes administrativos locales – ha por mucho tiempo causado fricciones a nivel local. Pero con el gobierno Congoleño preparándose para las elecciones, una política informal fue introducida para reemplazar a los jefes tradicionales con opciones favorables a Kabila.

A pesar de haber sido seleccionado por los ancianos habituales, Mpandi – considerado crítico del gobierno – fue rechazado en favor de su hermano mayor, Tshiambi Ntenda, un miembro local del partido gobernante de Kabila PPRD.

En Kasai, un baluarte de la oposición de larga data y una de las áreas más pobres del Congo, resultó ser una movida peligrosa.

Cuando la casa de Mpandi en Tshimbulu fue saqueada, los símbolos de poder consuetudinario fueron destruidos, y su esposa atacada sexualmente después de una búsqueda de armamento por parte de los soldados del gobierno, los sentimientos de exclusión y frustración se encendieron.

Mpandi llamó a un levantamiento popular bajo el nombre de Kamuina Nsapu y sus seguidores comenzaron una serie de ataques contra agentes de la policía, soldados y símbolos de la autoridad estatal.

En respuesta, el gobierno envió soldados a la aldea de Mpandi, y el 12 de Agosto del año pasado, fue asesinado en una redada. Los símbolos del poder consuetudinario fueron nuevamente destruidos y se rumora que el cuerpo de Mpandi había sido mutilado.

Lo que comenzó como un conflicto local en una pequeña parte de Kasai Central luego se extendió como un incendio forestal, con aldeas de alrededor de las cinco provincias del Gran Kasai, movilizando combatientes, todos bajo el nombre de Kamuina Nsapu.

La evolución de Kamuina Nsapu

En Kananga, el líder de Kamuina Nsapu y un pariente cercano de Mpandi es André Kabumbu, también conocido como Khadafi. Él es frágil, tiene una cara hundida, y usa una chaqueta gris de más tamaño. Dice que tiene 78 años cuando IRIN se encontró con él en Nganza.

Cuando le preguntaron que lo motivaba a él y al grupo, Kabumbu enumeró una serie de quejas locales: la falta de empleos en Kananga, la falta de infraestructuras en su ciudad natal de Dibaya, y ver el cuerpo de Mpandi por sí mismo.

Cuando las elecciones nacionales se plantean, sin embargo, las aspiraciones de Kabumbu se volvieron más ambiciosas.

“Si Kabila no estuviera aquí, nada de esto hubiera sucedido,” dijo él. “Kabila debe dejar el poder porque él no sabe como gobernar este país.”

Fuentes que trabajan en el movimiento Kamuina Nsapu le dijeron a IRIN que esta clase de discurso se hizo cada vez más evidente en Octubre del año pasado, durante un diálogo político en Kinshasa entre el gobierno y elementos de la oposición.

A partir de demandas altamente localizadas, el grupo repentinamente cambió su enfoque a las dinámicas nacionales, en un primer momento pidiendo que el ya fallecido líder de la oposición UDPS nacido en Kananga Etienne Tshisekedi fuera nombrado Primer Ministro y luego Kabila fuera expulsado del poder.

Fuentes agregaron que este cambio no fue un desarrollo natural, sino que siguió un contacto directo entre los jefes de Kamuina Nsapu y los miembros de la oposición.

Esto fue pensado para incluir a miembros de UDPS, el partido de oposición más grande del país y el Rassemblement, una colación multipartidista de oposición. Aunque no hay evidencia de apoyo financiero o militar directo, “está claro que están siendo instrumentalizados”, dijo una fuente de alto nivel.

De regreso en Kananga, con una conferencia de paz en todo Kasai en el horizonte, Kabumbu está dispuesto a dar un tono conciliador, a pesar de su elevada retórica anti gubernamental.

“Me gustaría que sucediera la paz,” dijo él.

La conferencia sigue a un acuerdo en Marzo entre la familia de Mpandi, incluyendo a Kabumbu, y el recién nombrado Ministro del Interior, Emmanuel Ramazani Shadary. El acuerdo incluyó el regreso del cuerpo de Mpandi a la familia y el nombramiento de Jacques Kabeya Ntumba como el nuevo Kamuina Nsapu.

Para Shadary y otros, esto marcó el fin del movimiento Kamuina Nsapu. Pero mientras una paz frágil se ha mantenido en Kananga, en otras partes de Kasai, alrededor de Tshikapa, Dimbelenge, Kabeya, Kamwanga, y Mwene Ditu, los combates han continuado.

La familia original, resultó, que tiene poco control sobre el movimiento difuso, descentralizado que desde entonces ha surgido.

“Quiero que todo el mundo entienda que la paz debe suceder pero otras aldeas están todavía activas,” admitió Kabumbu. “Ellos no quieren dejar de pelear.”

Incluso en la calma relativa de Kananga, grandes grupos de la resistencia de Kamuina Nsapu permanecen listos para movilizarse. Y con las elecciones aún una perspectiva lejana, incluso Kabumbu descarta la posibilidad de salir del movimiento.

