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Fecha impresión: 14/08/2018 6:27:13 2018 / +0000 GMT

Autor: IRIN Foundation

La crisis del multilateralismo y el futuro de la acción humanitaria




La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer; en este inter-regno aparece una gran variedad de síntomas morbosos.' - Antonio Gramsci, Cuadernos de Prisiones, alrededor de 1930.


Mucho antes de las elecciones Estadounidenses de Noviembre 2016, había claras señales de que el multilateralismo estaba en crisis. De hecho, la elección de Donald Trump es simplemente la continuación de una espiral descendente que ha estado en marcha durante algún tiempo.


El síntoma más obvio de esta tendencia es la incapacidad de la llamada comunidad internacional de abordar el conflicto armado de manera significativa. Desde Afganistán a Ucrania, desde Libia a Yemen, desde Sudán del Sur a Siria: el Consejo de Seguridad de la ONU está bloqueado, y no hay respiro a la vista para los civiles. Muchos conflictos son ahora “zonas de guerra libres del Derecho Internacional Humanitario (LIH)”: el Derecho Internacional Humanitario está marginado y los principios humanitarios son descartados –por los grupos armados ya sean estadales o no estadales. La matanza, la tortura, y las estrategias de “rendirse o morir de hambre” prosperan, a pesar de las muchas sacudidas de manos. Aquellos que si logran huir de las zonas de guerra no les va mucho mejor.


Mucho antes de la elección de Trump, la cuna de la ilustración Occidental, Europa, se había convertido en un abanderado de una reversión sin restricciones de los derechos. Muchos Estados parte de la Convención de Refugiados de 1951 han abandonado sus responsabilidades legales, invirtiendo en su lugar en medidas disuasión destinadas a bloquear a aquellos que buscan refugio del terror de la zonas de guerra o regímenes tiránicos. Europa está externalizando sus fronteras y aplicando políticas de retorno miopes y agresivas, socavando a los refugiados en lugares como Turquía y el Campamento Dadaab en Kenia, y haciendo que la ayuda a Sahel y Afganistán se condicione a los retrocesos o supresiones de migrantes. Mientras tanto, el Sur Global, incluidos algunos de sus países más pobres, continúa albergando el 86 por ciento de la población mundial de refugiados. 


A medida que la Convención para los Refugiados parece cada vez más andrajoso, otras negociaciones sobre asuntos cruciales se detienen: ser testigos de la falta de consenso intergubernamental desde el Acuerdo de Cambio Climático de París (que ahora mismo está en peligro), incluida la ausencia de resultados significativos en las tres Conferencias Humanitarias más importantes celebradas el año pasado (la Conferencia de la Cruz Roja Internacional en Diciembre del 2015, La Cumbre Humanitaria Mundial en Mayo del 2016 y La Cumbre de Nueva York sobre Refugiados e Inmigración en Septiembre.) Se plantean problemas, la retórica es ruidosa y pomposa, pero la acción en sí misma es evitada, o simplemente dejada para después.


Más acuerdos también se están cayendo a pedazos. La erosión de la Corte Criminal Internacional y la significativa hostilidad hacia la agenda de “Responsabilidad de Proteger”, así como el declive general del respecto internacional por los derechos humanos, bien pueden indicar el comienzo de una “era post derechos humanos”, lo que quiere decir que la aplicación y expansión de los estándares de los derechos humanos a través del derecho internacional vinculante está en declive. Mientras tanto, el populismo, el nacionalismo, y el jingoísmo avanzan por todas partes de Europa, en Rusia , Las Filipinas y en otros lugares. Acompañando estas tendencias está un manifiesto declive del apoyo a la globalización – y de las normas internacionales – junto con un aumento de las tensiones en torno a la creciente desigualdad, a medida que el poder cambia de Oeste a Este.


Bajo la presidencia de Trump, estos y otros “síntomas morbosos” probablemente se intensifiquen. Esto podría incluir a los Estados Unidos distanciándose a sí mismo o incluso retirándose del Acuerdo de Cambio Climático de París, recortes de los presupuestos de la ONU y otras agencias internacionales “antipáticas”, la reducción de la ayuda humanitaria y de desarrollo estadounidense, particularmente a aquellos países “que nos odian”. También podría conducir a un mayor desorden en la OTAN y en la Europa posterior al Brexit, señalando un retroceso de la práctica diplomática interestatal establecida o tradicional. El aumento del populismo en Europa y el desaliento frente al proyecto Europeo, la propagación de la anti-política, y el crecimiento de la economía Uber, así como también los cultos narcisistas del individuo sólo agravan estos síntomas. ¿Ecos de la década de 1930 quizás, con una cada vez más irrelevante ONU siguiendo en los pasos de la Liga de Naciones?



Cambios a esperar


 No es demasiado pronto para empezar a reflexionar en las posibles consecuencias del multilateralismo en rápido declive y sus implicaciones para gobernanza global, el derecho internacional, el régimen de refugiados, las comunidades afectadas por la guerra, y el esfuerzo humanitario en todas partes. En general, no se ve bien. Algunas hipótesis sobre a dónde nos dirigimos:




  • El Humanitarismo (Occidental) ha alcanzado sus límites históricos y está ahora en la cúspide de la retirada. La transición de la fase romántica a la fase tecnológica, institucional, y de gobierno ya está completa. En otras palabras, la energía que convirtió al humanitarismo en un medio para lograr fines éticos valiosos está disminuyendo. El abismo entre el carisma y la burocracia es probable que se amplíe, y la fuerza propulsora de el “mito movilizador” humanitario puede chisporrotear. Este mito proporcionó a una generación de trabajadores humanitarios, individual y colectivamente, respuestas a las preguntas acerca de su lugar y funciones sociales en el ámbito internacional. Ahora ha perdido su pathos. Puede ser reemplazado por otros mitos movilizadores (no Occidentales, basados en la soberanía, transformacionales, basados en la solidaridad, o incluso abiertamente politizados). No hay recetas fáciles para abordar lo que se ha convertido en una crisis existencial de todo el sistema.