“No puedo irme,” dijo él. “El Gobierno ha destruido todo y asesinado a mi pueblo”.

Evocando los espíritus

Sentado en el patio delantero de una gran casa en Kananga central, Kayemba Ntumba cerró sus ojos e inclinó su cabeza. En sus manos, el agarró un palo largo, marrón y alrededor de su cabeza llevaba una banda roja delgada atada en un nudo.

Un día durante la batalla a principios de año, el guerrero de Kamuina Nsapu dijo que se encontró a sí mismo sólo en un camino rodeado por soldados del gobierno. Ellos tenía armas automáticas y armaduras; el sólo tenia un palo y un pequeño cuchillo que decía usaba para decapitar a sus víctimas.

Pero Ntumba no tenía miedo. Invocando el poder de la banda roja de la cabeza, el dijo que levantó el palo y lo apuntó a los soldados.

“En lugar de matarme ellos comenzaron a matarse unos a otros,” dijo él.

La magia y el misticismo son fundamentales para el sistema de creencias de Kamuina Nsaupu, quienes han enviado a miles de niños a la batalla sin entrenamiento ni armas que son crudas en el mejor de los casos. De acuerdo con Sidikou, el jefe de MONUSCO, el nivel de reclutamiento de niños en Kasai “nunca ha sido tan extenso en la República Democrática del Congo”.

Tras la iniciación, los combatientes reciben poderes especiales en una ceremonia que tiene lugar alrededor de una fogata conocida como Tshiota. En Kananga, Kabumbu, quien es considerado el guardián de los poderes tradicionales de la familia, es responsable de dirigir las ceremonias.

“Evocamos a los espíritus de manera que nuestros antepasados nos puedan ayudar a derrotar las personas que están contra de nosotros,” explicó.

Las cuentas de lo que sucede en estas ceremonias varían. Algunos dicen que alcohol tradicional es bebido y una gallina es sacrificada. Otros dicen que sangre humana y uñas de los dedos son ingeridas y un tatuaje es realizado de las cenizas de la carne y los huesos de un enemigo.

Cuando los combatientes mueren, la evidencia es a menudo escondida. IRIN entiende que por lo menos algunas de las 87 fosas comunes de Kasai han sido cavadas por y para los combatientes de Kamuina Nsapu. Las familias que han perdido a seres queridos se les dice que sus cuerpos simplemente “volaron lejos”.

Mientras que los poderes místicos proporcionan a los niños con el valor para luchar, aquellos entrevistados por IRIN dijeron que ellos estaban infelices en el grupo.

“Los jefes nos dijeron que si nos uníamos seríamos recompensados,” dijo Bilolo de 12 años*, picoteando nerviosamente a un sofá de cuero negro. “Ellos me prometieron una tarjeta bancaria, un salario y dinero adicional para los gastos escolares. Pero no me dieron nada”.

“Me uní para tener dinero para pagar mis cuotas escolares,” agregó Bakamba, de 15 años de edad. “Me han traicionado”.

Bilolo dijo que él quería dejar el movimiento y convertirse en “un buen hombre como un doctor o un mecánico”. Pero cuando los soldados Congoleños asesinaron a sus padres a principio de año, él dijo que ese sueño fue aplastado.

“Ahora debo quedarme hasta que sea recompensado,” dijo, mirando fijamente en la distancia.

¿Quién está enterrado en las fosas comunes de Kasai?

Desde el año pasado el ejército Congoleño ha enviado a miles de tropas a la región de Kasai. Afirma que sus fuerzas han actuado con moderación cuando combaten a Kamuina Nsapu y que todas las fosas comunes fueron excavadas por la milicia.

“No veo el por qué los soldados ocultarían el hecho de que, después de enfrentarse con los terroristas, los terroristas murieran,” le dijo el portavoz del gobierno, Lambert Mende a Reuters en Marzo.

Pero la evidencia sugiere lo contrario. José María Aranaz, jefe de la Oficina de Derechos Humanos Conjunta de las Naciones Unidas, le dijo a IRIN que “la mayoría de las violaciones” a lo largo de Kasai han sido cometidas por el ejército Congoleño.

“Se ha aplicado sistemáticamente el uso excesivo de la fuerza con el despliegue de armas de guerra en las áreas urbanas contra sus propios ciudadanos, incluyendo a muchas mujeres y niños inocentes”, dijo Aranaz.

En Ngaza, los lugareños dijeron que los soldados del gobierno iban de puerta en puerta en Marzo saqueando y matando indiscriminadamente a civiles percibidos como simpatizantes de la insurgencia.

“Si no les dábamos dinero, nos matarían,” dijo Rosalie Monuque Kajinga, de 45 años. “Se llevaron todo lo que teníamos: cerdos y cabras, ropa, comida, incluso las sillas.”

En dos visitas a Nganza, a IRIN le mostraron cinco fosas comunes dispuestas al lado de una amplia carretera de tierra junto a un gran campo de juego comunal. Una fuente confiable local quien pidió no ser identificado dijo que ellos habían contado tanto como 17 fosas similares en el vecindario.