  • El Multilateralismo está en retroceso y es probable que continúe en el futuro previsible. Esto tendrá un impacto significativo en la acción humanitaria (financiación, acceso, desafíos a los principios humanitarios, menos énfasis a la protección). También afectará la capacidad de la llamada comunidad internacional para abordar los factores que conducen a la crisis, tales como el cambio climático y un tambaleante aparato internacional de paz y seguridad. El vacío dejado por la retirada parcial de los Estados Unidos hacia el aislacionismo combinado con la guerra mundial contra el terrorismo, ahora eufemísticamente rebautizada como “contrarrestar el extremismo violento”, y una nueva guerra fría sólo profundizará este malestar humanitario. Un mundo multipolar puede no ser tan comprensivo con los valores humanitarios y planteará nuevos desafíos a los actores humanitarios de todo el mundo y en particular al humanitarismo dirigido por Occidente, que se encontrará cada vez más fuera de su zona de confort dominante.



  • Las funciones que desempeña la acción “humanitaria” en la esfera internacional cambiará, quizás dramáticamente. Históricamente, el esfuerzo humanitario – en su discurso, normas y práctica – ha crecido en paralelo con la expansión del poder económico y cultural Occidental. Las múltiples funciones de la acción humanitaria ha incluido actuar como una cinta transportadora para los valores Occidentales, los estilos de vida, y la promoción de la agenda liberal, mientras hace que los países sean seguros para el capital. Si el Occidente está ahora en retirada, otros centros de discurso y práctica humanitarios florecerán y crecerán. Mientras tanto, la acción humanitaria Occidental ya está siendo presionada al servicio de la contención. (Fuerte Europa, por ejemplo). Este proceso probablemente se intensificará. De ser así, este será una importante reverso para el humanitarismo tal como lo conocemos. Por décadas, la acción humanitaria representaba la cara sonriente de la globalización. Era una de las forma de apertura de Occidente hacia el resto del mundo. Ahora, se trata mucho más de cerrar, de contener, de cerrar la puerta. Se trata de mantener la mayor parte de los refugiados y los ¨migrantes de supervivencia¨ lejos de las ciudadelas del norte rodeadas de vallas.


¿Qué sigue?


 Atrapado entre el pesimismo de la razón y el marcado optimismo de la voluntad, ¿qué debe hacer el reflexivo humanitario?


Quizás, lo primero es alejarse de la crisis actual, el ruido de fondo confuso, estos “síntomas morbosos”, y preguntar: ¿Cómo llegamos aquí? ¿Cuáles son las fuerzas para el cambio y cómo nos relacionamos con ellas?


El humanitarismo organizado está atrapado en el presente eterno y está pobremente equipado para un mundo más complejo, inseguro y amenazante. 


Una empresa humanitaria “de vuelta a los principios básicos” centrada más estrechamente – más pequeña en tamaño, informada únicamente por las opiniones y necesidades de los afectados por la crisis, y enfocada en salvar y proteger las vidas aquí y ahora – no necesariamente sería algo malo.


Quizás sea la mejor manera de nutrir los valores y el espíritu de una empresa que puede verse maltratada, lastimada, y a menudo abusada pero que a menudo sigue siendo la única red de seguridad disponible para las personas in extremis.


En cualquier caso, ya es hora de que el humanitarismo organizado reconozca que está en crisis y aborde una posible agenda de reformas. Ideas para el cambio ya están sobre la mesa. Por ejemplo, el informe de “Planificación del Futuro”, disponible esta semana, ofrece una diagnóstico de los que le sucede al sistema y un esquema general de cómo se vería el cambio. (Revelación: soy uno de los autores del informe).


También subraya que el cambio transformacional en el sistema internacional sólo ocurre luego de una gran conmoción. ¿La combinación de la crisis del multilateralismo, el cambio climático, las continuas guerras crueles, y los desplazamientos masivos proporcionarán tal ímpetu?


Lo cierto es que el sistema humanitario actual, quebrado, roto o ambos, no nos servirá bien en el nuevo panorama internacional y político que enfrentamos. El desafío es fomentar uno que lo haga.



* Antonio Donini trabaja en cuestiones relacionadas al humanitarismo y el futuro de la acción humanitaria, así como en Afganistán. Editó "El Vellocino de Oro: Manipulación e Independencia en la acción Humanitaria " (2012)                  

** Artículo reproducido con el debido permiso de IRIN NEWS. IRIN NEWS no se hace responsable por la traducción. La traducción ha sido realizada por Francisco Luciani para Teología Hoy.

 
Fecha del artículo: 2018-05-14 01:41:45
Fecha del artículo GMT: 2018-05-14 01:41:45

Fecha modificación: 2018-05-14 01:46:04
Fecha modificación GMT: 2018-05-14 01:46:04

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