En una casa mostrada a IRIN, los lugareños dijeron que 500 cadáveres habían sido arrojados temporalmente por soldados después del ataque de Marzo. Manchas de sangre podían ser vistas en una de las paredes y el piso estaba cubierto con ropas, incluyendo bandas de cabeza roja de marca registrada.

“La sangre estaba en todos lados,” dijo el dueño de la casa, Luabu Marie. “Ahora me he ido y no tengo donde vivir.”

Muchos residentes de Nganza todavía tienen las cicatrices físicas del ataque. Kapinga Muleba ofreció a su hijo de dos años, Tshiela Martin, cuya pierna derecha había sido rota a la mitad por los soldados.. Bakafuta Jean desabotonó su camisa para mostrar donde una bala le había rasgado su pecho.

El ascenso del Bana Mura

En los últimos meses, el conflicto de Kasai también ha desarrollado un nuevo giro étnico alimentado por el acceso a los sitios de minería artesanal de diamantes al oeste de Kananga.

Después de los ataques a la población por los combatientes de Kamuina Nsapu y los intentos de acceso a estos sitios, se formó una nueva milicia que representaba a la mayoría de la comunidad de Tchokwe del área llamada Bana Mura – un nombre también tomado por la Guardia Presidencia de Kabila.

Además de luchar contra Kamuina Nsapu, el Bana Mura ha atacado indiscriminadamente ha civiles que son del mismo grupo étnico que Kamuina Nsapu y considerados simpatizantes.

Boko Adolphin, de 24 años de la etnia Luba de Kamako dijo que a su hermano de 27 años, Mgala Mulume, le cortaron la garganta con un machete y su estómago abierto por el Bana Mura en Marzo.

Hablando en el Centro de Registro, ella dijo que contó alrededor de 30 cadáveres esparcidos por el suelo mientras huía de la aldea.

“Algunos habían sido decapitados, algunos tenían sus brazos y piernas cortados,” dijo ella. “Entre ellos habían niños, incluso un bebé. Hemos escuchado de fetos cortados de las mujeres embarazadas.”

Se cree que los actores estatales alimentan este nuevo conflicto. Según un informe de las Naciones Unidas basado en entrevistas con refugiados de Luba en Angola, “los agentes de seguridad locales y de defensa del Estado, así como también los líderes tradicionales,” han ayudado a entrenar al Bana Mura y han ocasionalmente liderado la “milicia en la lucha contra la insurrección de Kamuina Nsapu”.

John Tshipamba, también Luba, de un pueblo llamado Cinq le dijo a IRIN que el Bana Mura y los soldados Congoleños habían atacado su pueblo juntos un miércoles por la noche a principios de Marzo, disparándole a civiles Luba y prendiéndole fuego a sus hogares.

“[Bana Mura y los soldados Congoleños] se han convertido en la misma persona,” dijo Tshipamba, de 48 años.

Elecciones o fracaso

Con los recortes presupuestarios y la violencia renovada de las milicias en el este, el conflicto en Kasai llega en un momento difícil para MONUSCO.

“Nuestros equipos han enfrentado restricciones administrativas por parte de las autoridades,” dijo Aranaz, el Jefe de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. “La vigilancia, la preservación y la protección de los 87 sitios de fosas comunes, que constituyen un elemento clave para atribuir las responsabilidades de estas atrocidades, ha sido un reto importante”.

Algunos dicen que la misión está atrapada entre los prioratos que compiten entre sí: implementando el acuerdo del 31 de Diciembre, el cual compromete al Gobierno Congoleño a organizar elecciones antes de fin de este año, e investigar los crímenes de guerra en Kasai.

“Para presionar a Kabila a tener elecciones necesitamos mantener una relación de trabajo positiva con el Gobierno,” dijo un miembro de MONUSCO. “Pero si hacemos progresos en Kasai, antagonizaremos al ejército, Kabila, y su red, haciéndolos aún menos propensos a cooperar. Este es el elefante en la habitación.”

Con un gobierno central cada vez más débil, las condiciones para que otros grupos tipo Kamuina Nsapu surjan “están presentes en todas partes en el Congo,” dijo Kris Berwouts, un analista independiente especializado en África Central. Investigaciones locales realizadas por la Asociación Congoleña de Jefes Consuetudinarios sugieren que hay miles de disputas similares entre el Gobierno y las autoridades tradicionales en curso en todo el país.

“El Estado se ha evaporado a nivel local en el Congo y las autoridades están tratando de interferir y reforzar su posición,” dijo Berwouts.

Aunque Kabila puede no haber fermentado deliberadamente el conflicto en Kasai, él lo puede usar como otra razón para mantenerse en el poder, creando un círculo vicioso de elecciones demoradas y aún más violencia.

*Los nombres de los niños combatientes han sido cambiados para proteger sus identidades.

pk/oa/ag

Autor: Philip Kleinfeld
* Artículo reproducido con el debido permiso de IRIN NEWS. IRIN NEWS no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy. 

 

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